Salud

Luchar contra el estigma de las enfermedades mentales - Cómo los prejuicios obstaculizan la recuperación

Este artículo se lee en unos 8 minutos Redacción y gestión: Kokomori

La realidad del estigma

Muchas personas con una enfermedad mental cargan, al margen de los síntomas en sí, con la dificultad de vivir sometidas a prejuicios y discriminación, es decir, al estigma. No es raro que alguien siga acudiendo a consulta mientras oculta el diagnóstico a su entorno laboral y a sus familiares, porque el miedo a que «me bajen la valoración si se sabe» o a que «cambie la relación» hace difícil pronunciar el nombre de la enfermedad. En Japón sigue muy arraigada la visión que vincula las enfermedades mentales con «el carácter o la voluntad de la persona», y cuando hay un compañero de trabajo o un vecino con una enfermedad mental, no son pocas las reacciones de quienes se distancian simplemente porque no saben cómo tratarle.

El estigma actúa en tres niveles: el estigma social (prejuicios de la sociedad en general), el estigma estructural (discriminación incorporada en instituciones y leyes) y el más destructivo, el autoestigma (cuando la propia persona afectada interioriza los prejuicios). El autoestigma es más dañino que la discriminación externa, porque mientras puedes evitar los prejuicios del exterior, no puedes escapar de los que están dentro de tu propia mente.

Cómo el estigma obstaculiza la recuperación

Retraso en la consulta médica

«Es vergonzoso ir al psiquiatra», «no quiero que los demás se enteren». Este miedo impide la consulta temprana cuando los síntomas aún son leves. En la depresión no es raro que pase mucho tiempo entre la aparición de los síntomas y la primera consulta real. Cambios como no dormir, no tener apetito o no encontrar motivación se interpretan como «solo estoy cansado» o «no me estoy esforzando lo suficiente», y así se va postergando la decisión de acudir a un profesional. Este retraso provoca el agravamiento de los síntomas y la prolongación del periodo de recuperación. Nadie diría «me da vergüenza ir al hospital» por una fractura, y sin embargo las enfermedades del cerebro reciben un trato diferente: esto es irracional.

Interrupción del tratamiento

«No quiero que sepan que tomo medicación», «me da miedo que descubran que voy a consulta». El temor al estigma dificulta la continuidad del tratamiento. Muchas personas que interrumpen por cuenta propia los antidepresivos mencionan el estigma como una de las razones. La interrupción brusca de antidepresivos puede provocar síntomas de abstinencia y empeorar el estado.

El círculo vicioso del autoestigma

Cuando se interiorizan los prejuicios sociales, surge la autonegación: «soy débil por tener una enfermedad mental», «no tengo valor». Este autoestigma empeora los propios síntomas de la depresión y genera un círculo vicioso que retrasa aún más la recuperación. El núcleo de este círculo es la incapacidad de reconocer la inversión causal: no es «enfermé porque soy débil» sino «me siento débil porque estoy enfermo».

Aislamiento social

El miedo al estigma también provoca la ruptura de relaciones. El deseo de ocultarlo lleva a distanciarse de amigos y familiares, dejando a la persona sin nadie a quien acudir. El aislamiento es uno de los factores más nocivos para la recuperación de una enfermedad mental. Y cuantas más personas esconden su experiencia por miedo a los prejuicios, más tiempo se sigue tratando la enfermedad mental como «un problema de alguien lejano, de nadie cercano», y menos avanza la comprensión del conjunto de la sociedad.

Qué puede hacer cada persona para reducir los prejuicios

1. Cambiar el lenguaje

En lugar de «esa persona es un enfermo mental», decir «esa persona tiene una enfermedad mental». Adoptar un lenguaje de «persona primero», que no define a la persona por su enfermedad sino que la reconoce como un ser humano que tiene una condición, contribuye a reducir los prejuicios. También es importante no usar los términos despectivos con los que se designa a las personas con enfermedades mentales, de los que el japonés coloquial tiene varios en circulación. El lenguaje tiene el poder de moldear sesgos inconscientes.

2. Compartir tu experiencia (si es posible)

Hablar abiertamente sobre la experiencia con una enfermedad mental es una de las estrategias más poderosas para reducir el estigma. Cuando alguien dice «yo también pasé por una depresión», cambia la percepción de quienes le rodean y otras personas afectadas sienten que «no están solas». Sin embargo, esto solo debe hacerse en un entorno seguro y no hay obligación de revelarlo. Dependiendo de las dinámicas de poder en el trabajo o la cultura local, la revelación puede ser un riesgo, por lo que se recomienda empezar con personas de confianza.

3. Difundir conocimiento correcto

Las enfermedades mentales no se curan con «pensar en positivo»; son condiciones médicas que implican cambios neuroquímicos en el cerebro. Transmitir este hecho básico a quienes nos rodean socava la base de los prejuicios. La explicación «la depresión es una disfunción del sistema serotoninérgico del cerebro, igual que la diabetes es un problema de insulina» ayuda a muchas personas a comprender.

4. Alzar la voz ante comentarios prejuiciosos

«Ir al psiquiatra es exagerar», «depender de medicamentos es debilidad». Cuando escuchamos estos comentarios, señalar con calma «creo que eso es un prejuicio» va cambiando poco a poco el ambiente social. No es necesario ser confrontativo, pero el silencio puede interpretarse como aprobación tácita. Preguntar «si alguien cercano a ti desarrollara una enfermedad mental, ¿dirías lo mismo?» es un método eficaz para invitar a la reflexión.

Malentendidos comunes y hechos

  • Malentendido: Solo las personas «mentalmente débiles» enferman. Hecho: Cualquiera puede desarrollar una enfermedad mental por una combinación de genética, química cerebral y estrés ambiental.
  • Malentendido: Las personas con enfermedades mentales son peligrosas. Hecho: La probabilidad de violencia no difiere significativamente de la población general; de hecho, es más probable que sean víctimas de violencia.
  • Malentendido: La medicación es solo un «parche». Hecho: Los antidepresivos corrigen desequilibrios químicos cerebrales y son un tratamiento médico equivalente a las inyecciones de insulina.

Siguiente paso

El estigma hacia las enfermedades mentales es una de las mayores barreras para la recuperación de los afectados. Cambiar el lenguaje, difundir conocimiento y alzar la voz contra los prejuicios: las pequeñas acciones de cada persona construyen una sociedad donde quienes tienen una enfermedad mental puedan recibir tratamiento con tranquilidad.

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