Estigma

Cómo afrontar el estigma de la enfermedad mental

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El estigma de la enfermedad mental: un muro invisible

No poder decir en el trabajo que te han diagnosticado depresión. Ocultar a tu familia que acudes a consulta por trastorno de pánico. Tener miedo de que te digan «solo eres débil de mente» y no poder consultar a nadie. Muchas personas con enfermedades mentales cargan, además del sufrimiento de la propia enfermedad, con la doble carga del estigma social (prejuicio y discriminación).

Según el informe de la OMS de 2022, aproximadamente 1 de cada 8 personas en el mundo experimenta algún tipo de enfermedad mental, y sin embargo el estigma hacia las enfermedades mentales sigue profundamente arraigado. El estigma no es simplemente «falta de comprensión», sino un problema estructural que obstaculiza el comportamiento de búsqueda de tratamiento, retrasa la recuperación y profundiza el aislamiento social.

La estructura de tres capas del estigma

Estigma público (Public Stigma)

Es la actitud negativa que la sociedad en su conjunto mantiene hacia las enfermedades mentales. Estereotipos como «las personas con enfermedad mental son peligrosas» o «les pasa a quienes no saben cuidarse» se reproducen a través de los medios de comunicación y las conversaciones cotidianas. Una encuesta internacional de 2016 mostró que la distancia social hacia la esquizofrenia (como «no querría tenerlo de vecino») se encontraba en niveles altos en más de la mitad de los países encuestados.

Estigma estructural (Structural Stigma)

Son los mecanismos a nivel institucional y organizativo que perjudican a las personas con enfermedades mentales. Restricciones para contratar seguros, desventajas en la búsqueda de empleo, escasa asignación presupuestaria a la atención psiquiátrica. Estos factores, independientemente de los prejuicios individuales, fijan la discriminación como sistema.

Autoestigma (Self-Stigma)

Lo más problemático es el «autoestigma», que consiste en dirigir los prejuicios sociales hacia uno mismo. Cuando se internalizan creencias como «soy una persona débil por tener una enfermedad mental» o «no valgo nada siendo así», la autoestima disminuye, surge resistencia a recibir tratamiento y se cae en un círculo vicioso que retrasa la recuperación. La investigación de Patrick Corrigan (2002) demostró que el autoestigma está fuertemente asociado con la interrupción del tratamiento y la evitación de la participación social.

Desmontar el autoestigma

Abordar el autoestigma es una tarea prioritaria, incluso antes de intentar cambiar los prejuicios externos. Porque mientras uno mismo crea que «enfermedad mental = vergüenza», el sufrimiento interno continuará por mucho que mejore el entorno.

1. Separar la enfermedad del yo

En lugar de «soy depresivo», reformular como «estoy experimentando una depresión». Esta es una técnica llamada «externalización» en la terapia narrativa, que al separar la enfermedad de la identidad, rompe la ecuación «enfermedad = mi esencia».

2. Reunir contraejemplos

Recopilar conscientemente contraejemplos a la creencia de que «las personas con enfermedad mental son débiles». Personas que han destacado mientras experimentaban una enfermedad mental, casos de recuperación tras recibir tratamiento, el hecho médico de que las enfermedades mentales son problemas funcionales del cerebro y no tienen relación con la «debilidad de carácter». Al confirmar repetidamente estos contraejemplos, los prejuicios interiorizados se debilitan gradualmente. (Los libros sobre salud mental son una buena referencia)

3. Conectar con comunidades seguras

La conexión con personas que comparten experiencias similares es un poderoso antídoto contra el autoestigma. Obtener la sensación de «no estoy solo» en grupos de apoyo entre pares, comunidades en línea o asociaciones de afectados alivia el sentimiento de aislamiento y vergüenza.

Cómo protegerte en un entorno con prejuicios

Tener criterios para decidir sobre la revelación

A quién y hasta qué punto revelar una enfermedad mental es completamente una elección personal. Los siguientes criterios ayudan a tomar la decisión de revelarlo.

  • ¿Es esa persona de confianza? (¿Ha guardado secretos en el pasado?)
  • ¿Hay beneficios concretos al revelarlo? (Obtener consideración, reducir el aislamiento, etc.)
  • ¿Cuál es el coste de no revelarlo? (El estrés de seguir ocultándolo, no poder recibir el apoyo necesario, etc.)

Establecer límites

Ante comentarios basados en prejuicios, practica trazar límites con calma diciendo «creo que esa forma de expresarlo no es precisa». No es necesario luchar contra todos los prejuicios, pero es importante mantener unos límites mínimos para proteger tu dignidad. (Los libros prácticos sobre autocuidado también pueden ayudar)

Conclusión

El estigma hacia las enfermedades mentales actúa en tres capas (público, estructural y autoestigma) y obstaculiza la recuperación de los afectados. Es especialmente importante desmontar el autoestigma, y para ello son eficaces la separación entre enfermedad y yo, la recopilación de contraejemplos y la conexión con comunidades seguras. Para protegerte en una sociedad con prejuicios, adquiere criterios de revelación y la capacidad de establecer límites. La enfermedad mental no es una «vergüenza», sino un problema de salud que puede mejorar con el apoyo y tratamiento adecuados.

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