Envejecimiento

La pérdida auditiva se puede prevenir - Mecanismo de la presbiacusia y hábitos para proteger tus oídos

Este artículo se lee en unos 7 minutos Redacción y gestión: Kokomori

¿No estarás pasando por alto las señales de la pérdida auditiva?

Te descubres preguntando «¿cómo dices?» cada vez más a menudo. En casa te dicen que el televisor está muy alto. Cuesta seguir una conversación en un sitio ruidoso. Estas son las primeras señales de la pérdida auditiva asociada a la edad, la llamada presbiacusia. Muchas personas se dan cuenta del deterioro a partir de los 50 años, pero en realidad la audición en las frecuencias agudas empieza a decaer poco a poco desde los 30 años.

Según una estimación publicada por la OMS en 2021, alrededor de 1500 millones de personas en el mundo presentan algún grado de pérdida auditiva, y se prevé que la cifra alcance los 2500 millones en 2050. En Japón se calcula que aproximadamente una de cada tres personas de 65 años o más tiene una pérdida de audición en un grado que interfiere en la vida diaria.

El mecanismo de la presbiacusia

El sonido entra por el oído externo, hace vibrar el tímpano, atraviesa los huesecillos del oído medio y llega al caracol, la cóclea del oído interno. Dentro de la cóclea hay unos sensores llamados células ciliadas que convierten las vibraciones del sonido en señales eléctricas y las envían al cerebro.

La causa principal de la presbiacusia es el daño y la pérdida de esas células ciliadas. Una vez destruida, una célula ciliada no se regenera. La disminución del flujo sanguíneo propia de la edad, el estrés oxidativo acumulado y los factores genéticos actúan de forma combinada y las células ciliadas se van perdiendo. Las frecuencias agudas son las primeras que cuesta oír porque las células ciliadas encargadas de los tonos altos se sitúan cerca de la entrada de la cóclea, donde quedan más expuestas a la energía del sonido.

La exposición al ruido, el mayor riesgo evitable

Entre los factores de riesgo de la presbiacusia, aquel en el que la prevención resulta más rentable es la exposición al ruido. La exposición prolongada a sonidos de 85 dB o más va acumulando en las células ciliadas un daño irreversible. Para situar los 85 dB, equivalen aproximadamente al volumen de una calle con mucho tráfico o de un restaurante ruidoso.

Los auriculares, de botón o de casco, son especialmente problemáticos. Lo recomendable es la llamada «regla 60-60»: mantener el volumen al 60% del máximo o por debajo y no superar los 60 minutos de uso continuado. Los auriculares con cancelación de ruido bloquean el sonido del entorno, así que no hace falta subir el volumen.

Hábitos cotidianos que protegen los oídos

Los hábitos que ayudan a conservar la audición coinciden en buena medida con el cuidado de la salud general. El ejercicio aerobio mejora el flujo sanguíneo del oído interno y mantiene el aporte de oxígeno a las células ciliadas. Dejar de fumar evita el daño en los pequeños vasos del oído interno. Controlar la tensión arterial y la glucemia previene trastornos vasculares en el oído interno.

En cuanto a la alimentación, se ha comprobado que los alimentos ricos en antioxidantes (vitamina C, vitamina E y magnesio) contribuyen a proteger la audición. También hay estudios según los cuales la ingesta de folato reduce el riesgo de presbiacusia. Las medidas para prevenir enfermedades del estilo de vida contribuyen directamente a la protección de la audición.

Los riesgos de desatender la pérdida auditiva

Dejar la pérdida de audición sin atender pensando que «son cosas de la edad» conlleva riesgos serios. El deterioro de la audición dificulta la comunicación y acelera el aislamiento social. Cuando se acumulan los intercambios que no se llegan a entender, uno empieza a evitar la conversación y las ocasiones de hablar con otras personas se reducen. Distinguir las palabras, reconstruir su significado y pensar una respuesta es un estímulo potente para el cerebro. Se considera que perder esas ocasiones va en contra del mantenimiento de la función cognitiva.

El informe de la Comisión Lancet de 2020 sobre la prevención de la demencia también incluye la pérdida auditiva en la mediana edad entre los factores de riesgo que se pueden abordar en la vida diaria. La detección precoz de la pérdida auditiva y su manejo adecuado (como el uso de audífonos) es una conducta de salud directamente vinculada al mantenimiento de la función cognitiva.

Superar el rechazo a los audífonos

Que en Japón el uso de audífonos sea bajo en comparación con Europa y Norteamérica es algo que se ha señalado de forma reiterada en las consultas de otorrinolaringología. Incluso entre quienes son conscientes de que no oyen bien, no son pocos los que pasan años sin llegar a probar uno. La causa principal es el rechazo psicológico: «todavía no estoy para eso» o «me da vergüenza».

Sin embargo, los audífonos actuales son cada vez más pequeños y más eficaces, y muchos apenas se notan a simple vista. Empezar a usarlos pronto facilita que el cerebro se adapte al procesamiento del sonido, y el beneficio es mayor. Si se empieza cuando la pérdida ya ha avanzado, el cerebro tarda más en volver a acostumbrarse al sonido. Comprender las causas y el manejo del tinnitus también forma parte del cuidado integral de la salud auditiva.

La importancia de las revisiones auditivas periódicas

Como el deterioro de la audición avanza de forma extremadamente lenta, tiene la particularidad de que a la propia persona le cuesta advertirlo. Si la revisión médica anual no incluye una prueba de audición, conviene comprobar la audición de forma periódica en una consulta de otorrinolaringología.

Quienes tienen 40 años o más, quienes trabajan en entornos ruidosos y quienes acostumbran a usar auriculares durante horas deberían convertir en rutina una prueba de audición una vez al año. La detección temprana y la actuación temprana son la mejor estrategia para proteger tanto la audición como la calidad de vida. Igual que ocurre con la inquietud ante los cambios visibles que trae la edad, afrontar pronto los cambios en la audición amplía las opciones de las que dispones.

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