Música y arte

La diferencia entre la música para concentrarse y la música para descansar - cómo elegir según el propósito

Este artículo se lee en unos 7 minutos Redacción y gestión: Kokomori

Con la misma canción no se consiguen las dos cosas

Pones música para trabajar. El ánimo sube, pero media hora después echas la vista atrás y no has avanzado. Luego quieres descansar, pones las mismas canciones y ahora resulta que no logras calmarte.

Que la música actúa sobre el cuerpo y sobre la mente es algo sabido. Sin embargo, tratarla como un bien indiferenciado, dando por supuesto que la música es simplemente buena, no explica esta incomodidad.

Concentrarse y descansar piden estados opuestos. Concentrarse consiste en mantener la activación dentro de una franja determinada mientras se estrecha la atención sobre un solo punto; descansar consiste en dejar que la activación baje y que la atención se disperse. Si las direcciones son opuestas, también tiene que ser distinta la música que cada una necesita.

Qué cambia el hecho de que haya letra

La variable de mayor efecto es si la música lleva palabras o no.

Cuando estás haciendo un trabajo que maneja lenguaje, la letra compite por el mismo procesamiento. Escribir un texto, leer, ordenar ideas a medio formar: en tareas así, las palabras que llegan al oído interfieren. La letra en la lengua materna interfiere con especial fuerza, porque el procesamiento que extrae el significado se pone en marcha de forma automática.

Por eso, al trabajo que usa lenguaje le va bien la música sin letra. Las piezas instrumentales, los sonidos ambientales o una letra en un idioma extranjero reducen la interferencia, aunque con cualquier lengua que puedas entender siempre queda algo.

A la inversa, en el trabajo que no usa lenguaje no importa que haya letra. La introducción de datos rutinaria, ordenar la casa, hacer ejercicio. En este caso la letra cumple la función de rellenar el aburrimiento y ayuda a sostener la tarea.

En el descanso influye más el contenido que la simple presencia de palabras. Una letra que remueve las emociones con fuerza no empuja en la dirección de serenarse.

La relación entre el tempo y el latido del corazón

La música rápida invita a la actividad y la música lenta serena. Esta relación se conoce por experiencia y se observa también como respuesta del cuerpo.

Como referencia práctica, si el objetivo es descansar conviene elegir un tempo más lento que el latido en reposo. Piezas instrumentales pausadas, música con abundancia de sonidos sostenidos. Calmarse mientras suena algo rápido resulta difícil.

Para concentrarse, el razonamiento cambia un poco. En las tareas que amenazan con dar sueño, la música con cierto tempo sostiene la activación. Al contrario, si ya estás tenso y vas a enfrentarte a algo difícil, una música más lenta contiene la excitación de sobra.

Es decir, la música para concentrarse no la determina solo la naturaleza de la tarea, sino también el estado en que te encuentras en ese momento. Si tienes sueño o si vas con prisa. Un mismo deseo de concentrarse puede exigir direcciones opuestas.

Cuándo conviene elegir una canción conocida

La tercera variable es hasta qué punto tienes esa música ya oída.

Una pieza que escuchas por primera vez no te permite predecir cómo va a seguir. El sonido que no se puede predecir atrae la atención hacia sí. Por eso la música nueva tiende a estorbar el trabajo.

La canción muy escuchada no guarda sorpresas en su desarrollo, así que no reclama atención. Se hunde en el fondo y no rompe el Estado de flujo, la absorción en la tarea. Quien pone el mismo disco en bucle mientras trabaja está aprovechando justo esta propiedad.

Por otro lado, las canciones muy ligadas a los recuerdos son otro caso. Una pieza que evoca una época concreta remueve las emociones y trae la memoria consigo. Eso la hace poco apta para trabajar, pero útil de verdad para descansar o para cambiar de registro.

Cuando entiendes esta división, el criterio para elegir música de trabajo se vuelve nítido. No las canciones que te gustan, sino las que no te reclaman nada. El gusto y la función son dos ejes distintos.

El trabajo al que le va bien el silencio

Resulta más práctico pensar incluyendo también la opción de no usar música.

Los juicios complejos, el contenido que abordas por primera vez, el trabajo que maneja varias informaciones a la vez. En estas situaciones la Carga cognitiva ya es alta y lamentas hasta la parte del procesamiento que se lleva la música. En silencio se avanza más.

Aun así, hay personas a las que el silencio completo les sienta mal. Si está demasiado callado, los pequeños ruidos de fuera y los propios pensamientos se vuelven llamativos. En ese caso encaja un sonido ambiental con pocos cambios: la lluvia, un ventilador, el tráfico lejano. El mecanismo por el cual el ruido de fondo ayuda a trabajar aborda precisamente esta propiedad.

Y en el descanso también hay veces en que el silencio es lo mejor. Hay ocasiones en que detener por completo el procesamiento del sonido se convierte en el descanso más profundo.

Prepara tres listas propias

A partir de todo lo anterior, lo práctico es tener la música preparada por finalidades. Con tres basta.

La primera es para el trabajo que usa lenguaje. Sin letra, tempo medio, música muy conocida. Ajusta la duración al tiempo de trabajo para no tener que ponerte a elegir otra cosa a mitad de camino.

La segunda es para el trabajo monótono. Con letra, tempo más bien rápido. Aquí puedes meter tus canciones preferidas sin problema. Como el objetivo es sostener la tarea, que el ánimo suba juega a tu favor.

La tercera es para descansar. Tempo lento, nada que remueva las emociones con fuerza, letra discreta. Si la usas antes de dormir, es mejor que tenga un final fijado y conviene configurarla para que la reproducción automática no siga sin parar.

Con estas tres preparadas puedes elegir según el propósito en unos segundos, y desaparece también el tiempo que antes gastabas en decidir qué escuchar cada vez que te ponías a trabajar. Visto junto al modo en que la música alivia la tensión, el propio acto de elegir se convierte en una manera de comprobar tu estado. Si hoy quieres subir la activación o bajarla. A través de ese juicio se va haciendo visible el tipo de cansancio que llevas encima.

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