Procrastinación vengativa del sueño
Patrón de comportamiento en el que, como reacción a no haber tenido tiempo propio durante el día, se sacrifican horas de sueño para asegurarse tiempo libre por la noche.
Qué es la procrastinación vengativa del sueño
La procrastinación vengativa del sueño (revenge bedtime procrastination) es el fenómeno por el cual una persona que apenas ha tenido tiempo para sí durante el día, al llegar la noche, piensa «al menos este rato es mío» y retrasa la hora de acostarse sin realizar ninguna actividad significativa. Se queda desplazando el feed de las redes sociales o viendo vídeos que ni siquiera le interesan especialmente, y cuando se da cuenta ya son las dos o las tres de la madrugada. Sabe que mañana lo pasará mal, pero no puede parar.
Este concepto proviene del término chino «报复性熬夜» y comenzó a recibir atención mundial alrededor de 2020. En su trasfondo se encuentra la «falta de autonomía» que experimentan muchas personas en la actualidad. Cuando el tiempo diurno está dominado por el trabajo, la crianza, los cuidados o las tareas domésticas, la persona intenta inconscientemente recuperar la «libertad arrebatada». Trasnochar es esa «venganza». Se sacrifica la inversión en el yo del mañana - el sueño - porque no se quiere soltar la libertad de este instante. Es una psicología apremiante.
Por qué no se puede dejar
Lo problemático de la procrastinación vengativa del sueño es que la propia persona entiende perfectamente que «debería acostarse antes». Esto la distingue de un simple hábito nocturno. Más que un problema de autocontrol, en su base hay una sensación de impotencia e insatisfacción con la vida diurna. Los recursos de autocontrol son finitos, y por la noche, tras haberse agotado en un entorno estresante durante el día, no queda fuerza para resistir la tentación de «un ratito más». Además, la fugaz sensación de liberación que se experimenta en el silencio de la noche funciona como una pequeña recompensa para el cerebro, reforzando la conducta.
Para no culpar al yo nocturno
Para reducir la procrastinación vengativa del sueño, no basta con intentar cambiar el comportamiento nocturno. La pregunta esencial es: «¿estoy consiguiendo reservar tiempo solo para mí durante el día?». Dedicar los 15 minutos del almuerzo completamente a uno mismo, escuchar música favorita durante el trayecto al trabajo, reservar 10 minutos de soledad después de cenar: al distribuir pequeños «momentos propios» a lo largo del día, disminuye la necesidad de recuperarlos por la noche. Además, en lugar de fijar una hora estricta para acostarse, una regla flexible como «a esta hora me traslado al dormitorio» resulta más sostenible. En vez de culpar al yo que trasnocha, reconocer cuánto se ha esforzado el yo diurno es el punto de partida del cambio.
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