Indefensión aprendida
Estado psicológico en el que, tras la exposición repetida a un estrés inevitable, la persona llega a creer que «nada de lo que haga servirá» y deja de actuar, incluso cuando tiene la capacidad de cambiar la situación.
Qué es la indefensión aprendida
La indefensión aprendida es un estado psicológico en el que, tras experimentar repetidamente que las propias acciones no influyen en los resultados, la persona acaba creyendo que «haga lo que haga, es inútil» y abandona todo esfuerzo, aun cuando en realidad dispone de medios para cambiar la situación. Fue descubierta en 1967 por el psicólogo estadounidense Martin Seligman a través de experimentos con animales y posteriormente ejerció una gran influencia en la comprensión de la depresión y la apatía humanas.
En los experimentos de Seligman se observó que los perros sometidos repetidamente a descargas eléctricas inevitables dejaban de intentar escapar incluso cuando se les colocaba en una situación donde la huida era posible. En los seres humanos opera un mecanismo similar. Por ejemplo, un entorno laboral donde las propuestas son rechazadas una y otra vez, un hogar donde los esfuerzos nunca son reconocidos, o experiencias reiteradas de fracaso van reforzando la creencia de que «no tengo capacidad para cambiar la situación».
La expansión de la indefensión aprendida
Lo problemático de la indefensión aprendida es que la sensación de impotencia adquirida en un ámbito específico tiende a extenderse a otros. Una persona que aprende la indefensión en el trabajo puede empezar a sentir que «de todos modos no saldrá bien» también ante problemas de su vida personal. Cuando esta generalización avanza, la motivación decae en todos los aspectos de la vida y se puede caer en un estado cercano a la depresión. Además, la indefensión aprendida no se limita al individuo; puede surgir también a nivel de organizaciones y comunidades. La impotencia colectiva de «por mucho que alcemos la voz, nada cambia» es una de las causas del estancamiento social.
Salir de la indefensión
La clave para escapar de la indefensión aprendida es acumular pequeñas experiencias de éxito que demuestren que «mis acciones pueden cambiar los resultados». En la investigación sobre «optimismo aprendido» que el propio Seligman propuso posteriormente, se demostró que un estilo de pensamiento que atribuye las causas del fracaso a factores «temporales, específicos y externos» en lugar de «permanentes, generales e internos» resulta eficaz tanto para prevenir como para recuperarse de la indefensión. El primer paso es fijarse metas pequeñas y experimentar conscientemente su logro. Y distinguir entre «lo que puedo cambiar» y «lo que no puedo cambiar», concentrando la energía en lo primero, es el camino para romper la cadena de la indefensión.
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