Recuperación

Crecimiento postraumático

Crecimiento humano profundo que se alcanza tras haber experimentado un trauma o una adversidad grave, superando el nivel previo de desarrollo personal. Se refiere a la transformación cualitativa de la visión de la vida y de las relaciones, posible precisamente por haber atravesado el sufrimiento.

La transformación más allá del sufrimiento

El crecimiento postraumático (Post-Traumatic Growth, PTG) se refiere al fenómeno por el cual una persona que ha experimentado un trauma o una crisis vital alcanza, en el proceso de luchar contra ese sufrimiento, un crecimiento psicológico que supera a su yo anterior. Propuesto en la década de 1990 por Richard Tedeschi y Lawrence Calhoun, este concepto demostró que el impacto del trauma no se reduce al TEPT (trastorno de estrés postraumático). Valorar más profundamente las relaciones tras perder a un ser querido, clarificar las prioridades vitales después de una enfermedad grave, desarrollar una profunda capacidad de empatía tras sobrevivir al maltrato: todos estos son ejemplos de crecimiento postraumático.

Es importante subrayar que el PTG no significa «fue bueno que ocurriera el trauma». El trauma es un sufrimiento innecesario y no debe ser idealizado. Lo que el PTG muestra es el hecho de que el ser humano posee una capacidad de recuperación y transformación que supera la imaginación. El crecimiento no nace del trauma en sí, sino del proceso de lucha por reconstruir la propia visión del mundo después de que esta se haya hecho añicos. Como un jarrón roto reparado con kintsugi, es precisamente la grieta la que da lugar a una nueva belleza.

Cinco ámbitos en los que se manifiesta el crecimiento

Según la investigación, el crecimiento postraumático se observa principalmente en cinco ámbitos. Primero, la profundización de las relaciones humanas: tras haber sufrido, se buscan conexiones profundas en lugar de relaciones superficiales. Segundo, el descubrimiento de nuevas posibilidades: se abren «caminos que el yo anterior no habría imaginado». Tercero, la conciencia de la propia fortaleza: la convicción de que «si pude superar aquello, también podré superar esto». Cuarto, la profundización espiritual o filosófica: se reflexiona con mayor hondura sobre el sentido de la vida y la esencia de la existencia. Quinto, la gratitud por lo cotidiano: se descubre el valor de lo que antes se daba por sentado.

No imponer el crecimiento

Lo más importante al conocer el crecimiento postraumático es no convertirlo en una obligación. La presión de «debo aprender algo de esta experiencia» o «si no crezco, no tiene sentido» obstaculiza la recuperación. Decirle a alguien que está en medio del trauma «seguro que podrás crecer con esto» es dañino, por bienintencionado que sea. El crecimiento brota de forma natural después de haber llorado lo suficiente, haberse enfadado lo suficiente y haber descansado lo suficiente. No se puede hacer florecer una semilla tirando de ella. Se prepara la tierra, se riega y se espera. El crecimiento postraumático es la confianza en la asombrosa capacidad de regeneración del espíritu humano y un mensaje silencioso de esperanza para quienes se encuentran en medio del sufrimiento.

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