No puedes mirar a los ojos cuando hablas - Alternativas realistas cuando no sostienes la mirada
Cuando intentas mirar a los ojos, dejas de poder hablar
Durante una conversación te propones mirar a los ojos de la otra persona. Aguantas unos segundos. Pero en esos segundos, lo que ibas a decir se te escapa. Las palabras se atascan y acabas apartando la mirada para terminar la frase mirando al suelo.
No sostener la mirada suele interpretarse como falta de sinceridad o de confianza. En una entrevista de trabajo puede restar puntos. El Efecto foco añade presión: sobreestimas cuánto se vigilan tus ojos. Por eso muchísima gente se propone practicar el contacto visual.
Sin embargo, esa práctica avanza en la dirección que hace la tarea más difícil, porque sostener la mirada y pensar se disputan el mismo conjunto de recursos.
La capacidad de pensamiento que consume la mirada
La cara humana es un objeto que la visión trata como un caso especial. La expresión, la dirección de la mirada, los cambios mínimos: todo eso se procesa como información social y se atiende con prioridad. Si mantienes los ojos en los ojos del otro, ese procesamiento funciona sin pausa. Con una Sensibilidad al rechazo alta, esos cambios mínimos se rastrean buscando señales de desaprobación, y la carga sube más.
Por otro lado, montar lo que vas a decir también exige procesamiento. Qué decir, en qué orden decirlo y cómo modificarlo según la reacción de la otra persona.
Como ambas cosas tiran del mismo conjunto limitado, dedicar más a una implica que la otra caiga. Hablar de algo complicado mientras sostienes una mirada fija es, de hecho, un trabajo difícil.
Esta estructura se ve en conductas que mucha gente adopta sin que nadie se las haya enseñado. Quien piensa algo difícil mientras habla aparta la mirada hacia arriba en diagonal o hacia un lado. Si le haces a un niño una pregunta complicada, gira los ojos para pensar. Apartar la mirada es el movimiento que detiene el procesamiento visual y traslada los recursos al pensamiento.
Es decir, apartar la mirada no es en muchos casos una costumbre descortés, sino un mecanismo para pensar. Sostener esa idea cambia cómo evalúas tu propia conducta.
Diferencias culturales y diferencias individuales
Las normas sobre sostener la mirada varían enormemente entre culturas. En algunas, mantener los ojos en quien habla se considera prueba de sinceridad. En otras, mirar de frente a los ojos de un superior resulta descortés.
En la conversación en japonés, que es la convención desde la que se escriben las indicaciones que siguen, ocurre algo distinto. Quien habla rara vez mantiene la vista sobre quien escucha todo el tiempo, y suele ser el oyente el que pasa más tiempo mirando al hablante. Apoyar la mirada en el cuello o en la boca del otro, y cruzar los ojos de vez en cuando para luego soltarla, es la distribución estándar.
Por tanto, importar el mirar a los ojos al hablar como una norma de estilo occidental lo convierte en una exigencia más alta que la costumbre conversacional que rige de verdad. A veces el nivel que crees que se te pide es simplemente una lectura equivocada.
La variación individual también es grande, y hay personas para quienes la información que transporta una mirada supone una carga considerable. Cuando las características del procesamiento sensorial hacen que la información de la cara y de los ojos entre en exceso, la mirada fija va acompañada de malestar real. En ese caso no es algo a lo que el entrenamiento acostumbre, y compensarlo por otros medios resulta más realista.
Formas de transmitir interés sin mirar a los ojos
Lo que quieres transmitir en una conversación es que estás escuchando lo que se dice. Eso viaja también por vías distintas de la mirada.
- La orientación de la cara: dirige el cuerpo y la cara hacia la otra persona. Aunque no le mires a los ojos, una orientación alineada comunica que tu atención está puesta en ella
- Asentir y acompañar con señales breves: asiente levemente en las pausas de lo que te cuenta. Como señal de escucha, llega de forma más fiable que la mirada
- Devolver el contenido: reformula en pocas palabras lo que la otra persona ha dicho. Entonces el plazo vence la semana que viene. Como prueba de que estabas escuchando, es el elemento más potente de la lista
- Dónde dejar apoyada la mirada: no en los ojos mismos, sino en el entrecejo, en el caballete de la nariz o en la boca. Desde el otro lado parece que hay contacto visual
- Cruzar la mirada de forma intermitente: mira a los ojos uno o dos segundos en los puntos clave y aparta la vista el resto del tiempo. Resulta más natural que una mirada continua
De todos ellos, el de mayor efecto es devolver el contenido. Entre alguien que sostiene la mirada sin recoger nada y alguien que aparta la vista mientras recibe con precisión lo que le has dicho, es el segundo el que deja más satisfecho a quien habla.
Situaciones como una entrevista o una reunión comercial
En los contextos en los que te evalúan se espera, por convención, cierta cantidad de mirada. Aquí se responde con preparación previa.
Lo primero es fijar antes lo que vas a decir. Si el trabajo de montarlo disminuye, queda más recurso disponible para la mirada. Tener preparadas las respuestas a las preguntas previsibles sirve no solo para el contenido, sino también para el contacto visual.
Lo segundo es decidir por adelantado en qué momentos vas a cruzar la mirada. El instante del saludo, el momento inmediatamente posterior a recibir una pregunta y la parte conclusiva de tu respuesta. Si decides cruzarla en esos tres puntos, la mirada permanente deja de ser necesaria.
Lo tercero es elegir la dirección en la que apartas la vista. Mirar hacia abajo se interpreta con facilidad como falta de confianza, así que, cuando estés pensando, aparta la vista hacia arriba en diagonal o hacia un lado. El mismo no mirar a los ojos deja una impresión distinta.
En una entrevista en línea, mirar a la persona que aparece en la pantalla hace que, en su lado, parezca que estás mirando hacia abajo. Mirar a la cámara hace que la mirada parezca alineada, pero entonces pierdes de vista su expresión. Mirar a la cámara solo cuando expones los puntos clave es la distribución práctica. Preparar esto junto con las formas de afrontar la tensión que sube en los encuentros en línea reduce todavía más la carga.
La opción de no forzarse a corregirlo
Existe también la opción de no tratar el no sostener la mirada como un defecto que corregir.
Lo que decide la calidad de una conversación no es la cantidad de mirada, sino la recepción del contenido. Si entiendes con precisión lo que la otra persona dice y puedes responder de forma adecuada, que haya poco contacto visual no constituye un problema sustancial.
Se convierte en problema únicamente cuando la escasez de mirada se lee erróneamente como ausencia de interés. Los medios para no ser malinterpretado son, como se ha enumerado, varios. Si los tienes a mano, la necesidad de cambiar la mirada en sí se vuelve tenue.
Y queda la opción de decirle a la otra persona que no sostienes la mirada. Cuando pienso mientras hablo se me van los ojos, pero te estoy escuchando. Con alguien con quien vas a mantener una relación larga, esa sola frase puede funcionar. Poder explicar tus características reduce el margen para las lecturas equivocadas.