Trauma

Ventana de tolerancia

Rango dentro del cual una persona puede procesar adecuadamente la activación emocional. Cuando se encuentra dentro de esta ventana, la persona mantiene el equilibrio entre pensamiento y emoción y puede afrontar la vida cotidiana. Fuera de ella, se cae en estados de hiperactivación o hipoactivación.

El rango justo para procesar las emociones

La ventana de tolerancia (Window of Tolerance) es un concepto propuesto por el psiquiatra Daniel Siegel que se refiere al rango de activación fisiológica dentro del cual una persona puede afrontar los estímulos emocionales con serenidad. Cuando nos encontramos dentro de esta ventana, sentimos las emociones sin que nos desborden, pensamos con lógica, tomamos decisiones adecuadas y nos comunicamos de forma constructiva con los demás. Aunque haya estrés o emociones desagradables, podemos procesarlos como algo «dentro de lo tolerable».

Sin embargo, cuando la estimulación emocional supera el límite superior de la ventana, se entra en un estado de «hiperactivación». El ritmo cardíaco se acelera, la respiración se vuelve superficial y la persona queda dominada por la ira, el pánico o una ansiedad intensa. El pensamiento se desorganiza y se tiende a actuar de forma impulsiva. Por el contrario, cuando se cae por debajo del límite inferior, se entra en un estado de «hipoactivación». Las emociones se embotan, el cuerpo se siente pesado, la mente se nubla y se pierde la sensación de realidad. Los estados de disociación o «apagón» corresponden a esta zona. Tanto la hiperactivación como la hipoactivación deterioran gravemente el funcionamiento cotidiano.

La relación entre trauma y ventana de tolerancia

Las experiencias traumáticas estrechan la ventana de tolerancia. Las personas expuestas repetidamente al trauma pueden salirse de la ventana ante el más mínimo estímulo. Por ejemplo, al oír una voz alta entran en hiperactivación y el cuerpo se paraliza. O bien, ante un tema emocional, caen instantáneamente en hipoactivación y la mente se queda en blanco. Algunas personas con trauma crónico tienen una ventana tan estrecha que pasan la mayor parte del día oscilando entre hiperactivación e hipoactivación. En este estado, incluso el estrés cotidiano más leve se vuelve difícil de manejar, y se cae fácilmente en un círculo vicioso de autodesprecio: «no soy capaz de hacer cosas normales».

El proceso de ampliar la ventana

Uno de los objetivos fundamentales del tratamiento del trauma es ampliar gradualmente esta ventana de tolerancia. Para ello, lo primero es desarrollar la capacidad de reconocer en qué nivel de activación se encuentra uno en cada momento. El simple hecho de darse cuenta - «ahora mi corazón late más rápido; puede que me esté acercando al límite superior de la ventana» - ya dificulta que uno se vea arrastrado por la reacción automática. Las técnicas de grounding (prestar atención a la sensación de las plantas de los pies, sumergir las manos en agua fría, etc.) son herramientas de efecto inmediato para regresar a la ventana cuando se está a punto de salir. A largo plazo, la exposición gradual a estímulos emocionales en un entorno seguro va ampliando la ventana en sí. Los enfoques corporales, como Somatic Experiencing o EMDR, también han demostrado su eficacia para mejorar la capacidad de regulación del sistema nervioso y expandir la ventana de tolerancia.

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