Música y arte

Por qué la música te pone la piel de gallina - La neurociencia del «frisson» y su misterio evolutivo

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Personas que sienten escalofríos con la música y personas que no

¿Has experimentado alguna vez esa sensación de escalofrío que recorre tu espalda durante el estribillo de tu canción favorita? Se te pone la piel de gallina, el cuero cabelludo hormiguea y sientes ganas de llorar. Este fenómeno se denomina «frisson», palabra francesa que significa «estremecimiento». En inglés también se conoce como «musical chills» o «skin orgasm».

Resulta interesante que hay personas que experimentan el frisson y otras que no. Según las investigaciones, entre el 55% y el 86% de la población experimenta frisson, pero el resto no siente escalofríos por mucho que la música les emocione. ¿A qué se debe esta diferencia individual?

El mecanismo neurológico del frisson

Liberación repentina de dopamina

La investigación pionera del profesor Robert Zatorre y su equipo del Instituto Neurológico de Montreal (2011) visualizó por primera vez lo que ocurre en el cerebro durante el frisson musical. Mediante PET y resonancia magnética funcional, confirmaron que en el momento del frisson se produce una liberación repentina de dopamina en el cuerpo estriado (núcleo del sistema de recompensa).

Además, se realizó un descubrimiento aún más sorprendente: la liberación de dopamina no solo ocurría en el momento del frisson, sino también «unos segundos antes». Es decir, el cerebro predice el desarrollo de la música y ya libera dopamina en la fase de anticipación, cuando «espera» que llegue el escalofrío. Esto significa que el placer musical se compone de dos etapas: «predicción y recompensa».

Violación y satisfacción de las expectativas

El teórico musical Leonard Meyer argumentó en su obra de 1956 que la emoción musical surge de la «manipulación de las expectativas». La melodía y la armonía generan en el cerebro del oyente la predicción de «qué nota vendrá a continuación». Cuando esa predicción se ve traicionada (una modulación inesperada, un silencio repentino, un acorde sorprendente), el cerebro produce una fuerte respuesta emocional.

Las investigaciones han identificado los elementos musicales que tienden a provocar frisson: un aumento repentino del volumen (crescendo), cambios armónicos inesperados, la entrada de un nuevo instrumento o voz, y la reanudación del sonido tras un largo silencio. Todos ellos constituyen «violaciones de las expectativas» o «satisfacciones dramáticas de las expectativas» que estimulan intensamente el sistema de recompensa cerebral. (Los libros sobre psicología musical permiten profundizar en el tema)

Por qué la música estimula el sistema de recompensa cerebral: un misterio evolutivo

Comida, sexo, vínculos sociales. Es comprensible desde el punto de vista evolutivo que el sistema de recompensa cerebral responda a estos estímulos, ya que están directamente relacionados con la supervivencia y la reproducción. Pero, ¿qué ocurre con la música? Escuchar música no proporciona nutrientes, no permite reproducirse ni escapar de depredadores. ¿Por qué el cerebro activa el mismo circuito de recompensa que utiliza para la comida y el sexo ante una secuencia de sonidos sin relación con la supervivencia?

La respuesta a esta pregunta aún no está científicamente establecida, pero existen varias hipótesis prometedoras.

La primera es la hipótesis del «subproducto del reconocimiento de patrones auditivos». El cerebro humano ha desarrollado una capacidad altamente sofisticada para reconocer patrones en los sonidos ambientales: detectar la aproximación de un depredador por el patrón de una rama al romperse, o leer las emociones en el patrón de la voz de un compañero. Esta capacidad de «reconocimiento de patrones sonoros» también reacciona ante la música, un patrón sonoro artificialmente estructurado. El placer musical sería un «subproducto» de una capacidad auditiva esencial para la supervivencia.

La segunda es la hipótesis de la «herramienta de cohesión social». A lo largo de la historia humana, la música ha cumplido la función de fortalecer la cohesión grupal. Cantar juntos y marcar el ritmo juntos aumenta la sincronía entre los miembros del grupo y promueve la cooperación. La intensa respuesta emocional a la música podría haber evolucionado como base neurológica que sustenta esta función social.

Características de las personas propensas al frisson

Según la investigación de Matthew Sachs, de la Universidad de Harvard, las personas propensas al frisson tienden a puntuar alto en «apertura a la experiencia» (Openness to Experience), uno de los cinco grandes rasgos de personalidad que refleja curiosidad, imaginación y sensibilidad artística.

Además, los estudios de neuroimagen de Sachs mostraron que el cerebro de las personas propensas al frisson presenta una mayor densidad de fibras nerviosas que conectan la corteza auditiva con las regiones de procesamiento emocional (ínsula, corteza prefrontal). Es decir, poseen un «cableado» que facilita la transmisión de la información sonora a las áreas de procesamiento emocional. Se trata de una diferencia estructural innata del cerebro, independiente de «cómo se escucha la música» o del «conocimiento musical».

Cómo provocar el frisson de forma intencionada

Se conocen varias condiciones que facilitan la experiencia del frisson. En primer lugar, escuchar con auriculares: bloquear el ruido externo y sumergirse en la música aumenta la probabilidad de frisson. En segundo lugar, cerrar los ojos: al bloquear la información visual, los recursos de procesamiento cerebral se concentran en la audición. En tercer lugar, un entorno ligeramente oscuro: las investigaciones muestran que las respuestas emocionales se amplifican en ambientes con poca luz en comparación con los muy iluminados.

Y lo más importante es que tanto las «canciones que escuchas por primera vez» como las «canciones que has escuchado muchas veces» tienen potencial para provocar frisson. En las canciones nuevas, la «violación de las expectativas» lo desencadena; en las conocidas, es la «anticipación de la satisfacción de las expectativas». Que sientas escalofríos siempre en el mismo punto de tu canción favorita se debe a que tu cerebro predice «aquí viene el escalofrío» y disfruta del placer de que esa predicción se cumpla con exactitud. (Los libros sobre música y cerebro también son una buena referencia)

Resumen

El «frisson», esa piel de gallina que provoca la música, es un fenómeno neurológico en el que el sistema de recompensa cerebral libera dopamina de forma repentina. La violación y satisfacción de las expectativas, la densa conexión entre la corteza auditiva y las regiones emocionales, y el rasgo de personalidad de apertura a la experiencia se combinan para que una secuencia de sonidos provoque un estremecimiento físico. Por qué la música, sin relación con la supervivencia, estimula el sistema de recompensa cerebral sigue siendo uno de los misterios no resueltos de la evolución. Pero lo que es seguro es que, en el momento del frisson, tu cerebro está sintiendo placer a través del mismo circuito que utiliza para la comida y el sexo.

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