Practicar la gratitud de forma intencional - el hábito más sencillo para aumentar la felicidad
La gratitud no se «siente», se «encuentra»
No es que las personas felices sean agradecidas, sino que las personas agradecidas se vuelven felices. Las investigaciones en psicología positiva muestran que quienes practican la gratitud de forma intencional presentan niveles significativamente más altos de felicidad, calidad del sueño y satisfacción en sus relaciones interpersonales.
Tres formas de convertir la gratitud en hábito
1. Escribir tres «cosas buenas» cada noche
Antes de dormir, escribe tres cosas buenas que ocurrieron hoy. No tienen que ser grandes. «Hizo buen tiempo», «el café estaba rico», «conseguí asiento en el tren». El entrenamiento de notar las pequeñas cosas buenas aumenta la sensibilidad a la gratitud.
2. Cuestionar lo «normal»
Abrir el grifo y que salga agua, pulsar un interruptor y que se encienda la luz, que la familia esté sana. Nada de esto es «normal»; todo merece gratitud. Imaginar «¿y si no tuviera esto?» permite darse cuenta del valor de lo cotidiano. (Los libros sobre la práctica de la gratitud también son una buena referencia)
3. Expresar la gratitud a los demás
No basta con sentir gratitud internamente; hay que verbalizarla y transmitirla. «Siempre gracias», «me has sido de gran ayuda». Expresar la gratitud no solo aumenta tu propia felicidad, sino que también fortalece la relación con la otra persona. (Los libros sobre la ciencia de la felicidad permiten aprender las bases científicas)
La «ciencia» de la gratitud: qué ocurre en el cerebro
Los mecanismos por los que la práctica de la gratitud aumenta la felicidad están siendo esclarecidos por la neurociencia. Cuando sentimos gratitud, se activan la corteza prefrontal y la corteza cingulada anterior, y se promueve la secreción de dopamina y serotonina. Estos son los mismos neurotransmisores que los antidepresivos tienen como objetivo. Es decir, el hábito de la gratitud puede considerarse un método para estimular el «circuito de la felicidad» del cerebro sin medicación.
Aún más interesante es que la investigación muestra que la práctica continuada de la gratitud cambia la estructura misma del cerebro. Se ha informado de que los participantes que mantuvieron un diario de gratitud durante 8 semanas mostraron un aumento en la densidad de materia gris cerebral y una mayor resistencia al estrés. La gratitud no es una cuestión de estado de ánimo temporal, sino un hábito que cambia físicamente el cerebro.
Qué hacer cuando la gratitud resulta «difícil»
Cuando la vida es dura, encontrar motivos de gratitud es complicado. Durante el desempleo, una enfermedad, justo después de perder a alguien querido. Es natural sentir rechazo si en esas situaciones te dicen «sé agradecido».
En esos momentos, no hace falta buscar grandes motivos de gratitud. «Hoy pude respirar», «pude beber agua», «dormí en una cama». Basta con dirigir la mirada a lo «normal» del nivel básico de supervivencia. Esto no es imponer «pensamiento positivo», sino un entrenamiento para notar la tenue luz que existe en medio de la desesperación. No es necesario forzar la gratitud en los momentos difíciles, pero antes de concluir que «no hay nada bueno», detente cinco segundos y mira a tu alrededor.
Conclusión
Escribir tres cosas cada noche, cuestionar lo normal, expresar la gratitud. Con estos tres hábitos, la sensibilidad a la gratitud aumenta y la felicidad cotidiana mejora de forma segura.