Recuperación

La diferencia entre el desgaste y la depresión - Distinguir lo que el descanso devuelve de lo que no

Este artículo se lee en unos 8 minutos Redacción y gestión: Kokomori

Cuando descansas y no vuelves

Te tomaste unas vacaciones largas. Dormiste todo lo que quisiste dormir, no pusiste nada en la agenda y dejaste pasar los días. Y sin embargo, la primera mañana después de que terminaran, el cuerpo seguía pesado.

Cuando se derrumba la premisa de que descansar te repone, la mayoría de la gente se queda desconcertada. Hasta entonces un fin de semana bastaba para volver. Se daba por hecho que un descanso más largo lo resolvería. ¿Qué significa que eso no haya ocurrido?

Lo que conviene separar aquí es la diferencia entre estar gastado hasta el punto de que no sale la fuerza, y un estado de ánimo que se mantiene bajo de forma sostenida. Estos dos se solapan en gran medida y, aun así, la dirección de lo que ayuda es distinta.

A qué apunta la palabra desgaste

Empecemos por comprobar a qué se refiere la palabra desgaste, que en el terreno laboral suele nombrarse como Burnout. No es un nombre de diagnóstico médico, sino un concepto que describe un estado que surge en relación con el estrés crónico de la vida laboral.

Se describen tres elementos en su centro. La sensación de que la energía se ha agotado. La aparición de una distancia psicológica hacia el trabajo, con una mirada negativa que se vuelve más fuerte. Y el descenso de la sensación de competencia en lo que el puesto exige.

Lo importante es que este estado está ligado al contexto laboral. Surge en relación con el trabajo y puede cambiar cuando te apartas de él. Esa dependencia del contexto es precisamente lo que da una pista para distinguir.

Síntomas que se solapan con la depresión y síntomas que no

Los síntomas compartidos entre ambos son muchos. Cansancio, caída de las ganas, dificultad para concentrarse, cambios en el sueño, molestias físicas. Como aparecen de la misma manera, enumerar síntomas no permite distinguirlos.

Lo que suele servir de pista, en cambio, es el alcance y la persistencia.

Cuando el gasto se limita al trabajo, en las horas que pasas lejos del puesto vuelven el interés y el disfrute. Un día libre permite disfrutar de una afición, la conversación fluye si te ves con una amistad, un viaje cambia el ánimo. El alcance se queda dentro del trabajo.

En cambio, cuando el bajón de ánimo es un estado sostenido, el alcance se extiende a la vida entera. Los días libres tampoco se disfrutan, lo que antes te gustaba no produce nada, el desánimo de la mañana pesa de un modo particular, la idea de que no vales nada se mantiene. Aunque te apartes del trabajo, el estado no cambia.

Dicho esto, en la práctica esta distinción resulta difícil en muchas ocasiones. El bajón de ánimo puede surgir como resultado de un gasto que se ha prolongado mucho, y también hay casos en que ambos están presentes a la vez. Por eso no hace falta que lo resuelvas tú solo.

Mirar si algo cambia al apartarse del trabajo

Como observación que de verdad puedes usar, existe el método de mirar en qué estado estás durante el tiempo que pasas apartado.

A lo largo de un fin de semana o de unas vacaciones, comprueba lo siguiente. Ha cambiado la calidad de tu sueño. La comida te sabe bien. Aparece alguna gana de hacer algo. Ver a alguien te resulta una carga.

Si varias de estas cosas mejoran, es muy probable que la carga del trabajo sea el factor principal. Lo que ayuda en ese caso se centra en cambios del lado del entorno: ajustar el volumen de tarea o el propio papel que ocupas.

Si no cambia absolutamente nada, o si el desánimo continúa incluso mientras descansas, ajustar el entorno no llega hasta ahí. Es la fase en la que hace falta una valoración médica.

Otra señal es la forma en que vuelves después de haber descansado. Si tras el descanso hay aunque sea un poco de sensación de recuperación, el componente de gasto es grande. Si descansas y no obtienes ninguna sensación de recuperación, conviene pensar en otro factor.

Dónde se vuelve arriesgado juzgar por cuenta propia

Todo lo ordenado hasta aquí es un marco para entender una situación. No sustituye a un diagnóstico. Hay tres razones por las que juzgar por cuenta propia es peligroso.

Una es que las enfermedades del cuerpo producen los mismos síntomas. Cambios en la función del tiroides, anemia, trastornos de la respiración durante el sueño, déficits de nutrición. Todos ellos generan un cansancio intenso y una caída de las ganas. Muchos se pueden identificar con un análisis de sangre, y tratar el asunto como algo de la mente sin comprobarlo supone dejar pasar algo que se podía tratar.

La segunda es la dificultad de evaluarse a uno mismo cuando la capacidad de juicio está mermada. En un estado de gasto se dan las dos tendencias: estimar tu propio estado como más leve de lo que es y, al contrario, estimarlo como desesperado.

La tercera es que retrasar la respuesta empeora el estado. Que intervenir en una fase temprana acelera la recuperación es algo común a muchos estados.

Por eso son necesarias las dos cosas: conocer las señales tempranas del desgaste y comprobarlo en un servicio médico.

Anotaciones que resultan útiles al ir a consulta

Cuando decides ir a consulta, tener preparado el material del que vas a hablar hace que la visita sea concreta. Son cuatro apartados los que hay que preparar.

  • Desde cuándo: el momento en que notaste el cambio. Basta con una fecha aproximada. Si hubo algún suceso que lo desencadenó, añádelo
  • Qué has dejado de poder hacer: los cambios de conducta se transmiten mejor que las explicaciones del ánimo. Con qué frecuencia te duchas, de qué consta lo que comes, cuántas veces sales de casa, cuánto trabajo sacas adelante
  • Sueño y comida: cómo te duermes, si te despiertas de madrugada, cómo estás por la mañana, el apetito, los cambios de peso
  • Los cambios al descansar: qué cambió y qué no cambió durante los días libres o unas vacaciones

Si escribes esto de forma breve y lo llevas contigo, la situación se transmite dentro de un tiempo de consulta limitado. Si pretendes explicarlo todo con palabras allí mismo, cuando no estás bien el relato no se sostiene.

En cuanto al lugar, las opciones principales son una consulta de salud mental o de psiquiatría. Si en tu trabajo hay un profesional de salud laboral, pasar por ahí permite que la conversación llegue hasta el ajuste de tus tareas. Empezar por medicina general para comprobar las causas físicas también es un orden razonable.

Y el punto de que la recuperación tiene fases y que no darse prisa acaba siendo más rápido vale para cualquiera de los dos estados. Si en lugar de tratar como un fracaso el hecho de no haber vuelto lo entiendes como haber pasado a la fase de comprobar en qué estado estás, el siguiente paso se ve mejor.

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