Crecimiento personal

Autoaceptación

Aceptar la totalidad de uno mismo - tanto fortalezas como debilidades - tal como es, sin añadir evaluaciones ni juicios. Mientras que la autoestima es una evaluación de «soy valioso», la autoaceptación se diferencia esencialmente en que renuncia a la evaluación misma.

La diferencia decisiva con la autoestima

La autoaceptación y la autoestima (self-esteem) se confunden con facilidad, pero son conceptos psicológicamente distintos. La autoestima es una autoevaluación - «soy valioso», «soy competente» - un sentimiento condicional que fluctúa según los éxitos y la aprobación de los demás. La autoaceptación se refiere a la actitud de renunciar a evaluar el propio valor y reconocer tal como es al yo completo, incluyendo fortalezas y debilidades, éxitos y fracasos. Albert Ellis propuso la «autoaceptación incondicional» (unconditional self-acceptance) dentro de la terapia racional emotivo-conductual (REBT) y advirtió que la búsqueda de autoestima basada en la autoevaluación genera, paradójicamente, vulnerabilidad psicológica. El estado de alta autoestima se siente bien, pero la caída cuando se ve amenazada es grande.

La consideración positiva incondicional de Rogers

Carl Rogers propuso la «consideración positiva incondicional» (unconditional positive regard) como condición nuclear de la terapia centrada en el cliente. Es la actitud del terapeuta de dirigir un interés cálido hacia el cliente sin poner condiciones. Según la teoría de Rogers, muchos problemas psicológicos surgen del «valor condicional» - es decir, la brecha entre el «yo que debería ser» y el «yo real». Las personas que en la infancia recibieron amor condicional - «si eres bueno te querrán», «si sacas buenas notas te reconocerán» - se vuelven incapaces de aceptar al yo que no cumple esas condiciones. Al experimentar la consideración positiva incondicional del terapeuta, el cliente aprende gradualmente a dirigir esa misma actitud hacia sí mismo.

La autoaceptación en la ACT

La terapia de aceptación y compromiso (ACT) sitúa la autoaceptación como uno de los procesos nucleares del tratamiento. En el contexto de la ACT, la autoaceptación es el concepto opuesto a la «evitación experiencial» - el intento de eliminar pensamientos y emociones desagradables. Cuando surge el pensamiento «soy un inútil», en lugar de luchar contra él o intentar cambiarlo, se observa: «ahora mismo estoy teniendo el pensamiento de que soy un inútil». No se acepta el contenido del pensamiento como verdad, sino que se acepta el hecho de que el pensamiento existe. Este proceso de «defusión» permite elegir acciones alineadas con los propios valores sin ser dominado por los pensamientos.

La paradoja de la autoaceptación

La intuición más profunda de la autoaceptación es la paradoja de que «cuando se deja de intentar cambiarse a uno mismo, el cambio se hace posible por primera vez». Fritz Perls, fundador de la terapia Gestalt, lo denominó «teoría del cambio paradójico». Negar continuamente los propios defectos y esforzarse por convertirse en un yo ideal es declarar repetidamente que el yo actual es «insuficiente», y esta autonegación consume energía e impide el cambio. En cambio, cuando se acepta al yo actual tal como es, la energía que se dedicaba a la autodefensa se libera y el proceso natural de crecimiento se pone en marcha. La autoaceptación no es resignación ante la situación actual, sino el cimiento más seguro para el cambio.

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