Mentalidad

Concentración

Capacidad cognitiva de dirigir la atención de forma sostenida hacia un objeto determinado. Es un recurso limitado; la multitarea no distribuye la concentración, sino que la alterna a gran velocidad, y cada cambio conlleva un coste.

La esencia de la concentración

La concentración es la función cognitiva que permite seleccionar un objeto concreto de entre innumerables estímulos y mantener la atención sobre él de forma sostenida. Desde que William James la definió en 1890 como «la toma de posesión por la mente, de forma clara y vívida, de uno entre varios objetos o cadenas de pensamiento simultáneamente posibles», esta comprensión básica no ha cambiado. Lo que sí ha cambiado es la cantidad de estímulos que compiten por nuestra atención. Notificaciones del móvil, correos electrónicos, redes sociales: la atención del ser humano contemporáneo se ve fragmentada por más objetos que nunca.

Las cuatro funciones de la atención

La neurociencia clasifica la atención en cuatro funciones: atención sostenida (mantener la atención sobre un objeto durante un período prolongado), atención selectiva (elegir un estímulo entre varios), atención dividida (distribuir la atención entre múltiples objetos simultáneamente) y alternancia atencional (cambiar la atención de un objeto a otro). Cuando se siente que «no hay concentración», la estrategia adecuada varía según cuál de estas funciones esté afectada. Si uno se distrae constantemente durante una reunión, es un problema de atención sostenida; si no puede trabajar en un entorno ruidoso, es un problema de atención selectiva.

La ilusión de la multitarea

El cerebro humano no puede ejecutar simultáneamente dos o más procesos cognitivos complejos. Cuando se tiene la sensación de estar «haciendo multitarea», en realidad se está alternando la atención a gran velocidad (task switching), y cada cambio genera un «coste de conmutación». Investigaciones de la Universidad de Michigan demostraron que cada cambio de tarea produce una pérdida de entre 0,1 segundos y varios segundos para la reconfiguración cognitiva, y que cuanto más compleja es la tarea, mayor es este coste. Si a lo largo del día se alterna cientos de veces entre el correo y las tareas, la pérdida acumulada es enorme. El problema de concentración no suele ser una falta de capacidad, sino un fallo en el diseño del entorno.

Recuperar la concentración

Según la Teoría de la Restauración de la Atención (ART), el contacto con entornos naturales restaura los recursos atencionales agotados. Los entornos urbanos exigen constantemente «atención dirigida» (la función de dirigir conscientemente la atención), mientras que los entornos naturales estimulan suavemente la «atención involuntaria» (la que se activa sin esfuerzo) y permiten descansar la atención dirigida. Los estudios que muestran que un paseo de 20 minutos restaura la concentración se explican por esta teoría. Asimismo, técnicas como el Pomodoro, que intercalan pausas intencionadas, son eficaces precisamente porque parten de la premisa de que los recursos atencionales son finitos. La concentración no es algo que se entrena, sino algo que se gestiona.

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