Mentalidad

Hipótesis del mundo justo

Creencia de que el mundo es justo y cada persona recibe lo que merece. Lo que la investigación de Lerner reveló es el incómodo hecho de que esta creencia subyace al mecanismo psicológico que lleva a culpar a las víctimas con un «algo habrá hecho».

El experimento de Lerner - ver sufrir a alguien nos impulsa a culpar a la víctima

La hipótesis del mundo justo es un concepto propuesto por Melvin Lerner en 1966. En su experimento más representativo, Lerner mostró a los participantes un vídeo de una persona recibiendo descargas eléctricas. Cuando se les colocaba en una situación en la que no podían ayudar a la víctima, los participantes comenzaban a evaluar negativamente su personalidad con el paso del tiempo. Razonaban que «esa persona debe tener algo que justifica su sufrimiento» para proteger su creencia en la justicia del mundo. Lerner denominó a esto «necesidad de un mundo justo» y reveló la profunda motivación psicológica que lleva a los seres humanos a atribuir una razón al sufrimiento porque no soportan la existencia de un dolor sin sentido. Este hallazgo fue revolucionario al demostrar que la culpabilización de la víctima no es fruto de la crueldad individual, sino un mecanismo cognitivo de autodefensa.

El mecanismo psicológico de la culpabilización de la víctima

La hipótesis del mundo justo actúa de forma más dañina en situaciones de culpabilización de la víctima (victim blaming). La reacción de «su ropa era provocativa» o «caminaba sola de noche» ante víctimas de agresión sexual, la evaluación de «no se esforzó lo suficiente» hacia personas en situación de pobreza, o el señalamiento de «tenía malos hábitos de vida» hacia quienes enferman: todo ello está impulsado por la hipótesis del mundo justo. El estudio de Zuckerman y Gerbasi de 1977 demostró que las personas con una creencia más fuerte en el mundo justo tienden más a culpar a las víctimas. Esta creencia funciona también como defensa contra el miedo a que «a mí podría pasarme lo mismo». Al encontrar un defecto en la víctima, se mantiene la sensación de seguridad de que «yo, que vivo correctamente, estoy a salvo».

Virtudes y defectos de la creencia «el esfuerzo se recompensa»

La hipótesis del mundo justo no es enteramente perjudicial. La investigación de Dalbert de 2001 mostró que las personas con una creencia moderadamente fuerte en el mundo justo presentan mejor salud mental y son capaces de perseverar en objetivos a largo plazo. La creencia «el esfuerzo se recompensa» funciona como motivación para actuar positivamente incluso en circunstancias difíciles. El problema surge cuando esta creencia se aplica a la interpretación de la desgracia ajena. La creencia en el mundo justo dirigida a uno mismo («mi esfuerzo será recompensado») es adaptativa, pero dirigida a los demás («su desgracia es culpa suya») conduce a la culpabilización de la víctima y a la legitimación de la desigualdad estructural. La investigación de Lipkus y Bissell demostró que estas dos creencias son psicológicamente separables, lo que hace teóricamente posible mantener la creencia para uno mismo mientras se inhibe su aplicación a los demás.

El punto ciego ante la desigualdad estructural

El impacto social más grave de la hipótesis del mundo justo es que reduce la desigualdad estructural a responsabilidad individual. Interpretar la pobreza como «resultado de la pereza» o la discriminación como «hipersensibilidad de la víctima» cumple la función de desviar la mirada de los problemas del sistema social. La «teoría de la justificación del sistema» de Jost y Banaji demostró que la creencia en el mundo justo funciona como mecanismo psicológico que legitima el orden social existente y mantiene la desigualdad. Como contramedida, el punto de partida es tomar conciencia de nuestra propia creencia en el mundo justo. Darse cuenta de que, al escuchar la desgracia de alguien, pensamos «debe haber una razón». Y cultivar conscientemente el hábito de mirar no solo el comportamiento individual, sino las condiciones estructurales que rodean a esa persona: oportunidades educativas, entorno económico, presencia o ausencia de apoyo social.

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