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Causas de los problemas cutáneos en primavera - Cuidados para proteger la piel del polen, los rayos UV y los cambios de temperatura

Este artículo se lee en unos 11 minutos Redacción y gestión: Kokomori

Tres razones por las que los problemas cutáneos se concentran en primavera

La piel que ha superado el invierno puede desestabilizarse de repente al llegar la primavera. Las causas se dividen en tres grandes grupos. En primer lugar, la dispersión del polen; en segundo lugar, el aumento brusco de la radiación ultravioleta; y en tercer lugar, la alteración del sistema nervioso autónomo por los cambios de temperatura. Lo complicado de la primavera es que estos tres factores llegan a la vez.

La piel cuya función barrera se ha debilitado por la sequedad invernal queda indefensa ante los estímulos externos. Cuando a ese estado se suman el polen y la radiación ultravioleta, aparecen problemas combinados: picor, enrojecimiento, granitos y sequedad. Los problemas cutáneos de la primavera no responden a una sola causa, sino a la superposición de varios factores, de modo que las medidas también deben ser variadas.

El mecanismo por el que el polen daña la piel

Al hablar de alergia al polen se piensa en la congestión nasal y los estornudos, pero también afecta seriamente a la piel. Las partículas de polen contienen enzimas que actúan sobre el estrato córneo y, si se dejan sobre la superficie de la piel, se considera que la función barrera se debilita. Cuando los componentes del polen penetran por las zonas donde la barrera está dañada, el sistema inmunitario reacciona y se produce inflamación.

El principal alérgeno del polen de cedro japonés es una proteína denominada Cry j 1 que, al introducirse por una piel debilitada, se convierte en el desencadenante de la reacción alérgica. La piel con la barrera adelgazada pierde agua con facilidad, la sequedad provoca picor y el rascado desgasta aún más la barrera, con lo que resulta fácil entrar en un círculo vicioso. El enrojecimiento del contorno de los ojos y de las mejillas durante la temporada del polen, conocido como dermatitis por polen, se produce por este mecanismo.

Como medidas resulta eficaz lavarse la cara en cuanto se llega a casa para retirar el polen, y aplicar antes de salir una capa fina de un producto protector, como vaselina o un bálsamo, para evitar que el polen se adhiera. No hace falta frotar al limpiar: basta con enjuagar suavemente con agua tibia para eliminar la mayor parte del polen.

La radiación UV de la primavera sube con fuerza desde pleno invierno

De marzo a abril, la cantidad de radiación ultravioleta aumenta con rapidez. Los valores medios mensuales del índice UV que publica la Agencia Meteorológica de Japón también suben mucho en poco tiempo, desde el nivel de pleno invierno hasta la primavera. Sin embargo, como todavía hay muchos días frescos, la conciencia de aplicarse protector solar se relaja. Ese descuido es lo que acelera el daño cutáneo de la primavera.

La radiación ultravioleta A (UVA) llega hasta la dermis, donde destruye el colágeno y la elastina y priva a la piel de su elasticidad. La radiación ultravioleta B (UVB) inflama la epidermis y estimula la producción de melanina, causa de las manchas. Como la UVA varía menos con las estaciones que la UVB, ya durante las semanas frescas de la primavera llega a la piel en cantidades considerables. También desde el punto de vista del cuidado antiedad, la protección solar en primavera resulta imprescindible.

Lo aconsejable es empezar a usar el protector solar en serio a partir de marzo. Conviene elegir un producto con SPF30 o superior y PA+++ o superior, y lo ideal es reaplicarlo cada dos horas. Si además se superpone unos polvos faciales con protección solar, sirven también como medida contra el polen, porque ayudan a que no se adhiera.

Los cambios de temperatura alteran el sistema nervioso autónomo y repercuten en la piel

En primavera no es raro que la temperatura varíe más de 10 grados en un mismo día. Cuando el cuerpo intenta adaptarse a ese cambio brusco, el sistema nervioso autónomo trabaja en exceso. Su alteración provoca mala circulación y un retraso de la renovación celular, lo que se traduce en un tono apagado y una textura áspera.

Los cambios de temperatura también desequilibran la secreción de sebo. Cuando la temperatura sube aumenta la cantidad de sebo y cuando baja disminuye, así que la condición de la piel no se estabiliza a lo largo del día. Aparecen con facilidad síntomas propios de la piel mixta: brillos por la mañana y sequedad al final de la tarde.

Como medidas básicas están ajustar la ropa teniendo en cuenta la diferencia de temperatura entre el interior y el exterior, y calentar el cuerpo con el baño para equilibrar el sistema nervioso autónomo. En el cuidado de la piel se requiere una respuesta flexible, adaptada al estado de la piel, como variar la cantidad de hidratación entre la mañana y la noche.

Tres puntos prioritarios en el cuidado de la piel en primavera

Lo más importante del cuidado de la piel en primavera son tres pasos: proteger, retirar y restaurar. Proteger consiste en resguardar físicamente la piel de los estímulos externos con protector solar y un producto que refuerce la barrera. Retirar significa eliminar cuanto antes el polen y la suciedad al volver a casa. Y por último, restaurar es el cuidado hidratante que restaura la función barrera.

En la hidratación resultan eficaces los productos que contienen ceramidas y ácido hialurónico. Las ceramidas son el componente principal de los lípidos intercelulares del estrato córneo, por lo que se relacionan directamente con el mantenimiento de la función barrera. Para reparar una barrera dañada por el polen, conviene incorporar activamente sérums y lociones con ceramidas.

La primavera es, además, la estación en la que apetece probar productos nuevos, pero hay que evitar introducir varios a la vez en un momento en que la piel está sensible. Probarlos de uno en uno, dejando una semana o más entre ellos, es lo seguro.

Hábitos de cuidado que hay que evitar en la temporada del polen

Hay conductas en las que se cae con facilidad durante la temporada del polen. La primera es frotarse la piel porque pica. La fricción destruye aún más la función barrera y agrava la inflamación. Cuando aparece el picor, lo indicado es aplicar una toalla fría o calmar la zona con una loción que contenga un componente antiinflamatorio, como el glicirricinato dipotásico.

La segunda es el uso de peelings y exfoliantes. Todo lo que arranca la capa superficial resulta demasiado agresivo para la piel primaveral, con la barrera debilitada. Se entiende el deseo de estimular la renovación celular, pero lo prudente es dejarlo hasta que termine la temporada del polen.

También hay que evitar lavarse la cara con agua caliente. El agua por encima de los 40 grados arrastra en exceso el factor natural de hidratación (NMF) y la película de sebo, y acelera la sequedad. Con agua tibia, en torno a los 32 grados, algo por debajo de la temperatura corporal, se retiran el polen y la suciedad conservando el sebo necesario.

El cuidado desde el interior previene los problemas cutáneos

Contra los problemas cutáneos de la primavera es imprescindible un enfoque desde el interior del cuerpo, no solo el cuidado de la piel. Mejorar el entorno intestinal contribuye a normalizar el equilibrio inmunitario, de modo que cabe esperar que reduzca la reacción excesiva al polen. Conviene tomar de forma consciente alimentos fermentados y fibra.

La vitamina C, además de su acción antioxidante, estimula la producción de colágeno y ayuda a recuperarse del daño ultravioleta. Las vitaminas del grupo B intervienen en el control de la secreción de sebo y en la normalización de la renovación celular. Tomar estas vitaminas con atención especial en primavera eleva la capacidad de recuperación de la piel.

El sueño es otro elemento importante. La hormona del crecimiento se segrega durante el sueño e impulsa la reparación y la regeneración de la piel. La primavera es también una estación en la que el ritmo del sueño se altera con facilidad por el cambio en las horas de luz, así que hace falta organizarse para mantener una hora fija para acostarse.

Qué hacer cuando los problemas cutáneos de la primavera se prolongan

Si tras dos semanas o más de cuidados adecuados no hay mejoría, conviene valorar acudir a dermatología. Cuando la dermatitis por polen se agrava, resulta difícil abordarla solo con productos de venta libre. En dermatología se recurre a antihistamínicos por vía oral o a un tratamiento corto e intensivo con corticoides tópicos.

También hay casos en los que lo que se tomaba por un problema cutáneo propio de la primavera era en realidad un empeoramiento de una dermatitis atópica o de una dermatitis de contacto. Obtener un diagnóstico preciso de un especialista es un camino más corto hacia la recuperación que seguir cambiando de productos por cuenta propia.

Quien repite los mismos problemas cutáneos cada año en el cambio de estación puede aliviar los síntomas si empieza un mes antes del inicio de la dispersión del polen con un cuidado orientado a reforzar la barrera. El enfoque preventivo es la clave para reducir al mínimo los problemas de la piel en primavera.

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