Por qué el tiempo pasa más rápido con la edad - La psicología y la física del «tiempo percibido»
La «aceleración del tiempo» que todos percibimos
Para un niño de 10 años, los 40 días de vacaciones de verano son una eternidad. Cada día es una nueva aventura y, al terminar la jornada, siente que «hoy han pasado muchas cosas». Sin embargo, para un adulto de 40 años, 40 días equivalen apenas a pasar una hoja del calendario. La frecuencia con la que uno se sorprende pensando «¿ya ha pasado un mes?» aumenta indefectiblemente con la edad.
Esta «aceleración del tiempo» es una experiencia humana universal que trasciende culturas y épocas. El filósofo romano Séneca ya se lamentaba de que «la vida es breve», y las encuestas psicológicas modernas muestran de forma consistente que, a mayor edad, mayor es la proporción de personas que sienten que «el tiempo pasa más deprisa». Entonces, ¿por qué se acelera el tiempo?
Cuatro explicaciones científicas
1. Teoría proporcional: la proporción respecto a la vida vivida
Propuesta por el filósofo francés Paul Janet en el siglo XIX, es la explicación más sencilla e intuitiva. Para un niño de 5 años, un año representa el 20 % de su vida; para un adulto de 50, apenas el 2 %. Los mismos 365 días se perciben como más cortos cuanto menor es su proporción respecto al total de vida vivida.
Según esta teoría, el tiempo percibido se comprime de forma logarítmica. La primera mitad de la vida (0-20 años) y la segunda (20-80 años) tendrían una duración subjetiva prácticamente igual. Es decir, a los 20 años ya habría transcurrido la mitad perceptiva de la vida. Es un cálculo impactante, pero probablemente coincide con la experiencia de muchas personas.
2. Teoría de la novedad: la disminución de las «primeras veces»
El mundo infantil rebosa de «primeras veces»: la primera vez en bicicleta, la primera vez que se ve el mar, el primer amor. El cerebro, al procesar experiencias novedosas, invierte más recursos neuronales y forma recuerdos más detallados. Esa abundancia de recuerdos genera, al mirar atrás, la sensación de que «aquella época fue muy larga».
Al hacerse adulto, la mayor parte del día a día se convierte en rutina: el mismo trayecto al trabajo, la misma oficina, las mismas reuniones. El cerebro, para procesar la rutina de forma eficiente, omite la formación de recuerdos detallados. El recuerdo del lunes y el del viernes son prácticamente indistinguibles. Al reducirse la «densidad» de los recuerdos, al mirar atrás se tiene la sensación de que «ha pasado volando». (En libros sobre la psicología del tiempo se puede profundizar en el tema)
Esta teoría también explica por qué el tiempo parece transcurrir más despacio durante un viaje. En un destino nuevo, todo lo que se ve y se oye es fresco, y el cerebro forma una gran cantidad de recuerdos nuevos. Una semana de viaje puede sentirse como un mes porque la densidad de recuerdos se multiplica respecto a la vida cotidiana.
3. Teoría de la puerta atencional: la disponibilidad de atención hacia el tiempo
Según el «modelo de puerta atencional» de la psicología cognitiva, la percepción del tiempo depende de «cuánta atención se dirige al paso del tiempo». En una reunión aburrida, si se mira el reloj repetidamente, el tiempo parece transcurrir despacio. En cambio, durante una actividad absorbente, la atención no se dirige al paso del tiempo y «de repente han pasado 3 horas».
Los niños experimentan más situaciones de «espera»: esperan a que termine la clase, esperan la cena, esperan su cumpleaños. Ese acto de «esperar» fuerza la atención hacia el tiempo y lo hace sentir más largo. Los adultos controlan su propio horario, las ocasiones de «esperar» disminuyen, la atención al tiempo se reduce y, como resultado, el tiempo parece pasar más deprisa.
4. Desaceleración del reloj corporal: cambios en el reloj fisiológico
El profesor Adrian Bejan, de la Universidad de Duke, explicó el cambio en la percepción temporal con la edad desde la perspectiva de la física. Con el envejecimiento, la velocidad de transmisión de las señales nerviosas disminuye y se reduce el número de «imágenes mentales» que el cerebro puede procesar por unidad de tiempo.
El cerebro infantil funciona a alta velocidad y procesa más imágenes mentales por segundo. Por eso, un segundo objetivo se percibe subjetivamente como «largo». El cerebro adulto, con menor velocidad de procesamiento, procesa menos imágenes en el mismo segundo, que se percibe como «corto». Si lo comparamos con la tasa de fotogramas de una película, el niño ve el mundo a 60 fps y el adulto a 30 fps. En el mismo intervalo de tiempo, el niño experimenta más «fotogramas».
Cómo resistir la aceleración del tiempo
Integrando las cuatro teorías, se obtienen pautas prácticas para contrarrestar la aceleración del tiempo.
Lo más eficaz es la «introducción deliberada de novedad». Ir a lugares nuevos, aprender habilidades nuevas, conocer gente nueva. Estas «primeras veces» aumentan la densidad de los recuerdos y recuperan la sensación de duración al mirar atrás. Una vida en la que se repite la misma rutina cada día es, para el cerebro, una sucesión de «tiempo que no merece ser recordado», y acelera el tiempo percibido.
Otra vía es la práctica del «mindfulness». Dirigir conscientemente la atención al momento presente abre la puerta atencional y cultiva el hábito de percibir con cuidado el paso del tiempo. Saborear la comida con calma, observar conscientemente el paisaje del trayecto al trabajo, concentrarse en cada palabra de una conversación. Estas pequeñas prácticas desactivan el «modo piloto automático» del tiempo y devuelven la sensación de duración al día. (Los libros sobre mindfulness también son una buena referencia)
Resumen
Que el tiempo pase más rápido con la edad es el resultado combinado de cuatro factores: la reducción de la proporción respecto a la vida vivida, la disminución de experiencias novedosas, la menor atención al tiempo y la desaceleración del procesamiento cerebral. La aceleración del tiempo es inevitable, pero incorporar experiencias nuevas de forma deliberada y dirigir la atención al momento presente permite frenar su velocidad. Si se desea que el tiempo restante de vida se sienta «largo», hay que romper la rutina y aumentar las «primeras veces». Esa es la receta más sencilla que ofrece la psicología del tiempo.