Estilo de vida

La psicología de mirar los números del ascensor - Por qué desviamos la mirada en espacios reducidos

Este artículo se lee en unos 4 minutos

El extraño comportamiento dentro del ascensor

Al entrar en un ascensor, ¿qué haces? Probablemente miras fijamente el indicador de pisos sobre la puerta, sacas el móvil o miras al suelo. En cualquier caso, evitas el contacto visual con los demás pasajeros.

Este comportamiento es universal. Independientemente de la cultura o la nacionalidad, dentro del ascensor las personas desvían la mirada, reducen la conversación y encogen el cuerpo. Son apenas unas decenas de segundos de trayecto, pero ¿por qué resulta tan incómodo?

La invasión del espacio personal

La respuesta es simple. El ascensor es un lugar donde el espacio personal (la zona individual) con desconocidos se reduce al extremo.

El antropólogo Edward Hall clasificó las distancias interpersonales en cuatro zonas: distancia íntima (0-45 cm), distancia personal (45-120 cm), distancia social (120-360 cm) y distancia pública (más de 360 cm). Dentro del ascensor, la distancia con desconocidos se reduce a la «distancia íntima». Una distancia que normalmente solo se permite a la pareja o la familia, ocupada por un completo desconocido. Esta situación genera una incomodidad inconsciente. (Se puede profundizar en libros sobre psicología interpersonal)

Desviar la mirada es una señal de «no soy una amenaza»

Cuando el espacio personal es invadido, los seres humanos (y muchos animales) tienen dos opciones: «luchar» o «demostrar que no son una amenaza». Como nadie pelea en un ascensor, todos envían la señal de «no soy una amenaza».

Desviar la mirada es la «señal de no amenaza» más básica. En el mundo animal, el contacto visual directo significa desafío o intimidación. Es el mismo principio por el que un perro que mantiene la mirada fija con otro perro desconocido acaba peleando. Mirar el indicador de pisos en el ascensor es un mensaje inconsciente de «no tengo intención hostil hacia ti» y «no te considero una amenaza».

¿Por qué el indicador de pisos?

Si se trata de desviar la mirada, ¿por qué precisamente el «indicador de pisos»? Podría ser la pared o el techo.

El indicador de pisos tiene una «razón legítima para mirarlo». La explicación racional de «estoy comprobando en qué piso me bajo» es válida, por lo que dirigir la mirada allí no resulta extraño. Mirar fijamente la pared podría parecer «raro», pero mirar el indicador de pisos es un «comportamiento normal». Los seres humanos buscan inconscientemente un refugio para la mirada que sea socialmente natural.

Desde que se popularizaron los smartphones, estos se han convertido en el «refugio para la mirada» más poderoso. Mirando el móvil se evita el contacto visual con cualquiera y además se obtiene la legitimidad de «estar haciendo algo». Que más gente saque el móvil en el ascensor se debe a que han encontrado un refugio para la mirada aún más natural que el indicador de pisos. (Los libros sobre psicología del comportamiento también son una buena referencia)

Las reglas tácitas del ascensor

En el ascensor existen reglas tácitas que todos cumplen sin que nadie las haya enseñado. Colocarse desde el fondo, mirar hacia delante, hablar en voz baja, dejar pasar primero a quien sale. Estas reglas son protocolos sociales que han surgido de forma natural para minimizar el estrés en un espacio reducido.

Existe un experimento interesante. Si dentro del ascensor te colocas mirando hacia los demás pasajeros en lugar de hacia la pared, los demás muestran una incomodidad evidente. Se puede ver cómo la «violación de las reglas» genera una fuerte tensión social.

Conclusión

Mirar el indicador de pisos en el ascensor es una conducta inconsciente de afrontamiento ante la invasión del espacio personal. Al desviar la mirada se envía la señal de «no tengo intención hostil», y se dirige la vista al indicador de pisos porque es un «lugar con razón legítima para mirar». La próxima vez que subas a un ascensor, observa tu propio comportamiento y el de los demás. La escena de todos buscando el mismo «refugio para la mirada» resulta bastante interesante.

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