Salud

Por qué no soportas el sonido de alguien masticando - Cómo funcionan las reacciones fuertes a sonidos concretos

Este artículo se lee en unos 7 minutos Redacción y gestión: Kokomori

Ese sonido en particular resulta insoportable

Un familiar come a tu lado. Oyes cómo mastica. El volumen es corriente y nadie más lo advierte. Pero para ti solo ese sonido resuena de forma absurdamente fuerte, y sube un malestar tal que no puedes seguir comiendo.

Lo extraño es que otros sonidos del mismo volumen no te molestan. La televisión, un coche que pasa por la calle, los platos al chocar. Ninguno es un problema, y solo la masticación se te clava.

Si lo dices en voz alta, la respuesta habitual es que le das demasiadas vueltas o que eres una persona nerviosa. Pero el hecho de que esté ocurriendo una reacción que el volumen no explica apunta a un mecanismo distinto de lo sensible que sea alguien.

Tipos de sonido y fuerza de la reacción

Al reunir los sonidos que provocan reacciones intensas, se hace visible un conjunto compartido de propiedades.

Masticar, sorber por la nariz, toser, hacer crujir los dedos, teclear con fuerza, hacer clic con un bolígrafo. Todos son sonidos que produce una persona, todos implican repetición y todos llegan a intervalos irregulares.

Cada una de estas tres propiedades es una condición que atrae la atención. Los sonidos que hace una persona portan información social, por lo que se procesan con prioridad. La repetición construye una predicción, pero cuando los intervalos son irregulares la predicción falla una y otra vez, y la atención se gira cada vez que falla. Que la atención se gire hacia estímulos impredecibles es un mecanismo básico para detectar peligro.

A la inversa, el sonido del tráfico o del aire acondicionado es continuo y fácil de predecir, así que la adaptación trabaja y desaparece de la conciencia. El mismo volumen se gestiona de forma distinta porque lo que cuenta no es la magnitud física del sonido, sino la facilidad para predecirlo.

Por qué el rechazo y la ira llegan juntos

Un rasgo característico de esta reacción es que la ira se mezcla con el malestar. No es simplemente que el sonido moleste: surge una irritación intensa hacia la persona que lo produce.

Se considera que intervienen dos elementos.

Uno es que el procesamiento del sonido y el de la emoción están enlazados en lugares próximos. La información sonora se envía, a mitad de la vía auditiva, también a las regiones que generan respuestas emocionales. Es un cableado para prepararse ante un sonido peligroso antes de haberlo pensado, y cuando esa vía trabaja con fuerza, el sonido mismo desencadena directamente una respuesta emocional.

El otro es la sensación de no poder escapar. Un sonido que produces tú puedes detenerlo, pero el de otra persona no lo controlas. Una situación en que continúa un estímulo desagradable que no controlas genera por sí sola un estrés intenso. Que tu propia masticación no te moleste y solo la de otra persona resulte insoportable se explica por la presencia o ausencia de ese control.

Un problema que se archiva como nervios

Lo más duro de esta reacción no es el síntoma en sí, sino no ser comprendido por el entorno.

La queja de que basta con oír un sonido para sentirse mal no llega a quien no lo ha vivido. Los consejos de aguantar o de no hacer caso ignoran el mecanismo por el que la atención se gira de forma automática.

Y la propia persona siente que su reacción es excesiva. Se culpa por irritarse con su familia, y esa culpa refuerza aún más la reacción. La reacción al sonido y la valoración de uno mismo por haber reaccionado quedan apiladas una sobre otra.

Lo que ayuda aquí es no tratar la reacción como una cuestión de carácter. Una respuesta intensa a sonidos concretos puede entenderse como variación individual en el procesamiento sensorial. A partir de ahí, buscar las partes que se pueden ajustar del lado del entorno alivia de verdad.

Arreglos para compartir mesa con la familia

Las comidas con las personas con las que vives no se pueden evitar, así que los ajustes se hacen dentro de un margen realista.

  • Añadir sonido: En un entorno silencioso los sonidos destacan. Poner música o sonido ambiente permite que la masticación se disuelva en el fondo. Funciona mejor que crear silencio
  • Cambiar de sitio: De lado en vez de enfrente, más lejos, del lado de la televisión. La disposición física cambia la intensidad de la reacción
  • Proteger los oídos: Aunque usar auriculares durante una comida resulte incómodo, se puede llevar solo uno, o durante parte de la comida
  • Decírselo a la otra persona: Plantéalo como tu propia reacción en lugar de culpar a su sonido. No que odies ese ruido, sino que reaccionas con fuerza a ciertos sonidos y lo estás gestionando por tu lado. Dicho así, no la pone a la defensiva

Lo que conviene vigilar es la dirección de intentar corregir cómo come la otra persona. Exigirle que no haga ruido la deja bajo vigilancia en cada comida y la relación se deteriora. Ajustar tu propia reacción por tu lado se sostiene durante más tiempo.

Cuando interfiere en la vida diaria

En la mayoría de los casos, los arreglos anteriores mantienen la vida diaria en marcha. Pero los siguientes estados marcan el momento de considerar una consulta profesional.

No puedes compartir mesa en absoluto para evitar el sonido; estás evitando comer fuera o las pausas en el trabajo; sales menos por la posibilidad de oírlo. Si el alcance de la evitación se está ampliando, hay un efecto real en tu calidad de vida.

Además, si aparecen reacciones intensas también en otros sentidos, como la luz o el tacto, la comprensión avanza mejor si lo planteas como una característica del procesamiento sensorial en su conjunto. La perspectiva de convivir con un temperamento sensible a la estimulación conduce a un abanico de respuestas más amplio que angustiarse solo por el sonido.

En cuanto a dónde consultar, una vía es otorrinolaringología para comprobar el estado de la audición en sí, y otra es una consulta de medicina psicosomática o psiquiatría para abordar la intensidad de la reacción. Cuál resulta apropiada depende del contenido de los síntomas, así que empezar por la puerta más accesible está bien.

Reaccionar con fuerza a un sonido no es un defecto del carácter. Simplemente un mecanismo por el que la atención se gira de forma automática está trabajando con intensidad contra ese sonido concreto. Una vez que puedes verlo como mecanismo, reduces la parte dedicada a culparte y trasladas ese esfuerzo a ajustar el entorno.

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