Incertidumbre
Estado en el que los resultados no pueden predecirse o en el que la información es insuficiente y los fundamentos para decidir se tambalean. La incertidumbre en sí misma no es una amenaza, pero la tendencia a no tolerarla (intolerancia a la incertidumbre) se considera un factor central de los trastornos de ansiedad.
Por qué la incertidumbre resulta tan dolorosa
El cerebro humano es una máquina de predicción. Predice lo que va a ocurrir a continuación y prepara la acción en función de esa predicción. La incertidumbre interfiere con esta función predictiva. Un estado en el que no se sabe qué va a pasar equivale, para el cerebro, a un «estado de imposibilidad de prepararse», lo cual desencadena por sí mismo una respuesta de estrés. Investigaciones en neurociencia han demostrado que las situaciones de resultado incierto generan mayor secreción de hormonas del estrés que aquellas en las que se sabe con certeza que el resultado será negativo. Es decir, para el ser humano, «no saber» puede resultar más angustiante que «saber que será malo».
Intolerancia a la incertidumbre
La tolerancia a la incertidumbre varía entre individuos. Las personas con alta intolerancia a la incertidumbre perciben las situaciones ambiguas como amenazantes y muestran patrones conductuales como preocupación excesiva, búsqueda compulsiva de información, evitación de decisiones y rumiación sobre el peor escenario posible. Esta característica se considera un factor central de mantenimiento del trastorno de ansiedad generalizada, y el patrón de reacción ante la incertidumbre predice la gravedad del trastorno de ansiedad mejor que el contenido de la preocupación (salud, trabajo, relaciones). La esencia del problema no es «qué nos preocupa», sino «cómo reaccionamos ante lo que no sabemos».
Estrategias de afrontamiento ante la incertidumbre
El afrontamiento desadaptativo ante la incertidumbre se divide en dos grandes patrones. Uno es el control excesivo (seguir recopilando información, seguir planificando, seguir pidiendo garantías a los demás) y el otro es la evitación (postergar decisiones, intentar no pensar, dejar de actuar). Ambos reducen la ansiedad a corto plazo, pero a largo plazo generan un círculo vicioso que disminuye aún más la tolerancia a la incertidumbre. El afrontamiento adaptativo no consiste en intentar eliminar la incertidumbre, sino en desarrollar la capacidad de actuar en medio de ella.
Vivir con la incertidumbre
Eliminar por completo la incertidumbre es imposible. El tiempo de mañana, la economía del año que viene, nuestra propia salud: nada puede predecirse con total certeza. Para desarrollar la capacidad de vivir con la incertidumbre, resulta eficaz exponerse intencionadamente a pequeñas incertidumbres. Comer en un restaurante desconocido, pasear sin plan, actuar sin conocer el resultado. La acumulación de estas pequeñas experiencias cultiva la sensación de que «no saber está bien». La incertidumbre no es un enemigo que deba eliminarse, sino el estado habitual de la vida. Y precisamente porque existe la incertidumbre, surgen la sorpresa, el descubrimiento y el crecimiento.
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