Crecimiento personal

Cómo entrenar el pensamiento creativo

Este artículo se lee en unos 7 minutos Redacción y gestión: Kokomori

Entender qué es realmente la creatividad

La creatividad es la capacidad de combinar de formas nuevas el conocimiento y la experiencia que ya tienes, y de producir con ellos ideas y soluciones valiosas. No pertenece solo a artistas y diseñadores: es una habilidad imprescindible para resolver los problemas del día a día y para mejorar la manera de trabajar.

La investigadora de Harvard Teresa Amabile explica la creatividad a partir de tres componentes: la pericia, la habilidad de pensamiento creativo y la motivación intrínseca. La pericia aporta la materia prima de la creación, las habilidades de pensamiento aportan formas de combinarla y la motivación mantiene en marcha la actividad creativa. Dicho de otro modo, la creatividad no es un talento innato: cualquiera puede elevarla si cultiva estos elementos.

Los muros que bloquean el pensamiento creativo

La fijación funcional

Por ejemplo, el estado en el que solo puedes ver algo desde su uso o su método habitual se llama fijación funcional. Si mantienes la idea fija de que un clip es un objeto para sujetar papeles, se te hace difícil pensar en otros usos para un clip. Quitarte esa fijación de forma deliberada es el punto de partida del pensamiento creativo.

El miedo a la evaluación

El miedo a «¿y si les parece una idea rara?» es el mayor enemigo de la creatividad. Las ideas realmente novedosas parecen extrañas al principio. La clave está en construir, primero dentro de ti, un entorno en el que puedas pensar con libertad sin preocuparte por cómo te van a evaluar.

La inercia del pensamiento

Como el cerebro humano da prioridad a la eficiencia, tiende a pensar siguiendo patrones que ya conoce. Si vas al trabajo por el mismo camino todos los días y haces tus tareas siempre igual, tu pensamiento también acaba fijado. Romper el patrón a propósito es lo que estimula la creatividad.

Cinco ejercicios para entrenar el pensamiento creativo

1. Absorbe conocimiento de otros campos

Se sabe que la creatividad surge con más facilidad allí donde se cruzan conocimientos de campos distintos. Frans Johansson llamó a esto «el efecto Medici». Leer libros de géneros que no tocas normalmente, hablar con personas de otros sectores, empezar una afición nueva: las acciones que amplían el rango de tu conocimiento elevan tu creatividad.

2. Haz una lluvia de ideas en solitario

Por ejemplo, fija un tema y practica escribiendo todas las ideas que puedas en diez minutos. Pon la cantidad por delante de la calidad y anota incluso la idea más disparatada. Este entrenamiento del «pensamiento divergente» aumenta el número de cajones de los que puedes sacar ideas.

3. Ponte restricciones

Las ideas se mueven con más facilidad bajo restricciones moderadas que en una situación completamente libre. Cuando te dicen que vale cualquier cosa, el cerebro no puede acotar su rango de búsqueda, mientras que en cuanto recibe condiciones empieza a probar combinaciones dentro de ese marco. Si te pones a propósito una restricción, del tipo «¿cómo lo resolvería con un presupuesto de cero?» o «¿cómo lo explicaría usando solo tres palabras?», llegas a ideas distintas de las convencionales.

4. Sal a caminar

Un estudio de la Universidad de Stanford publicado en 2014 informó de que las personas que habían caminado generaron de media alrededor de un 60 % más de ideas que las que permanecieron sentadas, en tareas divergentes como enumerar libremente usos para un mismo objeto. El mismo estudio, sin embargo, no encontró una diferencia de esa magnitud en el tipo de tarea cuya respuesta converge en un único punto. Caminar actúa en la dirección de aumentar el número de cosas que se te ocurren. Caminar al aire libre resultó especialmente eficaz. Se piensa que el ritmo de la marcha activa la red neuronal por defecto del cerebro y favorece la asociación libre.

5. Piensa desde otro punto de vista

Si adoptas a propósito otro punto de vista y te preguntas cómo pensaría un niño en esto o qué haría un extraterrestre con este problema, puedes romper ideas preconcebidas. «Los seis sombreros para pensar» de Edward de Bono es otro marco eficaz para cambiar de perspectiva.

Hábitos que alimentan la creatividad en el día a día

Afina tu observación

El paisaje del camino al trabajo, cómo se comporta la gente en una cafetería, el diseño del envase de un producto: las pistas para crear desbordan la vida ordinaria. El hábito de preguntarte «¿por qué es así?» y «¿no habría una manera mejor?» entrena una mirada creativa.

Registra tus ideas

Las buenas ideas afloran de repente y desaparecen al instante. Lleva siempre encima una aplicación de notas en el móvil o una libreta pequeña, y haz el hábito de registrar en el momento lo que se te ocurra.

Asegúrate un tiempo de aburrimiento

Si estás mirando el móvil todo el tiempo, el cerebro se mantiene ocupado procesando información y no queda espacio para el pensamiento libre. Si reservas a propósito un tiempo lejos de los dispositivos digitales, creas el margen en el que el cerebro puede desplegar asociaciones con libertad. Las guías prácticas para potenciar la creatividad también son un buen recurso.

Puntos clave de este artículo

  • Conocer los pasos concretos de los muros que bloquean el pensamiento creativo
  • Cinco ejercicios para entrenar el pensamiento creativo
  • Retener las claves de los hábitos que alimentan la creatividad en el día a día
  • Saber cómo liberarse de la fijación funcional

El equilibrio entre creatividad y ejecución

Producir ideas, por sí solo, no crea valor. Tan importante como el pensamiento creativo es la capacidad de ejecución que da forma a una idea. De cada cien ideas basta con llevar una o dos a la práctica. Lo que importa es mantener girando el ciclo de idear y ejecutar. Antes que esperar la idea perfecta, la actitud de probar algo aunque esté incompleto es la que conduce a resultados creativos.

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