Mentalidad

Sesgo de normalidad

Tendencia cognitiva a creer «a mí no me pasará» o «todo sigue igual» incluso ante una situación de crisis, lo que impide tomar las medidas de respuesta adecuadas. Concepto central de la psicología de desastres; en el terremoto y tsunami de 2011 en Japón se documentaron numerosos casos en los que retrasó la evacuación.

El mecanismo psicológico del «a mí no me pasará»

El sesgo de normalidad es la tendencia cognitiva a interpretar una situación anómala como «dentro de lo normal». Amanda Ripley, en su libro «The Unthinkable», explica la reacción humana ante desastres mediante un modelo de tres fases - «negación, deliberación y acción decisiva» - y señala que la mayoría de las personas se estancan durante largo tiempo en la primera fase de «negación». Cuando suena la alarma de incendios pensamos «será una falsa alarma»; cuando sentimos un terremoto, juzgamos «se pasará enseguida». Esta reacción no es irracional: en la vida cotidiana, la mayoría de las alarmas son efectivamente falsas y la mayoría de los temblores son leves. El problema es que esta regla empírica se aplica automáticamente también en una crisis real. El sesgo de normalidad debe entenderse no como «optimismo», sino como «dependencia excesiva de la experiencia pasada».

El terremoto de 2011 en Japón y el sesgo de normalidad

El terremoto y tsunami del este de Japón en 2011 fue un caso que demostró a gran escala el impacto letal del sesgo de normalidad. Según la investigación de Toshitaka Katada (Universidad de Gunma), solo una minoría de residentes inició la evacuación inmediatamente tras la emisión de la alerta de tsunami. Muchos habitantes juzgaron que «esta vez también será igual» basándose en la experiencia de que, tras el tsunami de Chile de 1960, se habían emitido múltiples alertas de tsunami en la costa de Sanriku sin que llegara uno de gran magnitud. En particular, el hecho de que desde entonces se hubieran emitido alertas repetidamente sin daños significativos había reforzado el sesgo de normalidad. Katada demostró, a través del caso de éxito educativo conocido como «el milagro de Kamaishi», que para romper el sesgo de normalidad son eficaces tres principios: «no te ates a las previsiones», «haz todo lo que esté en tu mano» y «sé el primero en evacuar».

La acción combinada del sesgo de normalidad y la ignorancia pluralista

El sesgo de normalidad no actúa de forma aislada, sino que se amplifica al combinarse con la ignorancia pluralista. Como demostraron Latané y Darley en su investigación sobre el efecto espectador, cuando las personas del entorno mantienen la calma, se refuerza el juicio de que «no debe ser peligroso». En un experimento de incendio en un edificio, aunque el humo comenzaba a llenar la habitación, más del 90 % de los participantes no actuaron si las demás personas presentes permanecían impasibles. El sesgo de normalidad («no es para tanto») y la ignorancia pluralista («los demás tampoco se mueven, así que no pasa nada») se refuerzan mutuamente y crean un estado en el que todo el grupo niega la crisis. Esta acción combinada funciona no solo en desastres, sino también como mecanismo por el cual las irregularidades en las organizaciones se mantienen sin abordar durante largos periodos.

Métodos concretos para romper el sesgo de normalidad

La contramedida más eficaz contra el sesgo de normalidad es el «entrenamiento previo de la imaginación». La técnica del «premortem» propuesta por Gary Klein - imaginar antes de iniciar un proyecto que «ha fracasado» y enumerar las causas - debilita de antemano el terreno del sesgo de normalidad. En la preparación ante desastres, resulta eficaz experimentar repetidamente simulacros de evacuación concretos. En la educación de Katada, no se entrenaba a los niños con «¿qué harías si viene un tsunami?», sino con «ha llegado el tsunami, muévete ahora mismo», es decir, la acción inmediata. También es eficaz la «planificación si-entonces» (if-then planning): establecer de antemano reglas de decisión. Si se fija previamente la regla «si siento un terremoto de intensidad 5 o superior, corro a un lugar elevado sin pensar», se elimina el margen para que el sesgo de normalidad retrase la decisión.

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