Salud

Alexitimia

Un estado en el que resulta extremadamente difícil reconocer o expresar verbalmente las propias emociones. No es que las emociones «no existan», sino que los circuitos de conciencia emocional y verbalización no funcionan adecuadamente.

El sufrimiento de no entender las propias emociones

La alexitimia es una característica psicológica que en español se traduce también como «incapacidad para expresar emociones». Fue denominada en 1973 por el psiquiatra de Harvard Peter Sifneos, y el término proviene del griego, significando «sin palabras para las emociones». Es importante aclarar un malentendido frecuente: las personas con alexitimia no carecen de emociones. La ira, la tristeza y la alegría se producen efectivamente en su cuerpo. Sin embargo, tienen dificultades en el proceso de identificar qué emoción es y convertirla en palabras. Por ejemplo, pueden sentir una opresión en el pecho sin poder distinguir si es «tristeza», «ansiedad» o «enfado».

Las personas con esta característica suelen quedarse desconcertadas cuando se les pregunta «¿cómo te sientes ahora?». Al ser interrogadas sobre sus emociones, solo pueden responder «no lo sé» o «normal», y su entorno tiende a malinterpretarlas como «personas frías» o «sin sentimientos». Para ellas mismas, su mundo interior es como una niebla difusa, y resulta frustrante no poder captar qué sienten ni qué desean.

Las emociones se manifiestan en el cuerpo

Las emociones que no se verbalizan suelen expresarse como síntomas corporales. Dolores de cabeza sin causa aparente, molestias gastrointestinales, tensión crónica en los hombros, atracones o insomnio: el cuerpo se convierte en portavoz de las emociones. Se ha señalado que muchos pacientes de medicina psicosomática presentan tendencia a la alexitimia, y se considera que este mecanismo interviene en ello. Cuando las emociones no acceden con facilidad a la conciencia, el afrontamiento del estrés tiende a retrasarse, y se ha reportado una asociación entre la tendencia a la alexitimia y las enfermedades relacionadas con el estrés. Además, cuando no se comprenden las propias emociones, puede resultar difícil inferir las de los demás, lo que genera desencuentros en las relaciones interpersonales.

Reconectar los circuitos con las emociones

La alexitimia se aborda mejor no como algo que «se cura», sino como un proceso en el que se va cultivando gradualmente la conciencia emocional. Se empieza por prestar atención a las sensaciones corporales. Poner en palabras el estado del cuerpo - «ahora siento un hormigueo en el pecho», «tengo los hombros tensos» - sirve de puente hacia la verbalización de las emociones. También resulta útil tener a mano una lista de vocabulario emocional y preguntarse «¿cuál de estas emociones se parece más a esta sensación corporal?». Sin prisas, acumulando diálogos entre el cuerpo y las emociones, los contornos del mundo interior van haciéndose gradualmente más nítidos.

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