Cómo organizar la lectura de un libro difícil - Lo que conviene decidir antes de abandonarlo
Atascarse en la página treinta
Compraste un libro muy bien valorado. Empiezas a leerlo. A las pocas páginas notas que lo escrito no te está entrando en la cabeza. Vuelves atrás y lo lees de nuevo. Otra vez pierdes el hilo.
Hacia la página treinta cierras el libro y lo dejas sobre la mesa. Unos días después has empezado otro.
Repite esta experiencia y llegas a la conclusión de que no eres capaz de leer libros difíciles. Lo que ocurre en realidad, sin embargo, es un atasco causado por haber empezado a leer sin diseñar cómo ibas a leer.
¿Hace falta entenderlo todo?
La primera premisa que conviene soltar es la condición de tener que entender todo lo escrito.
El contenido de un libro difícil es lo que el autor pensó a lo largo de mucho tiempo. Si pudieras entenderlo todo en una primera lectura, el libro no sería difícil. Que queden partes sin comprender significa que el nivel de dificultad es el previsto.
Y quienes leen obras especializadas y clásicos tampoco lo entienden todo. Recoger las partes que puedes seguir, marcar las que no y seguir adelante: esa forma de leer es el estándar. Vigilar dónde se corta tu propia comprensión tiene un nombre, la Metacognición, y es la habilidad que de verdad está operando cuando alguien lee bien un libro difícil.
Impón la condición de entenderlo todo y no pasarás de la primera página. Te detienes en lo que no entiendes, lo consultas, vuelves atrás, te detienes otra vez. Repite eso y el primer capítulo te lleva días, y ahí se te agotan las fuerzas.
Suelta la condición y cambia la forma de avanzar. Puedes pasar por encima de lo que no entiendes. Puedes volver más tarde. Puedes no volver nunca.
Fija primero el propósito de la lectura
Lo siguiente que hay que fijar es qué quieres obtener del libro. El propósito cambia cómo lo lees.
Si quieres conocer el argumento general, puedes saltarte los detalles. Lee la introducción y la conclusión, más la apertura y el cierre de cada capítulo, y tendrás el esqueleto del argumento.
Si quieres verificar un punto concreto, ve directamente al lugar correspondiente desde el índice. No hace falta leer desde el principio.
Si quieres adquirir el modo de pensar del autor, hace falta lectura atenta. En ese caso, avanza capítulo a capítulo sobre la premisa de que llevará tiempo.
Si quieres leerlo entero como cultura general, prioriza terminar sobre la profundidad de la comprensión. Sáltate lo que no entiendas y pon como objetivo llegar al final.
Sin un propósito fijado, no puedes elegir ninguna de estas formas de leer. Atascarse por haber intentado leerlo todo con atención es el resultado de no haber fijado un propósito.
La opción de no leer en orden
Con un libro difícil, leer de corrido desde el principio no es necesariamente lo mejor.
En muchos libros académicos, un resumen del conjunto está en la introducción. Léelo y sabrás hacia dónde se dirigen los capítulos siguientes. Conocer el destino antes de entrar en los detalles evita que te pierdas.
Leer primero la conclusión también funciona. Leer el cuerpo sabiendo dónde aterriza el autor te permite ver el lugar de cada argumento. Es una forma de leer que conviene evitar con la novela policiaca, pero funciona con los libros de exposición.
El epílogo del traductor y las notas finales también merecen una lectura previa. En las obras traducidas sobre todo, el epílogo indica a veces el lugar que ocupa el libro y cómo leerlo.
Y existe la opción de elegir capítulos. Leer solo los tres capítulos de doce que tocan tu interés. Mientras no trates los capítulos no leídos como una tarea inacabada, este método rinde una cosecha suficiente.
Leer con las manos en movimiento
La sensación de que nada entra aunque leas tiene algo que ver con que leer sea un acto pasivo. Por esa misma razón la Ciencia del aprendizaje encuentra una y otra vez que recuperar de memoria y escribir dejan más huella que releer.
Mueve las manos y cambia la forma de procesar. Aquí van varios métodos.
- Escribe un resumen de una línea por capítulo: Para un capítulo terminado, pon en una línea lo que se decía. Si no puedes escribirlo, sabes que la comprensión se queda corta
- Escribe tus dudas: Pon lo que no entendiste en forma de pregunta. Se convierte en algo que consultar después y, aunque lo dejes, queda como registro
- Sustituye con tus propios ejemplos: Aplica un argumento abstracto a un caso concreto que conozcas. Si puedes aplicarlo, lo entiendes
- Cuéntaselo a alguien: Explica lo leído a otra persona. Donde la explicación se atasca es donde se corta tu comprensión
Todos ellos llevan tiempo. Pero dejan algo de verdad, a diferencia de acumular tiempo leyendo y olvidando.
Y date permiso para bajar el ritmo. No hace falta leer rápido un libro difícil. Diez páginas al día llegan a mil páginas en cien días.
La decisión de bajarse a mitad de camino
Por último, unas palabras sobre la opción de no leerlo entero.
No existe una regla que diga que un libro empezado hay que leerlo hasta el final. Lo que suele retenerte ahí es la Falacia del coste hundido: por no perder el dinero y las horas ya invertidos, sigues leyendo un libro que ya has comprobado que no te encaja. Un libro que no te encaja, un libro que llega temprano para quien eres, un libro cuyo contenido difería de lo esperado. En todos los casos está bien dejarlo a medias.
Como señales para la decisión de parar, existen estas. Has leído cincuenta páginas y no ha surgido ningún interés por el contenido. Leerlo se ha convertido en una obligación. Hay otros libros que quieres leer y este ha detenido tu lectura.
Un libro que dejaste es un libro al que puedes volver. Reléelo años después y los pasajes que entonces resultaban opacos pueden volverse legibles. O creció tu conocimiento de base o cambiaron tus intereses. En muchos casos, simplemente no había llegado el momento de leerlo.
Si consideras cómo recuperarse después de abandonar junto con cómo construir el hábito mismo de leer, queda claro que el estado de seguir leyendo importa más que terminar un volumen. Leer un libro difícil no es la tarea de someter ese libro. Recibe lo que puedas recibir y deja el resto para la próxima ocasión. Empieza con esa postura y podrás pasar las primeras treinta páginas.