Pareja

Causas de la falta de sexo en el matrimonio - La realidad de las parejas japonesas y claves para una solución

Este artículo se lee en unos 9 minutos Redacción y gestión: Kokomori

La realidad de la abstinencia sexual en Japón

La manera de hablar que llama «abstinencia sexual» a la situación de «llevar más de un mes sin relaciones sexuales» está tan asentada que este malestar resulta cercano para las parejas japonesas. También en las consultas se escucha con frecuencia que la persona ni siquiera recuerda desde cuándo ocurre, o que han pasado años sin encontrar la ocasión de sacar el tema.

La abstinencia sexual no es simplemente una «cuestión de frecuencia». La falta de intimidad física se extiende a toda la relación: debilita el vínculo emocional, reduce la autoestima, genera desconfianza hacia la pareja y aumenta la sensación de soledad. Por otro lado, también existen parejas que se sienten satisfechas aun sin mantener relaciones, de modo que no se puede sentenciar de forma uniforme que la abstinencia sea un problema. El problema aparece cuando una de las partes, o ambas, sufren por ella.

Factores físicos de la abstinencia sexual

Los factores físicos son los que más se pasan por alto. La fatiga crónica suprime directamente el deseo sexual. Si se tienen en cuenta las largas jornadas laborales en Japón, los extensos tiempos de desplazamiento y la carga del trabajo doméstico y la crianza, el estado de «estoy demasiado cansado para eso» no resulta nada raro.

Los cambios en el equilibrio hormonal son otro factor de peso. En las mujeres, el deseo tiende a disminuir por la caída de estrógenos después del parto, el aumento de prolactina durante la lactancia y las fluctuaciones hormonales de la menopausia. En los hombres, la testosterona desciende entre un 1% y un 2% al año a partir de los treinta, y el estrés y la falta de sueño aceleran aún más ese proceso.

Tampoco conviene ignorar los efectos secundarios de los medicamentos. Muchos fármacos de uso cotidiano, como los antidepresivos (ISRS), los antihipertensivos y los antihistamínicos, influyen en el deseo y en la función sexual. Si la abstinencia sexual te preocupa, comprobar los efectos secundarios de la medicación que tomas es un paso importante. Al consultarlo con tu médico, en algunos casos es posible cambiar a un fármaco alternativo con menor impacto en la función sexual.

Factores psicológicos de la abstinencia sexual

El factor psicológico más frecuente es el fenómeno de dejar de ver a la pareja como un ser sexual. Con los años de convivencia, la pareja queda fijada en los papeles de «familia», «persona con la que se comparte la casa» o «compañero de crianza», y la percepción de su existencia sexual se va difuminando.

Los traumas sexuales del pasado, los problemas con la imagen corporal y la culpa o la vergüenza en torno a la sexualidad también actúan como frenos del deseo. En Japón, en particular, muchas personas llegan a la edad adulta con una educación sexual insuficiente, y no son pocas las que arrastran un rechazo inconsciente hacia la idea de disfrutar del sexo.

El primer paso para afrontar una relación sin sexo es reflexionar sobre tu propia actitud hacia la sexualidad. ¿No hay deseo? ¿Hay deseo, pero no se dirige a la pareja? ¿Hay deseo, pero no logras expresarlo? Las soluciones varían enormemente según la causa.

Factores relacionales de la abstinencia sexual

El mayor factor de la abstinencia sexual es, en realidad, muchas veces un «problema de la relación». Falta comunicación en el día a día, se acumulan enfados y rencores sin resolver, hay descontento con el reparto del trabajo doméstico y la crianza. Todos estos problemas de la relación acaban entrando en el dormitorio.

Para las mujeres, sobre todo, el vínculo emocional es una condición previa de la intimidad sexual. Sin conversación durante el día, sin palabras de agradecimiento y cargando sola con la casa y los hijos, resulta psicológicamente difícil volverse íntima solo de noche. De ahí viene la idea de que el sexo no es un asunto del dormitorio, sino del salón.

La cadena de rechazos también deteriora la relación. Una parte propone y la otra dice que no. Quien recibe el no se siente herida y poco a poco deja de proponer. Quien ya no recibe propuestas siente que «ya no le desean». Así ambas partes se vuelven pasivas y la abstinencia se consolida. Para romper este círculo vicioso hace falta reconocer mutuamente tanto la herida de quien es rechazado como la culpa de quien rechaza.

Empezar el diálogo con la pareja

Hablar de la abstinencia sexual es, para muchas parejas, el paso que más cuesta dar. Sin embargo, casi nunca sucede que el problema se resuelva por sí solo sin diálogo.

Para el momento del diálogo, elige el salón en lugar del dormitorio, un estado relajado y una ocasión en la que haya tiempo suficiente. Conviene empezar compartiendo lo que sientes, por ejemplo que últimamente tenéis poco tiempo juntos y que eso te hace sentir sola, y no saltar de golpe a la propuesta de tener relaciones.

Antes de buscar soluciones concretas para la abstinencia sexual, lo fundamental es escucharse mutuamente. Cómo vive la otra persona esta situación, qué se le interpone, qué le haría feliz. Sin correr hacia las respuestas, hay que ir sumando conversaciones que saquen a la luz lo que cada uno siente de verdad. Nada se resuelve por completo en una sola charla. Es importante establecer espacios regulares de diálogo e ir comprendiendo poco a poco los sentimientos del otro.

Un enfoque gradual

Retomar de repente las relaciones después de un largo periodo de abstinencia supone demasiada presión para ambas partes. Un enfoque gradual resulta más eficaz.

Empieza por el contacto físico no sexual: darse la mano, abrazarse, darse masajes. Al recuperar poco a poco la intimidad física, el paso hacia la intimidad sexual se vuelve natural. Es importante no convertir el sexo en una «meta» y disfrutar del propio hecho de tocarse.

También puede servir de referencia la técnica de terapia sexual llamada «focalización sensorial». Consiste en un ejercicio de tocarse el cuerpo mutuamente con la prohibición de tocar los genitales. Su objetivo es eliminar la presión del rendimiento y redescubrir el placer de la pura sensación corporal.

La opción de recurrir a profesionales

Si a la pareja le resulta difícil resolverlo por su cuenta, conviene valorar el apoyo profesional. En la terapia de pareja, la intervención de un tercero garantiza un espacio de diálogo seguro. Los terapeutas sexuales ofrecen un enfoque especializado en la sexualidad.

Si se sospecha un problema físico, acudir a ginecología o urología también es importante. Análisis hormonales, revisión de la medicación, tratamiento del dolor físico: no son pocos los casos que mejoran con un enfoque médico. En Japón existe un fuerte rechazo a consultar los problemas sexuales en un centro sanitario, pero la salud sexual forma parte de la salud de todo el cuerpo.

La abstinencia sexual no es una cuestión de «quién tiene la culpa», sino un síntoma del conjunto de la relación. En lugar de echarse las responsabilidades encima, la actitud de colaboración de preguntarse cómo vais a cambiar los dos esta situación es el camino más seguro hacia la solución. No hace falta aspirar a una vida sexual perfecta. El propio proceso de buscar juntos la forma de intimidad que resulte cómoda para los dos es lo que repara la relación. Sin prisa, sin reproches, sin comparaciones. Al ritmo que sea solo vuestro, id recuperando la conexión física.

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