Olvidar el recado justo al entrar en la habitación - Cómo funciona el efecto del umbral
No consigues recordar qué venías a buscar
Has ido al dormitorio a buscar algo. En el momento de abrir la puerta, ya no sabes qué era. Mirar alrededor de la habitación no ofrece ninguna pista. Sin más remedio vuelves a la habitación de la que venías y, en el instante en que estás de vuelta, te acuerdas.
Esta experiencia ocurre sin importar la edad. Aun así, mucha gente la recibe como el comienzo de los despistes y la ata a la inquietud por hacerse mayor. Lo que ocurre en realidad no es un deterioro de la función de la memoria, sino la manifestación de una propiedad: que el recuerdo se organiza escena por escena.
Un cambio de escena corta el recuerdo en tramos
La memoria humana no se almacena como una corriente continua a lo largo del flujo del tiempo. Los sucesos se dividen escena por escena y se conservan en las unidades que crean esas divisiones. Uno de los factores que produce una frontera es el desplazamiento entre lugares.
El acto de moverse entre habitaciones es, para el cerebro, la señal de que una escena ha terminado y ha empezado la siguiente. La información retenida en la escena anterior queda archivada en el marco de esa escena y pasa al fondo. Por eso, justo después de cruzar un umbral, el propósito que llevabas hasta un momento antes ya no está a mano.
Y la razón de que puedas recordarlo en cuanto vuelves a la habitación original es que el marco de esa escena regresa al frente. Las imágenes del entorno funcionan como pistas y la información adherida a esa escena vuelve a ser recuperable. Este fenómeno es también prueba de que el recuerdo se almacena ligado a las circunstancias que lo rodean.
Porque sucede con tanta facilidad al cruzar una puerta, este fenómeno se llama efecto del umbral. Los experimentos han confirmado que el mismo olvido se produce no solo al desplazarse físicamente entre habitaciones, sino incluso al cambiar de habitación en un espacio virtual en una pantalla. La causa resulta ser la división cognitiva del cambio de escena, no el desplazamiento físico en sí.
La restricción de la capacidad de la memoria de trabajo
El otro factor implicado es la capacidad del sistema que retiene de forma temporal la información que estás manejando. Ese sistema es la Memoria de trabajo, y lo que puede sostener tiene un techo.
El propósito de ir al dormitorio a buscar el cargador tiene que sostenerse hasta que se ejecuta. Pero ese sostenimiento tiene límites y pensar en otra cosa lo desplaza con facilidad. Surgió otro pensamiento durante el trayecto, algo te entró por los ojos de camino, alguien te habló. Cuando llegan interrupciones así, el propósito que se sostenía se cae. Los pocos segundos de recorrer un pasillo no ofrecen nada con lo que ocuparse, de modo que el pensamiento vuelto hacia dentro queda libre para moverse; al patrón de actividad cerebral que se anima cuando no estás concentrado en nada en particular se lo denomina Red neuronal por defecto.
Alinear las situaciones en que el olvido llega con facilidad hace visible el mecanismo. Cuando vas con prisa, cuando llevas varios recados a la vez, cuando estás cansado, cuando estás absorto. En todos los casos ha encogido el margen disponible para sostener.
A la inversa, cuando el propósito está claro y no piensas en nada más, no lo olvidas ni cambiando de habitación. Que la misma persona tenga días de olvidar y días de no olvidar no es una fluctuación de capacidad, sino una diferencia en la Carga cognitiva de ese momento.
Antes de culpar a la edad
Mucha gente se preocupa por este fenómeno como señal de envejecimiento, y sin embargo ocurre con la misma frecuencia en personas jóvenes. La diferencia es que las personas jóvenes no le prestan atención.
A medida que se acumulan los años, queda preparada una interpretación para cualquier experiencia de olvido: que podría ser un deterioro cognitivo. Así, el mismo suceso adquiere otro significado. Esa interpretación convoca inquietud, la inquietud recorta el margen de la atención y, como resultado, olvidar se vuelve más fácil. Se forma un bucle en el que la interpretación refuerza el fenómeno.
Como indicio para distinguirlos: en el efecto del umbral se olvida a qué venías, y volver a las circunstancias originales lo trae de vuelta. Estados de otra naturaleza son no saber en qué parte de tu propia casa está la habitación en la que has entrado, no ser capaz de producir el nombre o el uso de un objeto y no recordar en absoluto una conversación de hace un momento. Si hay un cambio a un nivel que interfiere en la vida diaria, consúltalo con un profesional sanitario sin dejar pasar el tiempo.
Volver para poder recordar
Lo más seguro cuando has olvidado es regresar a donde estabas. Si vuelve el marco de la escena, vuelve la información con él. Parece un viaje de ida y vuelta inútil, pero se termina antes que quedarse quieto intentando pensar.
Si no puedes volver, reproduce las circunstancias en tu cabeza. Dónde estabas sentado, qué estabas mirando, de qué estabas hablando. Estás usando la propiedad de que las circunstancias del entorno sirven de pista, esta vez dentro de la imaginación.
Y hay una más: empezar otra cosa mientras sigues sin poder recordar hace que a veces te venga de golpe un rato después. Bajar la carga de la recuperación puede permitir que emerja por su cuenta.
Montar sistemas que vuelven inofensivo el olvido
Este fenómeno procede de la naturaleza de la memoria, así que no se puede eliminar. Montar sistemas sobre la premisa de que vas a olvidar es, por tanto, la vía más práctica.
Lo más sencillo es decirlo en voz alta. Pronunciar que vas a por el cargador hace que la información se maneje por una vía distinta de la visión, lo que refuerza el sostenimiento.
Después, llevar un objeto en la mano. Si te desplazas sosteniendo algo relacionado con lo que vas a buscar, como el propio aparato que necesita carga, el propósito está en tu mano y no lo olvidas.
Y no agrupes varios recados. Intentar terminar tres cosas aprovechando el trayecto eleva la carga del sostenimiento y se te caen algunas. Con el mismo razonamiento que los métodos para memorizar basados en cómo funciona el recuerdo, reducir de antemano el volumen de información es la vía más segura.
El vacío del instante en que entras en una habitación es prueba de que tu cerebro organiza el mundo escena por escena. Precisamente porque existe ese sistema de organización, una persona puede recordar los sucesos de un día sin mezclarlos. Cuando olvides, tómalo como el sonido de ese sistema haciendo su trabajo y simplemente vuelve a la habitación de la que venías.