Alimentación

Por qué comer picante produce placer - El mecanismo por el que la capsaicina engaña al cerebro

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El picante no es un «sabor»

Dulce, salado, ácido, amargo, umami. Los sabores básicos que la lengua humana puede detectar son 5, pero el «picante» no está entre ellos. El picante no es una sensación gustativa, sino una sensación de dolor. Lo que sientes como «picante» al comer chile no es el resultado de la activación de las papilas gustativas, sino de los receptores del dolor (TRPV1).

El TRPV1 es originalmente un sensor que detecta temperaturas superiores a 43 °C. Cuando acercas los labios a una sopa caliente y sientes «quema», es porque el TRPV1 se ha activado. La capsaicina (el componente picante del chile) activa químicamente este TRPV1. Es decir, el cerebro interpreta erróneamente que «la boca está ardiendo». Que sudes y te pongas rojo al comer picante se debe a que el cerebro activa una respuesta de enfriamiento ante una supuesta «quemadura bucal».

El mecanismo por el que el dolor se convierte en placer

Liberación de endorfinas: el mismo principio que el «subidón del corredor»

Cuando el cerebro detecta «dolor», libera endorfinas (opioides endógenos) para aliviarlo. Las endorfinas son neurotransmisores que producen analgesia y euforia similares a las de la morfina. El «subidón del corredor» que experimentan los maratonistas tras un agotamiento extremo se debe a esta liberación masiva de endorfinas.

Al comer picante, el cerebro responde al «dolor» bucal liberando endorfinas. Pero en realidad no hay daño tisular (la capsaicina solo activa el TRPV1, no destruye células). El resultado es que queda la euforia de las endorfinas sin dolor real. La sensación de «alivio» o «bienestar» tras comer picante se debe a estas endorfinas. (En libros sobre alimentación y neurociencia puedes profundizar en el tema)

«Masoquismo benigno»: el placer del dolor seguro

El psicólogo Paul Rozin, de la Universidad de Pensilvania, denominó «masoquismo benigno» (benign masochism) al acto de disfrutar del picante. Montañas rusas, películas de terror, baños muy calientes, comida picante. Lo que tienen en común es la situación de «el cuerpo detecta peligro, pero en realidad estás a salvo».

El cerebro da la alarma de «peligro», pero la razón juzga «tranquilo, estás a salvo». Esta contradicción genera un placer peculiar. La investigación de Rozin mostró que quienes gustan del picante disfrutan más con «el nivel de picante justo en el límite de lo que pueden soportar». Un picante fácil de comer no satisface, y un picante realmente doloroso no se disfruta. En la frontera entre «duele pero estoy bien» se encuentra el máximo placer.

Por qué solo los humanos comen picante

Entre los mamíferos, solo los humanos comen picante por gusto. Los demás mamíferos evitan la capsaicina. Es una reacción lógica: si el TRPV1 señala «peligro», un animal que lo coma a propósito estaría en desventaja para la supervivencia.

Curiosamente, las aves no reaccionan a la capsaicina a través del TRPV1, por lo que comen chiles sin problema. Esto beneficia al chile: las aves no digieren las semillas y las dispersan con sus excrementos, actuando como dispersoras. Los mamíferos, en cambio, trituran y digieren las semillas, por lo que para el chile son «comensales no deseados». La capsaicina evolucionó como defensa química para repeler mamíferos y que solo las aves se alimenten del fruto.

Que los humanos hayan superado esta defensa y disfruten del picante es probablemente un invento cultural. Hace unos 6.000 años comenzó el cultivo del chile en México y el placer del picante se difundió culturalmente. La capacidad de comer picante no se adquirió genéticamente, sino que es un «placer aprendido» mediante exposición repetida. (Los libros sobre historia de la cultura alimentaria también son una buena referencia)

El mecanismo de la «tolerancia» al picante

Al comer picante repetidamente, el mismo nivel de picante produce menos dolor. Esto se debe a la «desensibilización» del TRPV1. Con la exposición repetida a la capsaicina, la sensibilidad del TRPV1 disminuye y la respuesta dolorosa ante la misma cantidad de capsaicina se debilita. Que los amantes del picante busquen «algo más picante» se debe a que la desensibilización exige un estímulo más fuerte para obtener el mismo placer.

Resumen

El picante no es una sensación gustativa sino dolorosa, resultado de la activación química del sensor térmico TRPV1 por la capsaicina. Ante este «dolor falso», el cerebro libera endorfinas y, al no haber daño real, solo queda la euforia. Que solo los humanos disfrutemos del picante es producto de la capacidad cognitiva de convertir el «dolor seguro» en placer y del aprendizaje cultural. La próxima vez que sudes con un plato muy picante, recuerda: tu cerebro está siendo «engañado» creyendo que se quema, mientras se sumerge en la euforia de las endorfinas.

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