Para mujeres que sufren dolor durante las relaciones - Causas y soluciones de la dispareunia que no hay que soportar en silencio
La dispareunia no es algo que haya que «aguantar»
Se estima que alrededor del 30 % de las mujeres japonesas han experimentado dolor durante las relaciones sexuales, pero muchas lo soportan pensando que «es normal». La dispareunia tiene causas claras y es tratable. Si se sigue aguantando el dolor, el miedo al sexo se consolida y puede derivar en vaginismo, una contracción refleja e involuntaria de los músculos vaginales.
Principales causas y soluciones
1. Falta de lubricación
Preliminares insuficientes, cambios hormonales (menopausia, posparto, uso de anticonceptivos orales), estrés o tensión. El uso de lubricante es la medida más sencilla y eficaz. No hay ningún motivo para sentir vergüenza por utilizarlo.
2. Causas ginecológicas
Endometriosis, quistes ováricos, vaginitis, enfermedades cutáneas vulvares. Si el dolor persiste, acude a ginecología. «Me duele durante las relaciones» es un motivo de consulta perfectamente válido. (Los libros sobre salud sexual femenina también pueden ser de ayuda)
3. Factores psicológicos
Trauma sexual previo, sentimiento de culpa respecto al sexo, problemas en la relación de pareja. Si no se encuentra ninguna anomalía física pero el dolor persiste, es posible que intervengan factores psicológicos. Consultar con un profesional especializado en sexualidad resulta muy útil. (En libros sobre sexualidad femenina se pueden encontrar estrategias concretas)
El vaginismo: una barrera invisible
Cuando la dispareunia se prolonga, el cerebro aprende que «penetración = dolor» y los músculos vaginales se contraen de forma refleja, desarrollándose un vaginismo. Se trata de una respuesta involuntaria que no se puede controlar con la voluntad; el consejo de «relájate y ya está» resulta inadecuado. Síntomas como no poder introducir el espéculo en una revisión ginecológica o no poder usar tampones también pueden indicar vaginismo.
El tratamiento combina fisioterapia del suelo pélvico, uso progresivo de dilatadores vaginales y terapia cognitivo-conductual. Aunque en Japón aún es poco conocido, se puede consultar en clínicas de ginecología o de salud sexual especializadas en disfunción sexual femenina. Saber que «la dispareunia se puede tratar» es el primer paso hacia la recuperación.
El diálogo con la pareja forma parte del tratamiento
El problema de la dispareunia no solo afecta a quien lo padece, sino también a la relación de pareja. Si se oculta el dolor y se sigue aguantando, se acaba evitando el sexo; la pareja siente que es «rechazada» y la relación entra en un círculo vicioso de deterioro.
Comunicar el dolor a la pareja no es una muestra de debilidad, sino de confianza. «La penetración me duele, así que me gustaría disfrutar de otras formas», «Hoy el dolor es fuerte, con que me abraces es suficiente». Al proponer alternativas concretas, la pareja entiende qué puede hacer y ambos pueden afrontar el problema juntos. En el tratamiento de la dispareunia, la comprensión y la colaboración de la pareja son tan importantes como el tratamiento médico.
Resumen
La dispareunia puede mejorar con lubricantes, atención ginecológica y apoyo psicológico. No es necesario aguantar el dolor; disfrutar de unas relaciones placenteras es un derecho.