Dolor en el pecho: ¿ansiedad o corazón? - Cómo distinguir un ataque de pánico de una enfermedad cardíaca
Las causas del dolor torácico son muy diversas
Sentir dolor en el pecho y temer un infarto es una reacción natural. Sin embargo, de los pacientes que acuden a urgencias por dolor torácico, solo entre el 15 y el 25 % tienen una causa cardíaca real. La mayoría se debe a dolor musculoesquelético, problemas digestivos (reflujo gastroesofágico), enfermedades pulmonares o dolor torácico por ansiedad o ataques de pánico.
El dolor torácico causado por la ansiedad no es «imaginario». La hiperactividad del sistema nervioso simpático aumenta la demanda de oxígeno del miocardio y puede provocar espasmos en la microvasculatura coronaria, generando una molestia torácica real. Además, la tensión de los músculos de la pared torácica y los espasmos de los músculos intercostales pueden percibirse como dolor. Lo importante es distinguir adecuadamente el dolor torácico por ansiedad del causado por una enfermedad cardíaca y acudir al médico cuando sea necesario.
Características del dolor torácico en un ataque de pánico
Un ataque de pánico es un estado en el que una ansiedad intensa aparece de forma súbita junto con síntomas físicos que se presentan de golpe. El dolor torácico es uno de los síntomas principales del ataque de pánico y lo experimentan entre el 40 y el 70 % de los pacientes. El dolor torácico del ataque de pánico presenta las siguientes características.
La naturaleza del dolor es punzante y agudo, o se manifiesta como una presión generalizada en el pecho. La localización suele ser el centro del pecho o el lado izquierdo, aunque puede desplazarse. La duración habitual es de 5 a 20 minutos y disminuye gradualmente tras el pico del ataque (unos 10 minutos). Aparece incluso en reposo y se acompaña de otros síntomas de pánico como hiperventilación, palpitaciones, sudoración, temblores y despersonalización. Para más información sobre cómo actuar ante un ataque de pánico, consulte primeros auxilios ante un ataque de pánico.
Características del dolor torácico de origen cardíaco
El dolor torácico por angina de pecho o infarto de miocardio (cardiopatía isquémica) presenta características diferentes a las del ataque de pánico. La naturaleza del dolor se describe frecuentemente como «opresivo», «aplastante» o «como si tuviera una piedra pesada encima»; el dolor punzante agudo es poco habitual.
La localización típica es detrás del esternón (centro del pecho, ligeramente a la izquierda) y puede irradiar al hombro izquierdo, brazo izquierdo, mandíbula o espalda. En la angina de pecho se desencadena con el esfuerzo (subir escaleras, cargar objetos pesados, caminar deprisa) y se alivia con el reposo. En el infarto de miocardio el dolor persiste incluso en reposo y dura más de 20 minutos. Se acompaña de sudor frío, náuseas y dificultad respiratoria, con una sensación difusa de que «algo grave está ocurriendo».
Puntos de autocomprobación: 5 preguntas para distinguirlos
Cuando sienta dolor torácico, las siguientes 5 preguntas le ayudarán a evaluar la urgencia. Primera: ¿el dolor empeora con el ejercicio o la actividad física? El dolor de origen cardíaco empeora con el esfuerzo y mejora con el reposo. Segunda: ¿el dolor cambia con la respiración? Si empeora al respirar, se sospecha un problema musculoesquelético o pleural, y la probabilidad de origen cardíaco disminuye.
Tercera: ¿cuánto dura el dolor? Un dolor que desaparece en segundos tiene baja probabilidad de ser cardíaco; si dura más de 20 minutos, se sospecha un infarto. Cuarta: ¿se reproduce el dolor al presionar con el dedo? Si hay dolor a la presión, se trata de dolor musculoesquelético. Quinta: ¿qué otros síntomas lo acompañan? Si se acompaña de hiperventilación u hormigueo en las extremidades, se sospecha un ataque de pánico; si se acompaña de sudor frío o dolor irradiado al brazo izquierdo, se sospecha una enfermedad cardíaca.
Señales para acudir a urgencias
Si se cumple alguna de las siguientes condiciones, llame a una ambulancia o acuda a urgencias sin dudar: sensación de opresión o presión en el pecho que dura más de 20 minutos, dolor torácico acompañado de sudor frío, dolor irradiado al brazo izquierdo, mandíbula o espalda, alteración del nivel de consciencia, dificultad respiratoria grave.
Especialmente las personas mayores de 50 años, con hipertensión, diabetes, dislipidemia, antecedentes de tabaquismo o historia familiar de enfermedad cardíaca no deben minimizar el dolor torácico. Autodiagnosticarse como «probablemente un ataque de pánico» y retrasar la consulta es peligroso. Si las pruebas cardíacas resultan normales, ese mismo resultado se convierte en un elemento tranquilizador que ayuda a reducir la ansiedad.
Cómo manejar el dolor torácico causado por la ansiedad
Una vez confirmado que las pruebas cardíacas son normales, puede centrarse en el manejo del dolor torácico por ansiedad. Como medida inmediata cuando aparece el dolor, practique la respiración 4-7-8 (inhale 4 segundos, retenga 7 segundos, exhale en 8 segundos). Si está hiperventilando, reduzca conscientemente el ritmo respiratorio y cambie a respiración abdominal.
Como estrategia cognitiva, repítase: «este dolor es una respuesta corporal normal a la ansiedad y no es peligroso». También es útil recordar experiencias pasadas en las que tuvo los mismos síntomas y no ocurrió nada. Para una visión completa de cómo la ansiedad se manifiesta en el cuerpo, consulte síntomas físicos de la ansiedad.
Romper el círculo vicioso entre ansiedad y dolor torácico
El mayor problema del dolor torácico por ansiedad es que el propio síntoma genera más ansiedad, creando un círculo vicioso: sentir dolor torácico, sospechar una enfermedad cardíaca, aumentar la ansiedad, activar más el sistema nervioso simpático, empeorar el dolor. Para romper este ciclo, es eficaz reducir las «conductas de seguridad» (tomarse el pulso frecuentemente, acudir repetidamente a urgencias) y practicar la «exposición», es decir, continuar con las actividades normales a pesar de los síntomas. Al principio la ansiedad aumenta, pero con la repetición se produce el aprendizaje de que «tuve dolor torácico y no pasó nada».
Prevención a largo plazo y cuidado de la salud cardíaca
Si el dolor torácico por ansiedad se repite, es necesario tratar el trastorno de ansiedad subyacente. La terapia cognitivo-conductual (TCC) corrige los patrones de interpretación catastrofista del dolor torácico y previene las recaídas. La farmacoterapia con ISRS también ha demostrado alta eficacia en el trastorno de pánico.
Al mismo tiempo, son importantes los hábitos de vida que protegen la salud cardíaca: ejercicio aeróbico regular (al menos 150 minutos semanales), alimentación equilibrada, dejar de fumar, mantener un peso adecuado y gestionar el estrés. Realice un chequeo anual para controlar la tensión arterial, la glucemia y el perfil lipídico, y gestione los factores de riesgo de forma temprana. Dado que el estrés crónico también afecta negativamente al corazón, es importante comprender los efectos del estrés crónico en el cuerpo.
Tras experimentar dolor torácico puede surgir una ansiedad anticipatoria («¿volverá a ocurrir?»). Esta ansiedad anticipatoria activa por sí misma el sistema nervioso simpático e induce dolor torácico, formando un círculo vicioso. Una vez que las pruebas cardíacas hayan confirmado la ausencia de anomalías, confíe en ese resultado y practique repetirse que «esto es una respuesta de ansiedad y no es peligroso» cuando aparezcan los síntomas. Con el tiempo, el miedo al dolor torácico disminuirá de forma segura.