Crecimiento personal

Identidad

El conjunto total de la autopercepción sobre «quién soy yo». Roles sociales, valores, grupos de pertenencia, características físicas y narrativa vital se entrelazan de forma compleja para constituir una autoimagen que se actualiza constantemente.

Qué es la identidad

La identidad es el conjunto de respuestas que una persona da a la pregunta «¿quién soy yo?». El psicólogo del desarrollo Erik Erikson sistematizó este concepto y lo situó como la tarea central del desarrollo en la adolescencia. La identidad no es un atributo único, sino que se forma a partir de múltiples capas entrelazadas: profesión, género, nacionalidad, creencias, valores, relaciones interpersonales, características físicas y narrativa vital. Y lo importante es que la identidad no se fija una vez establecida, sino que se reconstruye repetidamente en respuesta a los puntos de inflexión de la vida y los cambios del entorno.

La crisis de identidad

Erikson denominó «crisis de identidad» al estado de lucha por establecer la propia identidad. Esto no se limita a la adolescencia. Cambio de trabajo, divorcio, jubilación, enfermedad, independización de los hijos. En los grandes puntos de inflexión de la vida, los roles y relaciones que hasta entonces definían a la persona se pierden, y el «quién soy» se tambalea. Personas que tras la jubilación pierden la identidad de «empleado» y quedan desorientadas; personas que al terminar la crianza no encuentran un yo más allá de «madre». Estas son manifestaciones típicas de la crisis de identidad.

Identidad y sociedad contemporánea

La proliferación de las redes sociales ha añadido una nueva complejidad a la formación de la identidad. La discrepancia entre la autopresentación en línea y el yo real, la comparación constante con la «vida ideal» de los demás, la cuantificación del valor propio mediante seguidores y likes. Todo ello amplifica la tensión entre el «yo verdadero» y el «yo que quiero mostrar». Sin embargo, la fluctuación de la identidad no es necesariamente patológica. No dar una respuesta fácil a la pregunta «¿quién soy?» y poder permanecer en esa incertidumbre es, más bien, un signo de madurez psicológica.

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