Recuperación

Niño interior

Representación simbólica de las emociones y recuerdos de la infancia que perviven en la mente adulta. Concepto que permite comprender el mecanismo por el cual las heridas del pasado influyen en las reacciones emocionales y los patrones de conducta actuales.

Qué es el niño interior

El niño interior es un concepto que representa simbólicamente al «yo infantil» que sigue existiendo en lo más profundo de la mente adulta. Las emociones experimentadas en la infancia - alegría, tristeza, miedo, ira, soledad - pueden desaparecer de la superficie de la conciencia con el crecimiento, pero permanecen en las capas profundas de la psique. Y cuando en las relaciones interpersonales o en situaciones de estrés actuales se presenta un contexto similar al de entonces, esas reacciones emocionales infantiles pueden reactivarse de forma inconsciente.

Por ejemplo, si al recibir una reprimenda de un superior se experimenta un miedo o una tristeza desproporcionados respecto a la situación, es posible que no se trate de una reacción adulta, sino de la activación del recuerdo de haber sido severamente regañado por los padres en la infancia. El concepto de niño interior ofrece un marco para comprender «las experiencias pasadas que subyacen a las reacciones del yo presente».

El impacto del niño interior herido

Cuando en la infancia no se recibió suficiente amor o seguridad, el niño interior permanece en un «estado herido» dentro de la mente. Su influencia se manifiesta de múltiples formas en los patrones de conducta adultos: necesidad excesiva de aprobación, miedo al abandono, perfeccionismo, explosiones o represión emocional, temor a la intimidad. Todos ellos pueden ser la voz de un niño interior herido. La persona tiende a descartarlos como «problemas de carácter», pero en su base subyacen con frecuencia emociones infantiles no procesadas.

Qué significa sanar al niño interior

El trabajo con el niño interior consiste en acceder conscientemente al yo infantil que habita en la mente y satisfacer, desde el yo adulto actual, las necesidades que entonces quedaron insatisfechas. En la práctica, se revisan los recuerdos de la infancia en un entorno seguro y se le dice a aquel yo del pasado: «No fue tu culpa», «Ahora estás a salvo». No se trata de cambiar el pasado, sino de cambiar la forma en que nos relacionamos con aquellas experiencias. Se recomienda realizarlo con el apoyo de un profesional, aunque el simple hecho de tomar conciencia del origen de las propias reacciones emocionales ya puede generar cambios en las relaciones interpersonales cotidianas.

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