Pensamiento automático
Pensamiento o imagen que surge de forma instantánea y refleja ante una situación determinada. Aparece en la mente sin que la persona lo haya elaborado conscientemente y ejerce una poderosa influencia sobre las emociones y la conducta. Es un concepto central de la terapia cognitivo-conductual.
Qué es un pensamiento automático
Un pensamiento automático es aquel pensamiento o imagen que aparece en la mente de forma espontánea e instantánea al enfrentarse a una situación. Es un concepto que Aaron Beck, fundador de la terapia cognitivo-conductual, bautizó al observar las cadenas de pensamientos negativos que sus pacientes con depresión relataban una y otra vez, y ocupa un lugar central en el modelo cognitivo: no es «acontecimiento → emoción», sino «acontecimiento → pensamiento automático → emoción». Cuando el jefe nos llama, el pensamiento «seguro que me va a regañar» que surge al instante es un pensamiento automático. Este pensamiento genera la emoción de ansiedad y hace que nuestros pasos hacia la sala de reuniones se vuelvan pesados.
Características de los pensamientos automáticos
Los pensamientos automáticos presentan varias características. En primer lugar, son muy rápidos: surgen de forma casi refleja, sin pasar por un razonamiento consciente. En segundo lugar, resultan verosímiles: la persona no los experimenta como «pensamientos» sino como «hechos». El pensamiento automático «me odian» no se percibe como «he pensado que quizá me odian», sino como la realidad de que «me odian». En tercer lugar, siguen patrones: una misma persona tiende a repetir el mismo tipo de pensamientos automáticos. Esto se debe a que las creencias profundas (esquemas) que subyacen a los pensamientos automáticos son consistentes.
Cómo abordar los pensamientos automáticos
En la terapia cognitivo-conductual, el objetivo no es «detener» los pensamientos automáticos, sino «tomar conciencia de ellos y examinarlos». Primero se practica captar «qué ha pasado por mi mente» en el momento en que se activa una emoción. Después, en lugar de aceptar ese pensamiento como un hecho, se trata como una hipótesis y se examinan las pruebas a favor y en contra. Ante el pensamiento automático «mi jefe me odia», uno se pregunta: «¿qué evidencia tengo?», «¿hay pruebas en contra?», «¿existe otra interpretación posible?». Los pensamientos automáticos no desaparecen del todo, pero sí es posible cambiar la relación que mantenemos con ellos. El simple hecho de dejar de confundir los pensamientos con la realidad cambia notablemente la intensidad de las oscilaciones emocionales.
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