Afrontamiento evitativo
Patrón de conducta de afrontamiento que busca obtener una tranquilidad temporal evitando enfrentarse a las emociones desagradables o a las situaciones difíciles, dando la espalda al problema.
Qué es el afrontamiento evitativo
El afrontamiento evitativo se refiere al patrón conductual de intentar mantener la calma interior evitando enfrentarse a las situaciones, emociones o pensamientos que generan estrés o ansiedad. Ejemplos concretos incluyen posponer una tarea desagradable, evitar una conversación en la que se prevé un conflicto, ahogar los sentimientos de ansiedad con alcohol o el teléfono móvil, o dejar sin abrir los resultados de un examen médico.
El afrontamiento evitativo es ciertamente eficaz a corto plazo. Distanciarse de las emociones desagradables alivia el malestar en ese momento. Sin embargo, el problema es que el asunto de fondo permanece sin resolver. Los problemas no procesados crecen con el tiempo y los objetos a evitar se multiplican. Poco a poco, las opciones vitales se estrechan hasta llegar a un estado de «no puedo hacer esto, aquello me da miedo». El círculo vicioso en el que la evitación genera más evitación es la fragilidad esencial de esta estrategia de afrontamiento.
Tipos de evitación y sus formas menos visibles
El afrontamiento evitativo presenta formas fácilmente visibles y otras más difíciles de detectar. La evitación a nivel conductual (no ir a determinados lugares, no ver a ciertas personas) es relativamente obvia. En cambio, la evitación a nivel cognitivo (intentar no pensar en algo, minimizar el problema, repetirse «todavía estoy bien») y la evitación a nivel emocional (intentar no sentir, mantenerse siempre ocupado para no dejar espacio a la introspección) son difíciles de percibir tanto para la propia persona como para su entorno.
Merece especial atención la evitación que parece positiva a primera vista. Sumergirse en el trabajo para no afrontar los problemas familiares, dedicarse por completo al cuidado de otros para no enfrentarse a las propias emociones: estos patrones son socialmente valorados como «persona esforzada», lo que dificulta su reconocimiento como conductas de evitación.
De la evitación a la actitud de afrontamiento
Para mejorar el afrontamiento evitativo, el primer paso es reconocer la existencia de «aquello que se está evitando». El simple hecho de verbalizar qué se está evitando y por qué debilita la automaticidad de la evitación. En la terapia cognitivo-conductual se emplea la técnica de «exposición», que consiste en aproximarse gradualmente a las situaciones evitadas. No es necesario enfrentarse de golpe a lo más temido; se comienza por lo que genera menos ansiedad y se van acumulando experiencias de éxito: «me he enfrentado a ello y no ha pasado nada malo».
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