Salud

Si te han diagnosticado miomas uterinos - Criterios para decidir entre observación y tratamiento, y opciones terapéuticas

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Qué son los miomas uterinos

Los miomas uterinos son tumores benignos que se forman en la capa muscular del útero (miometrio). Se encuentran en el 20-30% de las mujeres mayores de 30 años y en aproximadamente el 40% de las mayores de 40, siendo el tumor ginecológico más frecuente. Que te digan «tienes un mioma» puede generar ansiedad, pero la probabilidad de malignización (transformación en cáncer) es inferior al 0,5%, y en la mayoría de los casos basta con la observación. El crecimiento de los miomas está relacionado con los estrógenos: tienden a crecer durante el embarazo y a reducirse tras la menopausia. Su tamaño varía desde unos pocos milímetros hasta más de 10 cm, y pueden presentarse como uno solo o como varias decenas simultáneamente. Lo importante es que el plan de tratamiento varía enormemente no solo según el tamaño del mioma, sino también según su localización y la presencia de síntomas.

Los 3 tipos y sus diferencias en síntomas

Los miomas uterinos se clasifican en 3 tipos según su localización, y cada uno presenta síntomas diferentes. El mioma intramural se desarrolla dentro del músculo uterino y es el tipo más frecuente (aproximadamente el 70% del total). Cuando crece, el útero se agranda en su conjunto, causando menorragia y dolor menstrual. El mioma subseroso crece hacia el exterior del útero; su impacto en la menstruación es relativamente menor, pero al crecer puede comprimir órganos vecinos (vejiga, recto), provocando micción frecuente o estreñimiento. El «mioma subseroso pediculado», que cuelga del útero por un pedículo, puede causar dolor abdominal intenso (torsión del pedículo) si este se retuerce, requiriendo cirugía de urgencia. El mioma submucoso crece hacia la cavidad uterina; aunque su frecuencia es baja (5-10% del total), incluso siendo pequeño tiende a causar menorragia y sangrado irregular, y puede ser causa de infertilidad.

El círculo vicioso de la menorragia y la anemia

El síntoma más común de los miomas uterinos es la menorragia (aumento del sangrado menstrual). El volumen normal de sangrado menstrual es de 20 a 140 mL por ciclo, pero con miomas puede superar los 200 mL. Concretamente, los indicadores son: necesitar compresas nocturnas durante el día, tener que cambiar la compresa cada 1-2 horas, expulsar coágulos con aspecto de hígado, o que la menstruación dure más de 8 días. La menorragia crónica provoca anemia ferropénica. Cuando la hemoglobina desciende por debajo de 12 g/dL (valor de referencia femenino), aparecen fatiga, dificultad para respirar, palpitaciones, mareos y falta de concentración. Como la anemia progresa gradualmente, el cuerpo se acostumbra a valores bajos, y no son pocas las mujeres que asumen como normal el estado de «estar siempre cansada». Si la forma de aliviar el dolor menstrual no es suficiente para la menorragia, se recomienda realizar pruebas para detectar miomas. También conviene consultar la realidad de la anemia oculta para conocer mejor tu estado.

Criterios para la observación

No todos los miomas uterinos requieren tratamiento. La observación es apropiada cuando se cumplen las siguientes condiciones: no hay síntomas o son leves; el tamaño del mioma es estable (no crece rápidamente); no hay anemia o es leve; no hay planes de embarazo o el mioma está en una posición que no afecta al embarazo. Cuando la menopausia está próxima (alrededor de los 50 años), se puede esperar que el mioma se reduzca naturalmente al disminuir los estrógenos tras la menopausia, por lo que si los síntomas son tolerables, a menudo se opta por la observación. Durante la observación, se realiza una ecografía cada 3-6 meses para comprobar cambios en el tamaño y análisis de sangre para monitorizar la hemoglobina. Si hay un crecimiento rápido (más de 2 cm en 6 meses), se necesitan pruebas adicionales para descartar la rara posibilidad de un tumor maligno (sarcoma uterino).

Opciones de farmacoterapia

Existen varias opciones de farmacoterapia para aliviar los síntomas. La píldora anticonceptiva de baja dosis (LEP) reduce el volumen menstrual y alivia el dolor menstrual, aunque no reduce el mioma en sí. El sistema intrauterino de levonorgestrel (SIU-LNG, nombre comercial Mirena) es un dispositivo en forma de T que se coloca en el útero, libera progesterona localmente, adelgaza el endometrio y reduce drásticamente el sangrado menstrual. Es eficaz durante 5 años y se ha reportado una alta eficacia en el tratamiento de la menorragia. Los agonistas de GnRH (como la leuprorelina) crean temporalmente un estado de menopausia y reducen el mioma entre un 30 y un 50%. Sin embargo, debido al efecto secundario de pérdida de densidad ósea, su uso se limita normalmente a 6 meses. Se utilizan frecuentemente para reducir el mioma antes de la cirugía (administración preoperatoria). El ácido tranexámico es un hemostático que reduce el sangrado menstrual entre un 30 y un 50%, y se toma solo durante el período menstrual.

La EAU (embolización de arterias uterinas) como opción

La EAU es un tratamiento en el que se introduce un catéter en los vasos que nutren el mioma (arterias uterinas) y se inyecta material de embolización para bloquear el flujo sanguíneo al mioma y reducirlo. Es un procedimiento mínimamente invasivo realizado por radiólogos intervencionistas que no requiere anestesia general. La estancia hospitalaria es de 1-3 días y la reincorporación social de 1-2 semanas, con una recuperación más rápida que la cirugía. Tras la EAU, el mioma se reduce en promedio un 40-60% en 6 meses, y la tasa de mejora de la menorragia es del 80-90%. Sin embargo, la EAU tiene consideraciones importantes. Si se desea un embarazo futuro, no hay datos suficientes sobre la seguridad del embarazo tras la EAU, y generalmente no se recomienda. Además, puede no ser adecuada para miomas submucosos o subserosos pediculados. Puede producirse dolor temporal tras el procedimiento (síndrome postembolización), requiriendo un manejo adecuado del dolor. (Buscar libros sobre miomas uterinos en Amazon) (Los libros de ginecología también pueden ser de ayuda)

Tratamiento quirúrgico: miomectomía e histerectomía

El tratamiento quirúrgico se considera cuando la farmacoterapia o la EAU no son suficientemente eficaces, o cuando se desea un embarazo. La miomectomía es una cirugía que extirpa solo el mioma conservando el útero. Existen 3 abordajes: laparoscopia (inserción de instrumentos a través de pequeñas incisiones), histeroscopia (inserción de una cámara en el útero a través de la vagina, aplicable a miomas submucosos) y cirugía abierta. La miomectomía es la primera opción para mujeres que desean un embarazo, pero su desafío es la alta tasa de recurrencia (50-60% en 5 años). La histerectomía es el tratamiento definitivo de los miomas, sin riesgo de recurrencia. Incluso en mujeres premenopáusicas, si se conservan los ovarios, el impacto en el equilibrio hormonal se minimiza. Si se realiza por laparoscopia o vía vaginal, la recuperación es relativamente rápida. Sin embargo, el impacto psicológico de perder el útero varía mucho entre personas, y la decisión debe tomarse con un asesoramiento adecuado. Si estás considerando la ansiedad y planificación de la fertilidad, consulta ampliamente con tu ginecólogo sobre cómo la elección del tratamiento puede afectar a un futuro embarazo.

Convivir bien con los miomas

Los miomas uterinos son una afección que experimentan muchas mujeres, y no es necesario temer excesivamente el hecho de «tener un mioma». Lo importante es conocer con precisión el tipo, tamaño, localización y síntomas de tu mioma, y elegir la respuesta adecuada según tu etapa vital. Si tienes entre 20 y 30 años y deseas un embarazo, confirma pronto si el mioma está en una posición que pueda afectar al embarazo y, si es necesario, considera la miomectomía. Si tienes alrededor de 40 años y la menopausia está próxima, la observación esperando la menopausia puede ser una opción si los síntomas son tolerables. A cualquier edad, la base es continuar con revisiones ginecológicas periódicas (ecografía anual) para seguir los cambios del mioma. Si hay anemia por menorragia, se complementa con suplementos de hierro en paralelo. En la dieta, se recomienda consumir conscientemente alimentos ricos en hierro (hígado, carne roja, espinacas, algas) y vitamina C (que favorece la absorción del hierro). Con los miomas, la perspectiva de «convivir» es tan importante como la de «curar». Establecer una relación a largo plazo con un ginecólogo de confianza y estar atenta a los cambios de tu cuerpo es la mejor forma de autocuidado.

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