Cortisol
Hormona del estrés secretada por la corteza suprarrenal. A corto plazo es un aliado que prepara al cuerpo para afrontar una crisis, pero cuando el estrés se prolonga y su ritmo de secreción se altera, la inmunidad, la memoria y el sueño también se ven afectados.
Qué es el cortisol
El cortisol es una hormona esteroidea secretada por la corteza suprarrenal, conocida como la «hormona del estrés» por excelencia. Cuando el cerebro detecta estrés, se activa el eje hipotalámico-hipofisario-suprarrenal (eje HPA) y el cortisol se libera en el torrente sanguíneo. Su función es elevar la glucemia para asegurar energía, evitar que las respuestas inflamatorias e inmunitarias se desborden y preparar al cuerpo para superar la crisis. El salto inmediato de la frecuencia cardíaca al detectar un peligro proviene de respuestas más rápidas, como la de la adrenalina; el cortisol actúa algo más tarde, aporta energía para una carga prolongada y también contribuye a que la reacción vuelva a apagarse. A corto plazo, esta es una reacción esencial para la supervivencia.
Estrés crónico y los daños del cortisol
El problema es que el estrés del ser humano moderno no es una crisis puntual, sino una presión psicológica crónica. La relación con el jefe, la inseguridad económica, la comparación en redes sociales. Estos factores de estrés no son peligros físicos, pero el cerebro no puede distinguirlos. Como resultado, el cortisol tiende a mantenerse elevado durante períodos prolongados. Un estado crónico de cortisol alto se asocia con la atrofia del hipocampo (centro de la memoria), la disminución de la función inmunitaria, el deterioro de la calidad del sueño, la acumulación de grasa visceral y el aumento del riesgo de depresión.
Sin embargo, aquello a lo que conduce un estrés prolongado no es uniforme. En la fase inicial del estrés crónico el cortisol suele mantenerse alto, pero cuando ese estado se alarga la sensibilidad de los receptores disminuye y la diferencia entre la mañana y la noche puede reducirse - un aplanamiento del ritmo diario -, de modo que la alteración aparece en el patrón más que en la cantidad. En el desgaste profesional y en la fatiga persistente no es raro que el ascenso matutino sea más bien débil. Lo decisivo no es la sola pregunta de si está alto o bajo, sino si sube cuando debe subir y baja cuando debe bajar.
Sentir que «no puedo pensar con claridad», «me resfrío con facilidad» o «no puedo dormir» por el estrés no es algo que pueda descartarse como imaginación: es la respuesta de estrés alcanzando al cuerpo. El cortisol está en el centro de ese proceso, pero no es el único protagonista.
Cómo convivir con el cortisol
Reducir el cortisol a cero es imposible y tampoco deseable. La «respuesta de cortisol al despertar» - el pico de cortisol al despertarse por la mañana - es una reacción normal necesaria para iniciar la actividad del día. Lo importante es asegurar tiempo de recuperación para que el cortisol elevado descienda adecuadamente. El ejercicio, el sueño suficiente, los vínculos sociales y el tiempo en la naturaleza. El ejercicio, eso sí, tiene dos caras: una sesión intensa eleva el cortisol en ese momento. Aun así, se considera que el ejercicio moderado mantenido como hábito serena los niveles de reposo y reduce la amplitud de la respuesta ante situaciones estresantes. El sueño y los vínculos con otras personas actúan en el mismo sentido, porque protegen las horas en las que lo que subió vuelve a bajar. La clave para convivir sanamente con el cortisol no es evitar el estrés, sino conservar margen para regresar de él. Y cuando el insomnio, un cansancio que no se va o un ánimo bajo persistente no ceden con cambios en la vida diaria, no lo cargues como una carencia personal para afrontar el estrés: consúltalo con un profesional sanitario. Hay cosas que conviene comprobar, incluido el estado hormonal.
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