Dependencia emocional
Estado en el que se delega excesivamente en una persona concreta la estabilidad emocional propia y la confirmación del propio valor. La sensación de no poder sostenerse sin el otro domina la relación.
La verdad detrás de «no puedo vivir sin ti»
La dependencia emocional se refiere al estado en el que la estabilidad emocional y la sensación de bienestar dependen excesivamente de una persona concreta. Se manifiesta de forma más evidente en las relaciones de pareja, pero también puede darse en relaciones entre padres e hijos, amistades o entre jefe y subordinado. En el núcleo de la dependencia emocional se encuentra la sensación de impotencia: «no puedo sostener mis emociones por mí mismo/a». Si la otra persona está de buen humor, uno se siente tranquilo; si está de mal humor, la ansiedad invade como si el mundo se derrumbase. Es como si se hubiese externalizado la función de regulación emocional, delegándola en el otro.
La diferencia entre la dependencia emocional y una intimidad saludable reside en la distinción entre «soy feliz cuando estás» y «soy infeliz cuando no estás». En una relación sana, la presencia del otro enriquece la vida. En la dependencia emocional, la presencia del otro se convierte en la razón de ser de uno mismo. Esta diferencia, que puede parecer sutil, es determinante. En el segundo caso, perder al otro no se experimenta como simple tristeza, sino como un terror equivalente a la aniquilación del propio yo.
El mecanismo por el que la dependencia erosiona la relación
Irónicamente, la dependencia emocional tiende a destruir la propia relación. La persona dependiente vigila constantemente el comportamiento del otro, exige confirmaciones excesivas e intenta restringir su libertad. La persona de quien se depende siente agobio y trata de distanciarse. Entonces la ansiedad de la persona dependiente se intensifica y el aferramiento se vuelve más intenso. Este círculo vicioso agota la relación. Además, por miedo a ser rechazado/a, se vuelve imposible expresar las propias opiniones o insatisfacciones, y se acaba perdiendo la identidad dentro de la relación.
Construir una base segura dentro de uno mismo
Para salir de la dependencia emocional es necesario un trabajo de construcción de la estabilidad emocional en el propio interior. En concreto, resulta útil practicar la tolerancia a estar a solas, cultivar la autocompasión para acoger las propias emociones y desarrollar actividades y relaciones independientes de la pareja. La sensación de «estoy bien aunque el otro no esté» no se obtiene solo con la comprensión intelectual. Se va impregnando en el cuerpo poco a poco, acumulando pequeñas experiencias de éxito. Paradójicamente, cuanto más crece la base segura interior, más libre y rica se vuelve la relación con el otro.
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