Efectos del voluntariado en la salud física y mental: la ciencia de cómo contribuir a los demás nos sana
Evidencia epidemiológica del voluntariado y la salud
Un metaanálisis a gran escala de la Universidad Carnegie Mellon (con más de 73.000 participantes) mostró que las personas que participan en actividades de voluntariado tienen un riesgo de mortalidad total un 22% menor en comparación con quienes no participan. Este efecto se mantuvo incluso al controlar la actividad física, el nivel socioeconómico y el estado de salud previo.
Además, el voluntariado reduce significativamente el riesgo de síntomas depresivos. Un estudio publicado en BMC Public Health informó de que las personas que hacen voluntariado regularmente tienen un 20% menos de riesgo de desarrollar depresión, y que incluso quienes ya presentan síntomas depresivos experimentan una mejora tras participar en voluntariado. Se estima que unas 2 horas semanales de voluntariado proporcionan el máximo beneficio para la salud.
Helper's high: la neurociencia del comportamiento altruista
El acto de ayudar a otros activa el sistema de recompensa del cerebro y provoca un estado placentero denominado «helper's high». Estudios con resonancia magnética funcional (fMRI) han confirmado que durante comportamientos altruistas como donaciones o voluntariado se activan el núcleo accumbens y el área tegmental ventral (núcleo del circuito de recompensa).
Esta reacción va acompañada de la secreción de oxitocina (la hormona del vínculo), endorfinas (analgésicos naturales) y serotonina (hormona estabilizadora del ánimo). En particular, la oxitocina reduce la presión arterial, inhibe la inflamación y refuerza la sensación de conexión social. El fenómeno aparentemente contradictorio de que actuar por los demás sane el propio cuerpo y mente se explica por este mecanismo neuroquímico.
Vínculos sociales y reducción de la soledad
El voluntariado tiene el efecto de ampliar la red social y reducir la sensación de soledad. Especialmente para las personas mayores jubiladas o los padres que tienden a aislarse socialmente por la crianza, el voluntariado es una oportunidad importante para construir nuevos vínculos sociales.
En el entorno del voluntariado se reúnen personas de diferentes edades, profesiones y orígenes con un propósito común. Esta «cohesión por propósito compartido» genera relaciones humanas más profundas que la socialización superficial y proporciona sentido de pertenencia y apoyo social. Se dice que la soledad supone un riesgo para la salud equivalente al tabaquismo, y el voluntariado es un medio eficaz para reducir este riesgo. La experiencia de actuar junto a otros alivia la sensación de aislamiento y aporta estabilidad emocional.
Autoeficacia y sentido de la vida
El voluntariado aumenta la autoeficacia, es decir, la sensación de que «mis acciones están influyendo en los demás y en la sociedad». Esta sensación es un poderoso factor de contrapeso frente a la impotencia y los estados depresivos.
La investigación en psicología positiva muestra que las personas que sienten «sentido» en su vida tienen una salud mental más alta y se recuperan más rápido de la adversidad que quienes no lo sienten. El voluntariado ofrece la experiencia de contribuir a «un propósito mayor que uno mismo» y refuerza el sentido vital. En particular, el voluntariado de tipo «apoyo entre iguales», en el que personas que han experimentado dificultades ayudan a otros con las mismas dificultades, tiene el efecto de promover también la recuperación de quien presta el apoyo.
Efectos del voluntariado en la salud física
Los efectos del voluntariado sobre la salud no se limitan al ámbito mental. Múltiples estudios han demostrado que también influye positivamente en indicadores de salud física. Se ha informado de una reducción del riesgo de hipertensión, disminución de marcadores de inflamación crónica y mantenimiento de la función física.
Un estudio de la Universidad Carnegie Mellon mostró que las personas mayores que realizan más de 200 horas anuales de voluntariado tienen un 40% menos de riesgo de desarrollar hipertensión. Las actividades de voluntariado suelen incluir componentes de actividad física (limpieza, servir comidas, desplazamientos, etc.) y también mejoran un estilo de vida sedentario. Además, el fortalecimiento de los vínculos sociales reduce las hormonas del estrés y mejora la función inmunitaria, lo que también contribuye a la salud física.
Cómo elegir un voluntariado eficaz
Para maximizar los efectos del voluntariado sobre la salud, es importante elegir una actividad acorde con los propios valores y habilidades. El voluntariado realizado por obligación o culpa puede, por el contrario, aumentar el estrés.
Elige un tema que te apasione (medio ambiente, educación, bienestar social, protección animal, etc.) y busca un rol en el que puedas aprovechar tus habilidades y experiencia. Empieza con una frecuencia asumible de 1 a 2 horas semanales e incrementa gradualmente tu implicación: ese es el enfoque sostenible. Si incluyes el voluntariado en línea (traducción, mentoría, apoyo en diseño, etc.) entre las opciones, podrás participar superando las limitaciones de tiempo y lugar.
Voluntariado y prevención del agotamiento
El voluntariado es una actividad saludable, pero una implicación excesiva conlleva el riesgo de agotamiento (burnout). Especialmente en el voluntariado que implica trabajo emocional (escucha activa, cuidados, apoyo en desastres, etc.), es importante no descuidar el propio autocuidado.
Para un voluntariado saludable es necesario establecer límites claros. Reconocer los propios límites de «hasta aquí puedo, pero a partir de aquí no» y tener el valor de decir que no. Revisar periódicamente el propio estado físico y mental y decidir descansar cuando se sienta fatiga. El voluntariado no debe ser autosacrificio, sino una actividad recíproca en la que tanto uno mismo como el otro se enriquecen.
Empezar con pequeños actos altruistas
No es necesario pertenecer a una organización formal de voluntariado para practicar comportamientos altruistas en la vida cotidiana. Saludar a una persona mayor del vecindario, ceder el asiento en el transporte público, ayudar a un compañero con su trabajo. La acumulación de estas pequeñas amabilidades también produce el efecto del helper's high.
Las investigaciones muestran que realizar conscientemente 5 actos amables al día mejora significativamente la sensación de felicidad. Lo importante es hacerlo de forma voluntaria, sin esperar nada a cambio. La amabilidad forzada tiene poco efecto; es el comportamiento altruista elegido por voluntad propia el que aporta beneficios psicológicos. Empezar con pequeñas contribuciones hacia las personas cercanas es el primer paso para conocer la alegría de apoyar a los demás.