Por qué ayudar a los demás te sana - Psicología y práctica del comportamiento altruista
Cuando sufres, parece imposible tener energía para ayudar a otros
Cuando no tienes margen emocional, el consejo de «intenta ayudar a alguien» puede sonar insensible. Si apenas puedes con lo tuyo, pensar en los demás parece fuera de lugar. Esa sensación es completamente legítima.
Sin embargo, la psicología y la neurociencia han demostrado repetidamente un hecho contraintuitivo: precisamente cuando más sufres, una pequeña contribución hacia otra persona acelera tu propia recuperación. No se trata de una cuestión espiritual, sino de un fenómeno basado en mecanismos fisiológicos y psicológicos medibles.
Cambios cerebrales que produce el comportamiento altruista
La neurociencia del «helper's high»
El acto de ayudar a otros activa el sistema de recompensa del cerebro. En concreto, se estimula la vía dopaminérgica desde el área tegmental ventral (VTA) hasta el núcleo accumbens, generando sensaciones de placer y logro. Este fenómeno se conoce como «helper's high» y comparte una base neuroquímica similar a la del «runner's high».
Además, cabe destacar que el comportamiento altruista promueve la secreción de oxitocina. La oxitocina, conocida como la «hormona del vínculo», aumenta la sensación de confianza, seguridad y conexión social. Para quienes sufren de soledad o aislamiento social, el altruismo es uno de los pocos medios para activar el sistema de oxitocina sin intervención farmacológica.
Efecto amortiguador sobre la respuesta al estrés
Una investigación de la Universidad de Buffalo (Poulin et al., 2013) realizó un seguimiento de personas que habían experimentado eventos estresantes durante el año anterior y descubrió que quienes habían ayudado a otros presentaban un riesgo de mortalidad por estrés significativamente menor. El comportamiento altruista posee un efecto directo de amortiguación frente al impacto del estrés.
Uno de los mecanismos propuestos es que el altruismo inhibe la activación excesiva del eje hipotalámico-hipofisario-adrenal (HPA). Es decir, ayudar a los demás tiene un efecto fisiológico que frena el descontrol de las hormonas del estrés.
Por qué «ayudar» se convierte en «ser ayudado»
Recuperación de la autoeficacia
Cuando estás inmerso en el sufrimiento, lo que más te desgasta es la sensación de impotencia: «no puedo hacer nada». Depresión, desempleo, enfermedad, ruptura de relaciones. En estas situaciones, la percepción de control sobre tu propia vida disminuye drásticamente.
El acto de ayudar a otra persona, por pequeño que sea, te devuelve la sensación de que «tengo la capacidad de ser útil para alguien». La «autoeficacia», concepto propuesto por el psicólogo Albert Bandura, es uno de los predictores más potentes de la salud mental, y el comportamiento altruista la refuerza directamente.
Interrupción del pensamiento rumiativo
Cuando sufres, tus pensamientos giran una y otra vez en torno a tus problemas. Esta rumiación está profundamente implicada en el desarrollo y mantenimiento de la depresión. Dirigir la atención hacia los problemas de otra persona interrumpe físicamente ese ciclo de rumiación.
No se trata de un simple efecto de «distracción». Al adoptar la perspectiva del otro, se produce un cambio cognitivo que te permite relativizar tus propios problemas y verlos desde un ángulo nuevo. Soluciones que eran invisibles mientras estabas atrapado en tu propio sufrimiento pueden aparecer inesperadamente mientras ayudas a alguien.
Reconstrucción de los vínculos sociales
El sufrimiento aísla a las personas. «No puedo ver a nadie en este estado», «no quiero ser una carga». Este aislamiento profundiza aún más el sufrimiento, creando un círculo vicioso. El comportamiento altruista se convierte en la puerta de entrada para romper ese ciclo.
Ayudar a alguien genera inevitablemente un punto de contacto con otra persona. Y la gratitud o la sonrisa de quien recibe la ayuda restaura la sensación de «soy parte de la sociedad», «mi existencia tiene sentido». Esta percepción de conexión social es la receta más eficaz contra la soledad.
Las trampas del comportamiento altruista
La frontera con el autosacrificio
El comportamiento altruista funciona de forma saludable solo cuando tus necesidades básicas están mínimamente cubiertas. Intentar ayudar a otros cuando no puedes ni dormir ni comer no es altruismo, sino autosacrificio, y acelera el agotamiento.
Es el mismo principio de las instrucciones de seguridad en los aviones: «colóquese primero su propia mascarilla de oxígeno antes de ayudar a los demás». Si te desplomas, no podrás ayudar a nadie. El altruismo no debe convertirse en una excusa para abandonar tu propio cuidado.
Sustituto de la necesidad de aprobación
Si continúas con el comportamiento altruista motivado por «quiero que me agradezcan» o «quiero que me vean como buena persona», experimentarás una profunda decepción cuando no recibas gratitud. Las investigaciones muestran que los efectos psicológicos del altruismo son mayores cuando no se espera nada a cambio. La gratitud es un subproducto, no un objetivo.
Acciones altruistas que puedes empezar sin esfuerzo
1. Apoyo con tu simple presencia
Ayudar no significa solo resolver problemas. Estar al lado de alguien que sufre, escucharle, decirle «ha debido de ser muy difícil». Solo con eso, la soledad de la otra persona se reduce enormemente. Y ese acto también alivia tu propia soledad al mismo tiempo.
2. Compartir tu experiencia
Las dificultades que superaste en el pasado se convierten en una guía valiosa para quienes atraviesan lo mismo. No necesitas ofrecer una solución perfecta. Compartir tu experiencia diciendo «yo también pasé por eso» o «así lo superé» ya le da esperanza a la otra persona. (Los libros sobre altruismo y felicidad pueden profundizar tu comprensión)
3. Pequeños actos de amabilidad en el día a día
Sujetar la puerta, devolver un objeto perdido, preparar un café a un compañero. Estos actos se completan en segundos, pero el sistema de recompensa del cerebro responde con certeza. La investigación de Sonja Lyubomirsky demostró que realizar conscientemente cinco pequeños actos de amabilidad a la semana aumenta significativamente el nivel de felicidad.
4. Contribución aprovechando tu especialidad
Utilizar tus habilidades o conocimientos para ser útil a alguien es especialmente eficaz para recuperar la autoeficacia. Si sabes programar, ayuda con la web de una ONG; si cocinas bien, lleva comida a una persona mayor que vive sola. La experiencia de que tus fortalezas ayudan a alguien refuerza poderosamente la convicción de que «tengo valor». (Los libros sobre voluntariado y contribución social también pueden ser un impulso para actuar)
Ayudar es conectar
La esencia del comportamiento altruista no es el autosacrificio, sino la recuperación de la conexión. Los seres humanos somos animales sociales y no podemos vivir de forma saludable sin vínculos significativos con los demás. Ayudar a alguien es la forma más directa de experimentar esa conexión.
Cuando sufres, no tienes por qué cargar con todo en soledad. Pero si te queda un poco de energía, intenta tender la mano a alguien que esté a tu lado. Esa mano sostiene a la otra persona y, al mismo tiempo, te sostiene a ti.