Granularidad emocional
Capacidad de distinguir con precisión las propias emociones y expresarlas con palabras adecuadas. Se considera que las personas con alta granularidad emocional son menos propensas a dejarse arrastrar por las emociones y más capaces de adoptar conductas de afrontamiento apropiadas.
Qué es la granularidad emocional
La granularidad emocional (Emotional Granularity) se refiere a la capacidad de identificar con detalle las emociones que se están experimentando y verbalizarlas. Es un concepto propuesto por la psicóloga Lisa Feldman Barrett y constituye el núcleo de la teoría de la emoción construida (Theory of Constructed Emotion). Por ejemplo, cuando se siente un estado de ánimo negativo, la forma en que se actúa después cambia enormemente según se perciba simplemente como «me siento mal» o se pueda distinguir entre «estoy frustrado», «me siento solo» o «estoy ansioso». Cuanto mayor es la granularidad, más precisamente se puede identificar la naturaleza de la emoción y más fácil resulta elegir una respuesta adecuada a la situación.
Diferencias entre alta y baja granularidad
Un estado de baja granularidad emocional significa no poder distinguir más que de forma burda todas las emociones negativas como «malestar» y las positivas como «bienestar». En este caso, al no quedar claro qué es lo que causa la incomodidad, se es más propenso a quedar dominado por una ansiedad o irritabilidad difusa. En cambio, una persona con alta granularidad puede identificar «esta incomodidad es la decepción de que mis expectativas fueron traicionadas», y por tanto puede elegir una respuesta concreta a la decepción: revisar las expectativas, hablar con la otra persona. Las investigaciones muestran que las personas con alta granularidad emocional regulan mejor sus emociones, son menos propensas a comportamientos agresivos y presentan menor dependencia del alcohol.
Cómo aumentar la granularidad emocional
La granularidad emocional puede entrenarse ampliando el vocabulario. Solo para la «ira» existen en español matices como indignación, irritación, rabia, rencor, cólera. El hábito de escribir las propias emociones en un diario o mediante journaling se convierte en un ejercicio para utilizar activamente este vocabulario. También resulta eficaz exponerse a novelas o películas e intentar verbalizar las emociones de los personajes. Lo importante no es intentar poner el «nombre correcto» a la emoción, sino la actitud misma de observar con cuidado el propio interior e intentar expresarlo de la forma más concreta posible. Esa acumulación va elevando gradualmente la resolución con la que se perciben las emociones.
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