Envejecimiento

La perimenopausia comienza a principios de los 40 - Señales tempranas y medidas preventivas

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Qué es la perimenopausia

La menopausia no comienza de forma repentina. La edad media de la menopausia (definida como 12 meses tras la última menstruación) en las mujeres japonesas es de aproximadamente 50,5 años, pero el cuerpo empieza a cambiar entre 4 y 8 años antes. Este periodo de transición se denomina «perimenopausia» o «premenopausia». Es decir, algunas mujeres entran en la perimenopausia alrededor de los 40, y la mayoría entre los 42 y los 44 años. Durante la perimenopausia, la función ovárica disminuye gradualmente y la secreción de estrógenos se vuelve inestable: un mes puede ser normal y al siguiente caer bruscamente. Esta «fluctuación» es la característica principal y la causa de una amplia variedad de síntomas. Lo importante es que los síntomas perimenopáusicos se confunden fácilmente con «cosas de la edad» o «simple cansancio». Detectarlos a tiempo permite disponer de margen para tomar medidas adecuadas.

Los primeros cambios: la menstruación

La señal más fiable de la perimenopausia es el cambio en el ciclo menstrual. Un ciclo que antes era regular (28-30 días) empieza a acortarse a 25 días o a alargarse a más de 35, volviéndose irregular. En concreto, si la diferencia con el ciclo anterior es de 7 días o más al menos dos veces al año, es probable que se haya iniciado la perimenopausia. Los cambios en el volumen del sangrado también son característicos: un mes puede ser extremadamente abundante (menorragia) y al siguiente muy escaso. Dado que la menorragia también puede deberse a miomas uterinos o pólipos endometriales, ante cambios bruscos es importante acudir al ginecólogo. Llevar un registro del ciclo menstrual facilita la detección de patrones. Las aplicaciones de seguimiento menstrual para el móvil permiten visualizar las variaciones de forma sencilla.

Síntomas iniciales que pasan desapercibidos

Los síntomas de la perimenopausia, a diferencia de los sofocos típicos de la menopausia, tienden a confundirse con molestias cotidianas. El insomnio es uno de los síntomas iniciales más frecuentes: dificultad para conciliar el sueño, despertares nocturnos repetidos o despertar precoz. Se debe a que la caída de estrógenos altera el ritmo de secreción de melatonina (hormona del sueño). La irritabilidad y el ánimo bajo también se reportan con frecuencia. Los estrógenos participan en la producción de serotonina (neurotransmisor estabilizador del ánimo), por lo que sus fluctuaciones provocan inestabilidad emocional. Si el síndrome premenstrual (SPM) parece haber empeorado, podría ser una señal de perimenopausia. El dolor articular y la rigidez muscular son otros síntomas que pasan desapercibidos. Los estrógenos tienen acción antiinflamatoria, y su disminución facilita la inflamación articular, que suele manifestarse como rigidez matutina en los dedos o molestias en rodillas y hombros. Conocer el panorama completo de los síntomas menopáusicos y sus tratamientos permite evaluar los propios cambios de forma objetiva.

Qué revelan los análisis hormonales

Para confirmar si se está en la perimenopausia, se pueden medir los niveles hormonales mediante un análisis de sangre. Las tres hormonas principales que se determinan son: FSH (hormona foliculoestimulante), E2 (estradiol) y AMH (hormona antimulleriana). La FSH es secretada por la hipófisis y estimula los ovarios. Cuando la función ovárica disminuye, el cerebro intensifica la señal de «producir más hormona», por lo que la FSH se eleva. Si la FSH medida entre los días 3 y 5 del ciclo supera los 10 UI/L, es posible que la función ovárica haya comenzado a declinar. Valores superiores a 25 UI/L sugieren que la menopausia está próxima. Sin embargo, durante la perimenopausia los niveles hormonales fluctúan mucho de un mes a otro, por lo que una sola determinación no es concluyente. Es importante realizar varias mediciones con intervalos de 3 a 6 meses para observar la tendencia. La AMH es un indicador de la reserva ovárica (número de óvulos restantes); valores bajos indican que la menopausia se acerca.

Prepararse mediante hábitos de vida

Revisar los hábitos de vida es eficaz para aliviar los síntomas perimenopáusicos y facilitar la transición a la menopausia. El ejercicio es una de las medidas más efectivas. Al menos 150 minutos semanales de ejercicio aeróbico moderado (caminar a paso ligero, nadar, montar en bicicleta) contribuyen a estabilizar el ánimo, mejorar la calidad del sueño y mantener la densidad ósea. El entrenamiento de fuerza también es importante: previene la pérdida de masa muscular asociada a la caída de estrógenos y frena la disminución del metabolismo basal. En cuanto a la alimentación, los alimentos ricos en isoflavonas de soja (tofu, natto, miso) poseen una acción similar a la de los estrógenos. La ingesta de calcio (800 mg/día o más) y vitamina D (800-1.000 UI/día) es imprescindible para prevenir la pérdida de densidad ósea. Comprender la relación entre el equilibrio hormonal y los hábitos de vida permite diseñar estrategias más eficaces. Se recomienda revisar el consumo de alcohol y cafeína, ya que pueden empeorar los sofocos y el insomnio.

Impacto en la salud mental y medidas

Las fluctuaciones hormonales de la perimenopausia afectan significativamente a la salud mental. El riesgo de desarrollar depresión se multiplica por 2 a 4 durante la perimenopausia, especialmente en mujeres con antecedentes de depresión o SPM. También se reportan nuevos episodios o empeoramiento de trastornos de ansiedad. Estos síntomas tienden a ignorarse con un «es cosa de la menopausia», pero son tratables. La terapia cognitivo-conductual (TCC) ha demostrado eficacia frente a los síntomas depresivos perimenopáusicos, entrenando la modificación de patrones de pensamiento negativos asociados a las fluctuaciones hormonales. La meditación mindfulness también cuenta con evidencia creciente sobre su efecto en la reducción de sofocos y ansiedad. Se recomienda empezar con 10 minutos diarios e ir aumentando progresivamente. Si los síntomas interfieren en la vida cotidiana, conviene consultar tanto al ginecólogo como al psiquiatra. (Buscar libros sobre menopausia en Amazon) (Los libros sobre hormonas femeninas también son una buena referencia)

La terapia hormonal sustitutiva (THS) como opción

Cuando los síntomas perimenopáusicos son intensos, la THS es una opción a considerar. La THS aporta estrógenos y mejora eficazmente los sofocos, el insomnio, la inestabilidad emocional y la sequedad vaginal. En Japón están disponibles tres formas: oral, transdérmica (parches) y tópica (gel). En mujeres con útero es obligatorio combinar con progestágenos para prevenir el riesgo de cáncer de endometrio. La preocupación más frecuente respecto a la THS es el riesgo de cáncer de mama, pero la investigación más reciente indica que, si se inicia antes de los 60 años y se usa durante menos de 5 años, el aumento del riesgo es mínimo. En la guía sobre el manejo de los sofocos se presentan también alternativas a la THS. La decisión de iniciar la THS debe tomarse en consulta con el ginecólogo, manteniendo revisiones periódicas (mamografía, citología).

La «revisión integral del cuerpo» a partir de los 40

La perimenopausia es una oportunidad excelente para reconectar con el propio cuerpo. Conviene realizar una «revisión integral» a principios de los 40. En primer lugar, acudir al ginecólogo para un análisis hormonal básico y una ecografía de útero y ovarios. Una densitometría ósea (DEXA) a los 40 permite detectar precozmente el riesgo de osteoporosis. También se recomienda un análisis de función tiroidea, ya que los síntomas del hipotiroidismo (fatiga, aumento de peso, sensación de frío) son muy similares a los de la perimenopausia y difíciles de distinguir. Llevar un registro del ciclo menstrual, de los cambios en el estado físico y de las oscilaciones de ánimo durante al menos 3 meses antes de la consulta permite al médico realizar una valoración más precisa. La perimenopausia no es el inicio del «declive», sino un periodo de mantenimiento del cuerpo de cara a la segunda mitad de la vida. Detectarla a tiempo y actuar adecuadamente prepara el terreno para atravesar la menopausia con serenidad.

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