Medio ambiente

Empezar una vida minimalista: menos cosas, más tranquilidad

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El minimalismo no es «privación»

La vida minimalista no consiste en reducir las posesiones al mínimo como una penitencia. Se trata de rodearse solo de lo que realmente importa para recuperar tiempo, dinero y serenidad mental. Con menos cosas, se dedica menos tiempo a limpiar, desaparecen los objetos perdidos y las decisiones de compra se simplifican.

Tres pasos para empezar de forma gradual

Paso 1: soltar una cosa al día

Intentar deshacerse de mucho de golpe provoca fatiga de decisión y abandono. Empieza soltando solo una cosa al día que sea claramente innecesaria. En 30 días serán 30 objetos. Los pequeños éxitos impulsan la siguiente acción.

Paso 2: cuestionar el «por si acaso»

La mayoría de lo que guardamos «por si acaso» no se vuelve a usar jamás. Si no lo has utilizado en más de un año, es muy probable que no lo uses en el futuro. Ante la duda, colócalo en una caja temporal y revísala a los 3 meses. (Los libros sobre minimalismo también son una buena referencia.)

Paso 3: cerrar la entrada

Reducir posesiones pierde sentido si siguen entrando cosas nuevas. Establece la regla «si compras una cosa, suelta otra» para mantener constante el volumen total. (Los libros sobre organización ofrecen métodos concretos.)

Efectos psicológicos del minimalismo

Los beneficios de reducir posesiones van más allá del espacio físico. Una investigación de la Universidad de Princeton demostró que cuantos más objetos hay en el campo visual, más se dispersa la atención del cerebro y más disminuyen la concentración y la capacidad de ejecución. Una habitación desordenada es, para el cerebro, un estado de «demasiada información por procesar».

Menos cosas implica también menos decisiones. Steve Jobs vestía siempre igual para no gastar energía en la trivial elección de «qué ponerme». Con 10 prendas en el armario la elección es instantánea; con 100, vestirse cada mañana se convierte en un pequeño estrés. El minimalismo es también una forma de liberarse de esa «fatiga de decisión».

Entender la raíz del «no puedo tirar»

Las razones por las que no podemos soltar cosas se clasifican en tres grandes grupos. Primero, la culpa del «es un desperdicio». Segundo, la ansiedad del «quizá lo necesite algún día». Tercero, el apego emocional de «tiene recuerdos».

Respecto al «desperdicio», conviene replantear que mantener algo sin usar ya es un desperdicio (de espacio, de esfuerzo de gestión, de carga mental). Respecto al «algún día», recuerda el dato estadístico: la probabilidad de usar algo que llevas un año sin tocar es inferior al 1 %. Respecto a los «recuerdos», soltar el objeto no borra el recuerdo. Fotografiarlo y guardarlo en formato digital conserva la memoria sin ocupar espacio físico.

Conclusión

La vida minimalista empieza soltando una cosa al día, cuestionando el «por si acaso» y cerrando la entrada. Con estos tres pasos se consigue una vida libre del dominio de los objetos.

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