Trabajo

Fatiga por compasión

Agotamiento físico y mental que se produce al empatizar de forma continuada con el sufrimiento ajeno. Es frecuente en profesiones de ayuda, pero también puede darse en las relaciones cotidianas.

Qué es la fatiga por compasión

La fatiga por compasión es el estado en el que la energía emocional propia se va agotando al empatizar repetidamente con el dolor y el sufrimiento de otros. Se observa con frecuencia en profesiones dedicadas al cuidado de los demás, como enfermería, psicología clínica, trabajo social, docencia o atención geriátrica, pero también puede afectar a quienes cuidan de un familiar o a quienes escuchan con frecuencia los problemas de sus amigos. El término se dio a conocer en 1992, cuando Carla Joinson lo abordó en una revista de enfermería, y en 1995 el psicólogo Charles Figley lo situó como una forma de «estrés traumático secundario». Al recibir indirectamente las experiencias traumáticas de otros, quien acompaña puede desarrollar reacciones similares al trauma.

La fatiga por compasión y el síndrome de desgaste profesional (burnout) se confunden con facilidad. Hay quien la considera una variante del burnout, pero por lo general se distinguen. El burnout es un agotamiento crónico derivado de la sobrecarga laboral o de problemas organizativos, mientras que la fatiga por compasión se atribuye a la implicación emocional con el sufrimiento ajeno. El burnout progresa de forma gradual, pero la fatiga por compasión puede desencadenarse de forma aguda a raíz de un caso especialmente impactante.

Señales de la fatiga por compasión

Los síntomas iniciales de la fatiga por compasión suelen pasar desapercibidos para la propia persona. Aparecen cambios como volverse insensible ante relatos que antes conmovían, perder repentinamente la motivación laboral o adoptar una actitud fría hacia pacientes o clientes. En el plano físico, se manifiestan insomnio, pesadillas, fatiga crónica y cefaleas. También son característicos los pensamientos intrusivos relacionados con el sufrimiento ajeno (por ejemplo, que la experiencia dolorosa de un paciente aparezca de repente en la mente en un momento cualquiera).

Lo problemático es que en las profesiones de ayuda se comparte con facilidad el valor de «anteponer al otro a uno mismo», de modo que, incluso cuando perciben su propio agotamiento, sienten que «no deben quejarse». Esta actitud genera un círculo vicioso que agrava aún más la fatiga por compasión.

Cómo prevenir la fatiga por compasión

La prevención y la recuperación de la fatiga por compasión requieren un esfuerzo consciente por compatibilizar la empatía con el autocuidado. En primer lugar, es fundamental establecer una frontera clara entre las emociones del otro y las propias. Comprender el sufrimiento ajeno y asumir ese sufrimiento como propio son actos diferentes. La práctica de la autocompasión (compasión hacia uno mismo) ayuda a cultivar el hábito de dirigir también hacia sí mismo el cuidado que se ofrece a los demás. Asimismo, el diálogo con compañeros en la misma situación y la supervisión periódica (reflexión guiada por un profesional) son fundamentales para no cargar en solitario con el peso emocional. Si el insomnio, las pesadillas o los pensamientos intrusivos se prolongan, conviene recurrir a profesionales externos: el servicio de salud laboral, un centro sanitario o un psicólogo. El desgaste no es falta de voluntad, sino una consecuencia del propio trabajo de cuidar.

Artículos relacionados

← Volver al glosario