Locus de control
Tendencia individual a atribuir las causas de los acontecimientos de la propia vida a uno mismo o a fuerzas externas. Concepto de personalidad propuesto por Rotter.
Qué es el locus de control
El locus de control se refiere a la tendencia de una persona a localizar la causa de lo que le sucede en la vida. Fue propuesto por el psicólogo Julian Rotter en 1954 dentro de su teoría del aprendizaje social y se divide en dos grandes categorías: «control interno» y «control externo». Las personas con una fuerte tendencia al control interno consideran que los resultados dependen de sus propias acciones y esfuerzos. Las personas con una fuerte tendencia al control externo creen que los resultados están determinados por factores ajenos a ellas: la suerte, el poder de otros o la estructura social.
Por ejemplo, ante un examen suspendido, pensar «no estudié lo suficiente» refleja un control interno, mientras que pensar «el examen era malintencionado» o «tuve mala suerte» refleja un control externo. No se trata de cuál es correcto, sino de que la tendencia predominante condiciona enormemente las reacciones emocionales y conductuales posteriores. Las personas con control interno tienden a vincular el fracaso con la mejora de sus acciones futuras, mientras que las de control externo son más propensas a caer en la indefensión.
Relación con la salud mental
Numerosas investigaciones han encontrado una correlación positiva entre la tendencia al control interno y la salud psicológica. La sensación de que las propias acciones pueden influir en los resultados aumenta la resistencia al estrés y fomenta una actitud proactiva ante la resolución de problemas. Por otro lado, una tendencia extrema al control externo se asocia con facilidad a la indefensión aprendida y a estados depresivos. No obstante, conviene señalar que un control interno excesivo - atribuirse toda la responsabilidad - también puede ser fuente de autorreproche y agotamiento. Lo saludable es la flexibilidad para discernir de forma realista qué ámbitos se pueden controlar y cuáles no.
Ajustar conscientemente el locus de control
El locus de control no es un rasgo de personalidad fijo, sino que puede cambiar con la experiencia y el entorno. Un buen punto de partida es observar los propios hábitos interpretativos ante los acontecimientos cotidianos. Cuando algo sale bien, ¿lo descartamos como «casualidad»? Cuando algo sale mal, ¿nos echamos toda la culpa? A través de esta reflexión podemos identificar hacia dónde se inclina nuestro locus de control y, si es necesario, reequilibrarlo. Acumular pequeñas experiencias de éxito y reunir la sensación de que «mi acción cambió el resultado» es el método más fiable para cultivar un control interno saludable.
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