El valor de cambiar de opinión: por qué son fuertes quienes pueden decir «he cambiado de parecer»
La crítica de «dices algo diferente a lo de antes»
Cuando un político cambia de política, se le critica por «inconsistente». Cuando un jefe cambia de dirección, se genera desconfianza por «falta de coherencia». Cuando un amigo te señala «antes decías otra cosa», te sientes incómodo.
Nuestra sociedad es sorprendentemente dura con quienes cambian de opinión. La coherencia se considera una virtud y el cambio de postura se ve como signo de debilidad o deshonestidad. Pero, ¿es realmente correcta esta valoración? Una persona que no cambia de opinión aunque obtenga nueva información o viva nuevas experiencias, ¿es coherente o simplemente no ha aprendido nada?
Por qué es tan difícil cambiar de opinión
Disonancia cognitiva
La «teoría de la disonancia cognitiva» propuesta por el psicólogo Leon Festinger explica la incomodidad que sienten los seres humanos cuando mantienen cogniciones contradictorias. La autopercepción de «soy una persona inteligente» y el reconocimiento de «mi opinión estaba equivocada» son contradictorios. Para resolver esta incomodidad, el cerebro intenta mantener la opinión existente incluso distorsionando la nueva información.
El sesgo de confirmación (la tendencia a recopilar solo información que apoya nuestra opinión), el razonamiento motivado (la tendencia a decidir primero la conclusión y buscar razones después) y el efecto backfire (el fenómeno por el cual presentar evidencia contraria refuerza la opinión original). Estos sesgos cognitivos son la resistencia organizada del cerebro contra el cambio de opinión.
Fusión con la identidad
Cuando una opinión deja de ser simplemente un «pensamiento» y se convierte en parte de la identidad, cambiar de opinión equivale a perder una parte de uno mismo. «Soy liberal», «creo en la ciencia», «apoyo a ese partido». Cuando estas creencias se fusionan con la identidad, la evidencia contraria no se procesa como un desafío intelectual, sino como una amenaza existencial.
El psicólogo organizacional Adam Grant denomina este fenómeno «foreclosure identitario de creencias» y enfatiza la importancia de separar las opiniones de la identidad. «Yo pienso esto» y «yo soy este tipo de persona» son, en esencia, cosas diferentes.
Coste social
Cambiar de opinión conlleva un coste social real. «Esa persona no es de fiar», «cambia de opinión constantemente». Especialmente retractarse de una opinión expresada públicamente significa perder prestigio. El miedo a este coste se convierte en motivación para mantener una opinión incluso sabiendo que es errónea.
Características de quienes pueden cambiar de opinión
Humildad intelectual
La característica denominada en psicología «humildad intelectual (intellectual humility)» se refiere a la actitud de reconocer los límites del propio conocimiento y opiniones, y estar abierto a la posibilidad de error. Las personas con alta humildad intelectual pueden procesar la evidencia contraria como información, no como amenaza.
Lo importante es que la humildad intelectual no es falta de confianza. Es la postura de tener confianza en la propia opinión y al mismo tiempo «estar dispuesto a cambiar de parecer si surge nueva evidencia». Esto no es debilidad, sino una manifestación de fortaleza intelectual.
El «modo de pensar del científico»
Grant clasifica los modos de pensamiento humano en cuatro: «predicador (predica sus propias creencias)», «fiscal (ataca los defectos de la opinión ajena)», «político (busca el apoyo de la audiencia)» y «científico (verifica hipótesis y actualiza basándose en evidencia)».
Quien piensa en modo científico trata sus opiniones como «hipótesis». Es natural que una hipótesis se modifique con nuevos datos. «Mi opinión estaba equivocada» no es un fracaso para un científico, sino una actualización del conocimiento.
Cinco prácticas para cultivar el valor de cambiar de opinión
1. Separar opinión e identidad
Separa «yo pienso esto» de «yo soy este tipo de persona». Una opinión es un juicio provisional basado en la información disponible en ese momento, no tu esencia. Aunque tu opinión cambie, tu valor no cambia.
2. Definir de antemano «qué haría cambiar mi opinión»
Cuando tienes una opinión, piensa de antemano «qué evidencia haría que cambiara esta opinión». Si no puedes responder a esta pregunta, quizás esa opinión no se basa en evidencia sino que se acerca más a una fe. Una opinión sin falsabilidad no puede considerarse intelectualmente honesta. (Los libros sobre pensamiento crítico proporcionan marcos de pensamiento)
3. Expresar activamente «he cambiado de opinión»
Cuando cambias de opinión, en lugar de ocultarlo, exprésalo activamente. «Antes pensaba así, pero al obtener nueva información he cambiado de parecer». Esta declaración envía al entorno el mensaje de que «cambiar de opinión no es vergonzoso» y crea un entorno intelectualmente seguro.
4. Comprender la opinión contraria con el «argumento de acero»
En lugar de entender la opinión contraria en su forma más débil (argumento de paja), practica entenderla en su forma más fuerte (argumento de acero). «¿En qué fundamentos se basa una persona racional que sostiene esta opinión?». Si tras comprender los mejores argumentos del otro sigues considerando que tu opinión es correcta, esta se vuelve más sólida. Por el contrario, si debes reconocer que los argumentos del otro son más fuertes, es una buena oportunidad para actualizar tu opinión.
5. Permitirse el «no lo sé»
No es necesario tener una opinión clara sobre todos los temas. «Sobre este tema, aún no tengo información suficiente para emitir un juicio». Esta actitud no es una confesión de ignorancia, sino una declaración de honestidad intelectual. Es un acto mucho más valiente intelectualmente admitir «no lo sé» que aferrarse a una opinión equivocada por precipitarse en el juicio. (Los libros sobre humildad intelectual y diálogo también amplían la perspectiva)
Cambiar es crecer
Si el yo de hace 10 años y el yo actual tienen exactamente las mismas opiniones, eso no es coherencia, sino la prueba de que no has aprendido nada en 10 años. Que las opiniones cambien es evidencia de que estás absorbiendo nueva información, digiriendo nuevas experiencias y acercándote a una comprensión más precisa del mundo.
Quien puede decir «he cambiado de opinión» no es una persona débil. Es alguien que puede priorizar su honestidad intelectual por encima del prestigio. Y ese tipo de persona es, en un mundo cambiante, la más digna de confianza.