Comunicación

Escuchar a alguien que sufre - Qué hacer cuando no sabes qué decir

Este artículo se lee en unos 8 minutos

«No saber qué decir» es normal

Cuando alguien importante para ti está sufriendo, es natural sentir la urgencia de «decir algo apropiado» es natural. Sin embargo, lo que más necesita una persona que sufre no son las palabras perfectas, sino la sensación de «estar siendo escuchada». Las investigaciones en psicología del counseling muestran que aproximadamente el 30% del efecto terapéutico se atribuye a la «calidad de la relación terapéutica» (la sensación de ser escuchado).

Es decir, simplemente «escuchar» es mucho más importante que encontrar las palabras perfectas. Muchas personas guardan silencio porque no saben qué decir, pero ese mismo silencio puede ser la puerta de entrada al consuelo para la otra persona. No necesitas encontrar la respuesta correcta. El simple hecho de estar ahí y prestar atención ya es un apoyo.

Por qué «escuchar» es más difícil que «hablar»

Los seres humanos tienen un instinto de querer resolver los problemas cuando los detectan. Cuando alguien cercano sufre, el impulso de «querer arreglarlo» es poderoso. Sin embargo, actuar siguiendo ese impulso suele acabar tapando las emociones de la otra persona.

Hay otra razón por la que escuchar es difícil. Cuando nos enfrentamos al sufrimiento ajeno, nos confrontamos con nuestra propia impotencia. La sensación de «no puedo hacer nada» es incómoda, y sentimos la necesidad instintiva de hacer algo. Pero sentirse impotente y no aportar nada son cosas distintas. Tu presencia misma, el acto de escuchar, es un enorme regalo para la otra persona.

Qué debes hacer

1. Cerrar la boca y escuchar

Cuando la otra persona habla, no interrumpas. Si se produce un silencio, no intentes llenarlo a la fuerza. El silencio no es «tiempo en el que no pasa nada», sino tiempo en el que la otra persona está organizando sus emociones. Tolerar el silencio es la forma de escuchar más difícil y más valiosa.

Concretamente, cuando la otra persona se queda sin palabras, espera de 5 a 10 segundos sin decir nada. En la mayoría de los casos, está buscando palabras dentro de sí. Si llenas ese silencio, lo que realmente quería decir quizá nunca llegue a expresarse.

2. Reflejar las emociones

«Eso debe ser muy duro», «es normal que sientas rabia», «qué triste». Devolver con palabras las emociones del otro, lo que se llama «reflejo emocional», es una técnica básica del counseling. La otra persona siente que «sus emociones han sido comprendidas» y le resulta más fácil hablar de aspectos más profundos. (Los libros sobre escucha activa permiten aprender técnicas concretas)

Lo importante en el reflejo emocional no es la precisión, sino transmitir la actitud de «estoy intentando comprender cómo te sientes». Incluso si dices «pareces triste» y la otra persona te corrige con «no es tristeza, es más bien rabia», eso no es un fracaso. Le diste la oportunidad de verbalizar sus propias emociones.

3. No usar «pero»

«Entiendo que es duro, pero...». Este «pero» se percibe como un mensaje que niega las emociones del otro. «Pero piensa en positivo», «pero hay gente que lo pasa peor», «pero el tiempo lo cura todo». Todo con buena intención, pero todo minimiza el dolor del otro.

Hay frases que puedes usar en lugar de «pero». «Es completamente lógico sentirse así», «eso muestra lo difícil que es para ti», «cualquiera en esa situación sentiría lo mismo». Estas funcionan como mensajes que aceptan las emociones de la otra persona.

4. Abstenerse de dar consejos

Ante alguien que sufre, es un impulso natural querer ofrecer soluciones. Sin embargo, en la mayoría de los casos, la otra persona no busca consejos. Quiere «ser escuchada», no «que le resuelvan el problema». Los consejos solo se ofrecen cuando la otra persona pregunta explícitamente «¿qué crees que debería hacer?».

La razón por la que los consejos no solicitados son dañinos es que contienen un mensaje implícito: «Tu problema es fácil de resolver, ¿por qué no lo haces tú?». La persona ya ha estado pensando por su cuenta y sufre precisamente porque no encuentra una respuesta.

Qué no debes hacer

No comparar

«A mí me pasó lo mismo», «hay gente que lo pasa peor». Comparar el sufrimiento minimiza el dolor del otro. Aunque hayas tenido una experiencia similar, el sufrimiento del otro es único y propio.

No imponer positividad

«Piensa en positivo», «seguro que vendrán cosas buenas», «todo tiene un sentido». Estas palabras se denominan «positividad tóxica» y funcionan como un mensaje que niega las emociones negativas del otro. Sentir dolor en momentos dolorosos es una respuesta normal, y negar eso puede incluso retrasar la recuperación.

No desviar la conversación hacia ti

Mientras escuchas al otro, puede que empieces a contar «en realidad yo también...» y a hablar de tu propia experiencia. Aunque sea con intención de empatizar, para el otro se siente como que «le han robado la conversación». Ahora es su momento. (Los libros sobre comunicación también son una buena referencia)

Error común: ¿No es insuficiente solo escuchar?

Muchas personas se preguntan: «¿Realmente ayuda solo escuchar?». Sin embargo, la investigación acumulada muestra que la experiencia de ser escuchado reduce la secreción de cortisol (la hormona del estrés) en el cerebro. Es decir, escuchar es un acto con efectos fisiológicos literales.

Otro error común es el miedo a que «si no digo lo correcto, le haré daño». En realidad, el riesgo de decir «algo incorrecto» es mucho menos dañino que distanciarse y no decir nada en absoluto. Aunque seas torpe haciéndolo, estar presente es lo mejor que puedes hacer.

Si mencionan pensamientos suicidas

Si la persona dice cosas como «quiero morirme» o «desearía desaparecer», es natural sentirse conmocionado, pero no ignores esas palabras ni cambies de tema. Acepta lo que ha dicho con algo como «así es como te sientes ahora» y ayuda a conectarle con apoyo profesional. En Japón se puede contactar con Inochi no Denwa (0570-783-556) o #Inochi SOS (0120-061-338). No tienes que cargar con esto solo.

No olvides cuidarte a ti mismo

Escuchar continuamente el sufrimiento ajeno también supone una carga psicológica para quien escucha. Para prevenir lo que se conoce como «fatiga por compasión», cuida también de ti mismo. Tómate tiempo después de escuchar para procesar tus propias emociones, habla con alguien de confianza sobre cómo te sientes, y si es necesario, di con honestidad «hoy no puedo escuchar más».

Reconocer tus propios límites no es abandonar a la otra persona. Al mantener tu propio bienestar, haces posible seguir apoyándola a largo plazo. No necesitas resolverlo todo en una sola conversación. Decir «estoy aquí para escucharte otra vez» proporciona un apoyo sostenido.

El siguiente paso

Lo que puedes practicar desde hoy es recibir las palabras de la otra persona tal como son, en lugar de intentar añadir algo. La próxima vez que alguien te confíe su sufrimiento, intenta soltar el impulso de decir algo ingenioso. En su lugar, mírala a los ojos, asiente y transmite «te estoy escuchando». Eso solo ya es suficiente.

Resumen

No existen las palabras perfectas para alguien que sufre. Lo necesario es cerrar la boca y escuchar, reflejar las emociones y abstenerse de dar consejos. Tu «actitud de escucha» en sí misma es el mayor apoyo para la otra persona.

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