Trauma

El dolor que el cuerpo recuerda - Cuando el trauma se manifiesta como síntomas físicos

Este artículo se lee en unos 9 minutos

«Las pruebas no muestran ninguna anomalía»

Fuiste al médico por dolor de estómago, pero los resultados son normales. Sufres de dolores de cabeza crónicos, pero la resonancia magnética no muestra nada. Acudiste a urgencias por palpitaciones, pero el electrocardiograma está bien. Te dicen «es estrés» y te mandan a casa.

Esta experiencia no es en absoluto infrecuente. Se estima que aproximadamente un tercio de los pacientes que acuden a atención primaria presentan síntomas físicos médicamente inexplicables (medically unexplained symptoms). Sin embargo, «inexplicable» no significa «inexistente». El cuerpo sufre de verdad. La neurociencia reciente está revelando que el origen de ese sufrimiento puede estar no en el cuerpo, sino en la mente.

Por qué el trauma se manifiesta en el cuerpo

La memoria del sistema nervioso autónomo

Durante una experiencia traumática, el sistema nervioso autónomo activa la respuesta de «lucha, huida o congelación (fight-flight-freeze)». Aumento de la frecuencia cardíaca, tensión muscular, paralización de la función digestiva, respiración superficial. Son respuestas normales para la supervivencia.

El problema surge cuando el trauma no se procesa adecuadamente y el sistema nervioso autónomo no logra salir completamente de este modo de emergencia. El psiquiatra Bessel van der Kolk expresó este fenómeno en su obra como «el cuerpo lleva la cuenta del trauma». Aunque la conciencia olvide el trauma, o intente olvidarlo, el sistema nervioso autónomo sigue comportándose como si el peligro no hubiera pasado.

La teoría polivagal

La teoría polivagal de Stephen Porges explica que el sistema nervioso autónomo funciona en tres niveles jerárquicos. El más reciente, el «sistema vagal ventral», gobierna la conexión social y la sensación de seguridad; el «sistema nervioso simpático» se encarga de la lucha y la huida; y el más antiguo, el «sistema vagal dorsal», se ocupa de la congelación y el apagado.

En las personas con trauma, el sistema nervioso tiende a mantener la dominancia del sistema simpático o del vagal dorsal incluso en situaciones seguras. El estado de alerta constante (dominancia simpática) se manifiesta como tensión muscular crónica, problemas digestivos e insomnio. El estado de apagado (dominancia vagal dorsal) se manifiesta como fatiga crónica, entumecimiento emocional y disociación.

La fascia y la memoria emocional

La fascia corporal no es simplemente tejido conectivo, sino también un órgano sensorial que contiene abundantes terminaciones nerviosas. El estrés crónico y el trauma se acumulan en el cuerpo como patrones de tensión en determinadas fascias.

La tensión crónica en hombros y cuello se relaciona con el patrón de «cargar con la responsabilidad»; el dolor lumbar, con la sensación de «falta de apoyo»; y la opresión en el pecho, con el patrón de «reprimir la tristeza». Estas asociaciones se observan repetidamente en la práctica clínica del trabajo corporal. No son metáforas, sino fenómenos basados en conexiones neurológicas entre las emociones y la tensión muscular.

Zonas del cuerpo donde el trauma tiende a manifestarse

Sistema digestivo

El intestino se conoce como el «segundo cerebro» y contiene aproximadamente 500 millones de neuronas. El intestino y el cerebro se comunican bidireccionalmente a través del nervio vago, y el estrés psicológico afecta directamente a la función digestiva. Múltiples estudios han confirmado que muchos pacientes con síndrome del intestino irritable (SII) tienen antecedentes de trauma.

Sistema musculoesquelético

Tensión crónica en los hombros, dolor lumbar, trastorno de la articulación temporomandibular. Estos síntomas pueden ser el resultado de una tensión muscular sostenida debida a la hiperactivación del sistema nervioso autónomo. En particular, la tensión mandibular (bruxismo, apretar los dientes) está fuertemente relacionada con la represión de la ira o el miedo.

Sistema cardiovascular

Palpitaciones, dolor torácico, dificultad para respirar. Los síntomas físicos de un ataque de pánico se asemejan mucho a los de un infarto, y muchas personas acuden a urgencias. Estos síntomas se deben a una activación excesiva del sistema nervioso simpático, no a un problema del corazón en sí.

Sistema inmunitario

El estudio ACE (Adverse Childhood Experiences) demostró que las experiencias traumáticas en la infancia aumentan significativamente el riesgo de enfermedades autoinmunes, inflamación crónica e incluso cáncer en la edad adulta. La secreción crónica de hormonas del estrés altera el sistema inmunitario y provoca daños a largo plazo en la salud.

Recuperación a través del enfoque corporal

1. Practicar la conciencia de las sensaciones corporales

Muchas personas con trauma están desconectadas de las sensaciones de su cuerpo. El primer paso es practicar, en un entorno seguro, prestar atención a las sensaciones corporales. «¿Qué siento ahora en las plantas de los pies?», «¿qué tensión hay en mis hombros?», «¿hasta dónde llega mi respiración?». La meditación de body scan es un método adecuado para esta práctica.

Lo importante es mantener una actitud de «observar» sin huir inmediatamente cuando aparezcan sensaciones desagradables. No obstante, si sientes que te desbordas, puedes interrumpir en cualquier momento. La sensación de seguridad es la máxima prioridad.

2. Regulación del sistema nervioso autónomo a través de la respiración

La respiración es una de las pocas funciones del sistema nervioso autónomo que se pueden controlar conscientemente. Hacer que la exhalación sea más larga que la inhalación (por ejemplo, inhalar 4 segundos y exhalar 6) activa el sistema parasimpático y promueve la respuesta de relajación del cuerpo. (Los libros sobre técnicas de respiración y cuidado del trauma pueden ayudarte en la práctica)

3. Mover el cuerpo

Un cuerpo congelado por la respuesta traumática se «descongela» al moverse. No es necesario que sea ejercicio intenso. Yoga (especialmente yoga sensible al trauma), taichí, danza, paseos. Mover el cuerpo de forma consciente permite recuperar la sensación de que «mi cuerpo me pertenece» (agencia corporal).

4. Contacto seguro

El contacto físico seguro con personas de confianza (un abrazo, tomar de la mano, tocar el hombro) promueve la secreción de oxitocina y tiene el efecto de cambiar el sistema nervioso autónomo al modo de seguridad. Sin embargo, dependiendo del tipo de trauma, el contacto físico puede ser un detonante, así que respeta siempre tu propio ritmo.

5. Trabajo corporal especializado

Se han desarrollado métodos especializados que abordan el trauma desde el cuerpo, como el Experiencing Somático (SE), el EMDR y el yoga sensible al trauma. Son especialmente eficaces para traumas difíciles de verbalizar: traumas de la primera infancia (antes de adquirir el lenguaje) o traumas tan abrumadores que los recuerdos están fragmentados. (Los libros sobre terapias de trauma orientadas al cuerpo también profundizan la comprensión)

Escuchar la voz del cuerpo

Cuando te dicen «las pruebas no muestran ninguna anomalía», tu sufrimiento no está siendo negado. El cuerpo está expresando, en su propio lenguaje corporal, el dolor que la mente no pudo poner en palabras.

En lugar de ignorar los síntomas corporales como «imaginaciones», recíbelos como «el cuerpo intenta comunicar algo». Ese cambio de actitud es el primer paso hacia la recuperación. El cuerpo no es un enemigo, sino tu aliado más sincero. Escuchar su voz es el camino que sana tanto la mente como el cuerpo.

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