No consigo escribir en el chat del trabajo - el orden para cuando no puedes pulsar enviar
La tensión de escribir donde todos lo ven
En el canal hay treinta personas. Tienes algo que decir. La redacción ya está formada en tu cabeza. Y aun así no logras pulsar enviar, borras el borrador y cierras la pantalla sin haber escrito nada.
Más tarde otra persona escribe exactamente lo mismo y lo aceptan sin ninguna fricción. Sabes que el resultado habría sido el mismo si lo hubieras escrito tú y, sin embargo, la vez siguiente te detienes en el mismo punto.
Ese atasco no es un problema de habilidad para escribir. La naturaleza del lugar donde se escribe es decisivamente distinta de la de los demás medios de comunicación. A eso se suma el Efecto foco, el sesgo de calcular que lo que uno publica recibe mucha más atención de la que realmente recibe. De esas treinta personas, casi ninguna está examinando tu frase palabra por palabra.
En qué se diferencia de hablar en una reunión
Comparémoslo con el momento de intervenir en una reunión hablada. Lo que se dice en una reunión llega solo a quienes están presentes y empieza a diluirse desde el instante en que terminas la frase. Aunque no salga del todo bien, se lo lleva la corriente en cuanto el tema avanza.
El chat no tiene esa propiedad. Lo escrito se queda en la pantalla, quien no está mirando en ese momento lo lee después y también se puede desenterrar con una búsqueda. La intervención deja de ser un suceso de una sola vez y se convierte en un objeto que queda ahí depositado.
La otra diferencia es que la velocidad de lectura está del lado del otro. En la lengua hablada, tu manera de decirlo y tu expresión completan el sentido. El texto no tiene nada de eso y se te juzga solo por las palabras escritas. Para compensar esa carencia, muchas personas pulen la redacción en exceso. Cuanto más la pulen, más tiempo tardan, y cuanto más tardan, más avanza el tema y más se pierde la ocasión de publicar.
El peso de que quede constancia
La propiedad de permanecer alarga sin límite la revisión previa al envío. Si hay errores de escritura, si tu comprensión está desviada, si esta manera de decirlo suena áspera y si el contenido es siquiera algo que te corresponda decir a ti.
Los puntos de esa revisión no disminuyen por muchas veces que los repases. Si pones la perfección como condición, el momento de enviar no llegará nunca, así que hay que cortar en algún sitio. Cuando el Perfeccionismo actúa aquí, lo que se reduce a cero no es la calidad de tus mensajes, sino su número. Lo que funciona aquí es decidir de antemano qué puntos vas a revisar.
Por ejemplo, mirar solo dos cosas, si hay algún error de hecho y si el sentido se entiende al leerlo, y enviar en cuanto eso esté resuelto. Las impresiones finas de la expresión y si va a caer bien quedan fuera del objeto de la revisión. Sin esa línea, la revisión se deja arrastrar por la inquietud y no termina nunca.
Cómo interpretar la ausencia de respuesta
El muro que aparece después de conseguir publicar es el silencio. Has escrito y nadie contesta. Solo aumentan las marcas de leído.
Muchas personas lo interpretan como que fue inapropiado o como que se las ha ignorado. Pero en un chat de trabajo, la razón por la que un mensaje no recibe respuesta es, en la mayoría de los casos, simplemente que no hace falta ninguna gestión. El estado en que la información se ha recibido y el tratamiento ha terminado y el estado en que te están rechazando tienen la misma forma exterior y no se pueden distinguir.
La tendencia a leer una respuesta ambigua como una señal de rechazo se llama Sensibilidad al rechazo, y se manifiesta con fuerza en espacios de solo texto, donde hay muy poco a lo que agarrarse. Si tienes la costumbre de leer en el peor sentido aquello que no se puede distinguir, sales perdiendo cada vez que publicas. Como referencia: en los mensajes que necesitan respuesta, indica de forma explícita qué punto quieres confirmar, y en los que no, no esperes reacción. Trazar esa línea por tu cuenta te evita adivinar cada vez el significado del silencio.
El orden para empezar por mensajes pequeños
Escribir una opinión de entrada tiene una carga alta, así que conviene apilar los tipos de mensaje empezando por los ligeros.
- Nivel 1: reaccionar — poner una reacción con un emoji. No hace falta escribir y queda constancia de que has participado en el espacio
- Nivel 2: informar de un hecho — decir que algo ha quedado terminado. No hay margen para que se te evalúe y basta con un formato fijo
- Nivel 3: preguntar — preguntar si la semana que viene sirve como plazo. Preguntar lo que no sabes es un acto legítimo y no puede convertirse en un error
- Nivel 4: pasar información — señalar que hay un documento que quizás sirva de referencia. El contenido beneficia al otro, así que es una forma difícil de rechazar
- Nivel 5: expresar una opinión — a estas alturas tu presencia ya está reconocida en el espacio gracias a los mensajes anteriores, de modo que resulta mucho más ligero que la primera vez
La clave es no saltarse niveles. Si intentas empezar por el nivel 5, la impresión del fracaso queda muy marcada y el siguiente mensaje se aleja aún más.
La opción de crear un espacio propio
Aunque los canales con mucha gente te resulten difíciles, hay casos en los que sí consigues escribir en espacios con pocas personas. No hace falta tratar esa diferencia como un punto débil. En un espacio pequeño suele haber más Seguridad psicológica, es decir, más expectativa de que un paso en falso no será castigado. Que consigas escribir depende también de las condiciones del espacio, no solo de ti.
Construye primero el acuerdo en un intercambio directo y luego informa del resultado al espacio grande. Con ese orden te ahorras la escena de pelear opiniones delante de mucha gente. En el trabajo real, esta manera de avanzar llega a veces antes a una conclusión.
Además, si responder al instante por escrito no se te da bien, existe el método de decidir tú mismo las horas en que publicas. Reservar un rato para escribirlo todo de una vez antes de empezar la jornada por la mañana o en el corte del mediodía. Se escribe con más calma que reaccionando sin parar a la corriente del momento. Si lo combinas con la forma de afrontar los intercambios escritos en general, empiezas a ver en qué formato puedes rendir de verdad.
Si cargas con la incapacidad de escribir como si fuera un problema de carácter, desaparece el margen para hacer algo al respecto. Si descompones la naturaleza del lugar donde se escribe, puedes ver cuál de esas partes te resulta pesada. Evita la parte pesada y apila desde la ligera. Ese es el camino que aumenta de verdad el número de mensajes que publicas.