Salud

Resolver la ansiedad sobre los psicofármacos - Conocimientos correctos sobre antidepresivos y ansiolíticos

Este artículo se lee en unos 9 minutos

De dónde viene la ansiedad sobre los psicofármacos

Cuando un psiquiatra prescribe medicación, muchas personas sienten una fuerte ansiedad. «¿Tomar medicamentos es señal de debilidad?» «¿Una vez que empiece no podré dejarlo nunca?» «¿Dejaré de ser yo mismo?» «¿Me volveré adicto?». Estas preocupaciones son muy comunes y no eres la única persona que las siente.

Detrás de esta ansiedad existe un estigma social (prejuicio) hacia las enfermedades mentales y los psicofármacos. Internet está lleno de información errónea como «los medicamentos psiquiátricos son peligrosos» o «si los tomas te convertirás en un vegetal», lo que dificulta obtener conocimientos precisos.

En este artículo explicamos, basándonos en la evidencia, el funcionamiento, los efectos, los efectos secundarios y el proceso de reducción de los antidepresivos y ansiolíticos, que son los psicofármacos prescritos con mayor frecuencia.

Funcionamiento y tipos de antidepresivos

Los antidepresivos son medicamentos que regulan el equilibrio de los neurotransmisores cerebrales (serotonina, noradrenalina, etc.). En la depresión se considera que la función de estos neurotransmisores está disminuida, y los antidepresivos buscan restaurar esa función.

Los ISRS (inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina), actualmente los más utilizados, bloquean la recaptación de serotonina para aumentar su concentración en el espacio sináptico. Los IRSN actúan además sobre la noradrenalina.

Un punto importante es que los antidepresivos no son medicamentos que «elevan artificialmente el ánimo». Su objetivo es devolver la función cerebral disminuida al rango normal; una persona sana que los tome no experimentará un «subidón». El hecho de que tarden 2 a 4 semanas en hacer efecto es otra prueba de que son diferentes de los fármacos de efecto inmediato que «cambian el estado de ánimo».

Características de los ansiolíticos (benzodiacepinas)

Los fármacos benzodiacepínicos (como Lexatin, Orfidal, Trankimazin, etc.), representantes de los ansiolíticos, actúan sobre los receptores GABA para inhibir la excitación neuronal y producir un efecto ansiolítico de acción rápida.

A diferencia de los antidepresivos, las benzodiacepinas hacen efecto entre 30 minutos y 1 hora después de tomarlas. Son eficaces como medicación de rescate para ataques de pánico o ansiedad aguda. Sin embargo, esta misma rapidez de acción es el factor que aumenta el riesgo de dependencia.

El uso prolongado de benzodiacepinas puede generar dependencia física, y su interrupción brusca puede provocar síntomas de abstinencia (aumento de la ansiedad, insomnio, temblores). Por ello, las guías actuales recomiendan su uso a corto plazo (2 a 4 semanas), y para el manejo de la ansiedad a largo plazo se prefieren los antidepresivos (ISRS) como primera opción.

La realidad de los efectos secundarios - No hay que temerlos en exceso

Los efectos secundarios de los psicofármacos existen, pero la mayoría aparecen al inicio del tratamiento y se atenúan en 1 a 2 semanas. Los efectos secundarios comunes de los ISRS son náuseas, dolor de cabeza, somnolencia o insomnio, y disfunción sexual.

La aparición de efectos secundarios varía mucho entre personas: algunas no experimentan ninguno, mientras que otras tienen efectos intensos con un fármaco concreto. Si un medicamento no es adecuado, se puede cambiar por otro, por lo que no es necesario concluir que «la farmacoterapia no es para mí» solo porque el primer fármaco cause efectos secundarios molestos.

Respecto a la preocupación de que «cambie la personalidad», los antidepresivos no son fármacos que cambien la personalidad. Son medicamentos que recuperan el yo original (motivación, interés, concentración) que se había perdido por el estado depresivo. Es más preciso entender que «no me convertí en otra persona al tomar la medicación», sino que «recuperé mi yo que se había convertido en otra persona por la depresión».

La culpa de «depender de medicamentos»

La idea de «quiero curarme sin medicamentos» o «debería superarlo por mí mismo» está muy arraigada, pero se basa en el malentendido de que las enfermedades mentales son «cuestión de actitud».

La depresión y los trastornos de ansiedad son enfermedades que implican una disfunción de los neurotransmisores cerebrales. Nadie siente culpa porque un diabético use insulina o un hipertenso tome antihipertensivos. La farmacoterapia para enfermedades mentales es esencialmente lo mismo.

De hecho, cuando la farmacoterapia adecuada estabiliza los síntomas, se potencia la eficacia de la psicoterapia, se recupera la funcionalidad en la vida diaria y se asegura la energía necesaria para la recuperación, entre otros muchos beneficios. La medicación es como unas «muletas»: cuando la fractura sana, se pueden retirar.

El proceso de reducción y retirada

«Una vez que empiezo no podré dejarlo» es una de las preocupaciones más frecuentes, pero no es exacta. Los antidepresivos se reducen gradualmente bajo supervisión médica después de que los síntomas hayan mejorado suficientemente y se hayan estabilizado (normalmente tras un período de mantenimiento de 6 meses a 1 año).

La reducción no se hace «de golpe», sino disminuyendo la dosis poco a poco durante semanas o meses. Esto minimiza los síntomas de discontinuación (mareos, dolor de cabeza, irritabilidad). La interrupción brusca por decisión propia conlleva un alto riesgo de síntomas de abstinencia, por lo que siempre debe hacerse en consulta con el médico.

Desde la perspectiva de la prevención de recaídas, hay casos en los que se recomienda el uso a largo plazo. Esto no significa «no poder dejarlo», sino que es una elección activa de «continuar para prevenir recaídas». Considerando el impacto del estrés crónico en el cuerpo, la importancia de reducir la carga física y mental mediante una farmacoterapia adecuada es significativa.

Comunicación con el médico

La clave del éxito de la farmacoterapia es una buena comunicación con el médico prescriptor. Comunica abiertamente si los efectos secundarios son molestos, si no notas efecto, si deseas reducir la medicación, etc.

Llevar notas con lo que quieres comunicar en la consulta permite aprovechar mejor el tiempo limitado de la visita. Cambios en los síntomas, presencia e intensidad de efectos secundarios, impacto en la vida diaria, dudas y preocupaciones sobre la medicación. Organizar esto previamente permite al médico tomar decisiones más adecuadas.

Si sientes que el médico no responde suficientemente a tus preguntas, minimiza tu ansiedad o aumenta la medicación sin explicación, buscar una segunda opinión también es una opción.

Combinación de farmacoterapia y psicoterapia

Numerosos estudios demuestran que la combinación de farmacoterapia y psicoterapia es lo más eficaz. Es un enfoque que estabiliza los síntomas con medicación mientras se trabajan los problemas de fondo (patrones de pensamiento, relaciones interpersonales, traumas) con psicoterapia.

Solo con farmacoterapia existe riesgo de recaída al retirar la medicación. Las habilidades e insights adquiridos en psicoterapia se convierten en «recursos internos» que perduran incluso después de reducir la medicación. Aprender métodos de gestión de la ansiedad en el día a día permite reducir la dependencia de los fármacos.

Los psicofármacos no son enemigos, sino una herramienta más que ayuda en la recuperación. Con conocimientos precisos y en colaboración con tu médico, encuentra la combinación de tratamiento que mejor se adapte a ti.

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