Estilo de vida

Por qué no puedes deshacerte de las cosas por «pena» - La ilusión cerebral que sobrevalora lo que posees

Este artículo se lee en unos 6 minutos Redacción y gestión: Kokomori

El 80% de tu armario es ropa que no usas

Abre tu armario. Probablemente, más de la mitad de la ropa no la has usado ni una vez en el último año. «Quizá algún día la use», «me costó cara», «todavía está en buen estado». Por estas razones, la ropa que no usas sigue ocupando espacio en el armario.

No es solo la ropa. Electrodomésticos de cocina sin usar, libros ya leídos, auriculares rotos, zapatos que no te quedan bien. Con la excusa de «qué pena», los objetos innecesarios se acumulan por toda la casa. ¿Por qué los seres humanos no pueden desprenderse de cosas claramente innecesarias?

El efecto dotación: poseer algo aumenta su valor percibido

El efecto dotación (endowment effect) de la economía conductual es el concepto más importante para explicar este fenómeno. Los seres humanos valoran más lo que poseen que cuando no lo poseen.

En un famoso experimento de Daniel Kahneman (premio Nobel de Economía), se entregó una taza a los participantes y se les preguntó «¿por cuánto la venderías?». Quienes tenían la taza respondieron una media de 7 dólares. En cambio, a quienes no la tenían se les preguntó «¿cuánto pagarías por ella?» y respondieron una media de 3 dólares. La misma taza, pero el simple hecho de poseerla infló su valor subjetivo más del doble.

Lo mismo ocurre con la ropa que no usas del armario. Si vieras la misma prenda en una app de segunda mano, no la comprarías ni por 5 euros; sin embargo, vender la tuya por 5 euros te parece una pena. El simple hecho de poseerla hace que el cerebro infle su valor.

Condiciones que refuerzan el efecto dotación

El efecto dotación no actúa por igual sobre todo. Hay condiciones que lo amplifican. En primer lugar, los objetos que elegiste y adquiriste tú mismo generan un efecto más fuerte. Las compras meditadas son más difíciles de soltar que los regalos recibidos. En segundo lugar, los objetos poseídos durante mucho tiempo funcionan de modo similar. Un abrigo comprado hace diez años tiene un valor práctico casi nulo, pero el tiempo compartido genera valor psicológico. En tercer lugar, los objetos vinculados a recuerdos: imanes de un viaje, una carta de un ex, ropa de cuando tu hijo era pequeño. No es el objeto en sí, sino los recuerdos adheridos lo que no puedes soltar.

Aversión a la pérdida: el miedo a perder

En la base del efecto dotación se encuentra la aversión a la pérdida (loss aversion). El cerebro humano, al comparar una ganancia y una pérdida del mismo importe, siente la pérdida aproximadamente el doble de intensamente. La alegría de encontrar 100 euros es mucho menor que la tristeza de perder 100 euros.

Deshacerse de algo es, para el cerebro, una pérdida. Aunque no uses ese objeto, el cambio de estado de posesión a estado de no posesión se percibe como pérdida. El miedo a perder la posibilidad de «quizá algún día lo use» es la verdadera naturaleza de ese «qué pena».

La diferencia entre pena y coste hundido

Un concepto relacionado es la falacia del coste hundido. «No puedo tirarlo porque fue caro» es pensamiento típico de coste hundido. Sin embargo, el dinero ya gastado no vuelve. Tires o conserves el objeto, la cantidad pagada no cambia. Guardar algo porque fue caro no recupera nada. Mientras el efecto dotación se centra en el hecho de poseer, el coste hundido se centra en la inversión pasada. Ambos producen el mismo resultado: incapacidad de soltar lo que el análisis racional dice que debería liberarse.

Métodos prácticos para superar el «qué pena»

Conocer los sesgos cognitivos por sí solo no basta para deshacerse de las cosas. Presentamos métodos más prácticos.

La técnica de la pregunta inversa

El más eficaz es hacerse la pregunta inversa. En lugar de «¿debería tirar esto?», pregúntate «si no lo tuviera, ¿lo compraría?». Si la respuesta es «no lo compraría», es que el efecto dotación está inflando su valor. Esta pregunta reinicia el hecho de la posesión y obliga a evaluar el valor real del objeto.

La regla de 1 año

Lo que no has usado en el último año tiene una probabilidad extremadamente alta de no usarse en el futuro. El «algún día» de «quizá algún día lo use» casi nunca llega.

Un malentendido frecuente: tirar no es malgastar

Detrás de la mentalidad de «pena» está la creencia de que tirar es malgastar. Sin embargo, seguir almacenando objetos sin uso también tiene costes: el alquiler del espacio, el tiempo buscando cosas, la culpa cada vez que abres el armario. Tirar no es malgastar sino cortar pérdidas de costes de almacenamiento. Tiene la misma estructura que cortar pérdidas en una inversión siendo más racional que mantener indefinidamente.

Soltar de forma gradual

Intentar ordenar todo de golpe provoca fatiga de decisión. Lo eficaz es la pequeña regla de soltar solo una cosa al día. Cada día, elige un objeto claramente innecesario. Solo con eso, 365 objetos salen de tu casa al año. A medida que se acumulan pequeños éxitos, el miedo a perder la posibilidad se desvanece poco a poco.

Conclusión

No poder deshacerte de las cosas por «pena» se debe a dos sesgos cognitivos: el efecto dotación (la ilusión de que poseer algo aumenta su valor) y la aversión a la pérdida (el miedo excesivo a perder). El cerebro infla el valor de las posesiones más del doble de su valor real. Pregúntate «si no lo tuviera, ¿lo compraría?». Esa respuesta te revelará el valor real. Como siguiente paso, abre hoy tu armario y prueba la pregunta inversa con una sola prenda.

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