Mentalidad

Perfeccionismo

Tendencia de pensamiento que consiste en establecer estándares irrealmente altos para uno mismo o para los demás, y sentir que no se tiene valor si no se alcanzan. A diferencia de una sana aspiración de mejora, el miedo al fracaso es el motor de la conducta.

Qué es el perfeccionismo

El perfeccionismo es la tendencia psicológica a establecer estándares extremadamente altos para uno mismo y para los propios logros, y a no tolerar no alcanzarlos. A primera vista puede parecer sinónimo de «tener metas elevadas», pero existe una diferencia decisiva entre la sana aspiración de mejora y el perfeccionismo. La aspiración de mejora se basa en la motivación positiva de «quiero ser mejor», mientras que el perfeccionismo se basa en el miedo: «si fracaso, no valgo nada».

Los psicólogos Paul Hewitt y Gordon Flett clasificaron el perfeccionismo en tres dimensiones. El «autodirigido» exige la perfección a uno mismo. El «dirigido a otros» la exige a quienes nos rodean. El «socialmente prescrito» consiste en sentir que los demás nos exigen ser perfectos. En cualquiera de sus formas, la autocrítica y la decepción cuando no se cumplen los estándares son intensas, convirtiéndose en fuente de estrés crónico.

El precio del perfeccionismo

El perfeccionismo aparenta producir altos logros, pero a largo plazo conlleva numerosos costes. La psicología de «si no es perfecto, no puedo empezar» genera procrastinación, y la de «si no es perfecto, no puedo mostrarlo» impide presentar los resultados. Además, la reacción desproporcionada ante errores mínimos provoca un desgaste mental intenso. La investigación ha demostrado repetidamente que el perfeccionismo es un factor de riesgo para la depresión, los trastornos de ansiedad, los trastornos alimentarios y el burnout.

Aceptar lo «suficientemente bueno»

Abordar el perfeccionismo no consiste en bajar los estándares, sino en cultivar la convicción de que «aunque no sea perfecto, tiene suficiente valor». Soltar el pensamiento dicotómico de que si no es un 10, equivale a un 0, y reconocer que un resultado de 8 también tiene sentido. Separar el fracaso de «la prueba de mi valor» y redefinirlo como «una oportunidad de aprendizaje». Y preguntarse periódicamente si la motivación para buscar la perfección es el «miedo» o la «pasión». Si el miedo es el motor, eso no es aspiración de mejora, sino una señal de perfeccionismo.

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